El cine en tiempos de la Guerra Fría

Se llamará Guerra Fría a la etapa política que transcurrió desde 1945 a 1991. La característica principal de esta Guerra será la rivalidad entre EEUU y la URSS. No llegó a haber una guerra directa entre ambas superpotencias pero sí que hubo numerosas guerras indirectas en las que cada superpotencia apoyaba a su aliado. El miedo a la MAD (Destrucción Mutua Asegurada) evitó el conflicto directo.

El cine era una parte importante del ocio en las sociedades desarrolladas. Era accesible para todo el mundo. La política no pasó esto por alto y vislumbró el camino a seguir para trasladar un mensaje que calara en las masas. No difiere mucho de la actualidad. Todos conocemos esos programas de Prime Time que se acogen a un discurso que santifica a unos, demoniza a otros y millones de personas se lo compran.

EEUU pone en marcha el aparato propagandístico y, sinceramente, salen verdaderas obras de culto. No sabemos si intencionadas. En la Ciencia Ficción, entroncada en la serie B, tenemos al ‘otro’, a los alienígenas, identificados con los comunistas como en Los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956) donde destacamos esta frase: “¿Son los ladrones de cuerpos similares a los comunistas deseosos de acabar con la libertad individual?” En el cine de espionaje, muy de moda en los años 50, encontramos al típico soviético que se quiere infiltrar en EEUU para destruir la sociedad americana. Por ultimo tenemos un cine social y costumbrista que alaba la vida americana denigrando a su vez la forma de vida soviética.

El cambio que sufre el cine americano en la década de los 50-60 es verdaderamente fascinante. Pero no podemos negar que sienta sus bases en la propaganda. Todos nos hemos maravillado con el cine negro americano de los años 40. Aquel era un cine turbio, plagado de conflictos resueltos a la ligera. Títulos tan memorables como Perversidad (Fritz Lang, 1945) o El sueño eterno (Howard Hawks, 1946) entre otros.  El cine de los 50-60 retrata a los ciudadanos guapos, con trajes elegantes, con la familia como eje de vida y una vida más sana. Es la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial que accede a la Universidad y con ello el descubrimiento de nuevas formas culturales que darán lugar a cambios sociales. La manera más efectiva para crear ese clima anti-URSS fue a través de la inserción de sutiles mensajes en las producciones cinematográficas que sirvieran de propaganda del ‘american way of life’. La industria del Cine por tanto contribuía al objetivo del Departamento de Estado de que el resto del mundo quisiera “vivir como viven los ciudadanos de EEUU”. Eso significaba prácticamente la victoria definitiva en la guerra propagandística contra la Unión Soviética.

Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953)
Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953)

La ‘Caza de Brujas’ que sufrió la industria de Hollywood marcará mucho el cine de la época. Habrá una obsesión por la penetración de espías que intentan desestabilizar los Estados Unidos y en ese marco se perseguirá a diversos directores de cine siendo llamados a declarar 41 profesionales de la industria. No hay duda de que la ‘Caza de Brujas’ es el reflejo más evidente de cómo la tensión de la Guerra Fría, en su manifestación de histeria anticomunista, influyó y condicionó la vida de Estados Unidos, en lo que a su aspecto cultural se refiere.

El cine de espías se convierte en todo un subgénero en EEUU que triunfa entre las masas. Ahí sienta sus bases la saga James Bond donde en la mayoría de películas, ‘el malo’ es un soviético o un oriental en alusión al creciente poder de Mao. También se observa en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959) donde el personaje de James Mason es un agente soviético.

Otra forma de tratar el tema será con la comedia donde encontramos joyas inolvidables. Es imposible no arrodillarse ante Uno, dos, tres (Billy Wilder, 1961) o ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964). En la primera, el maestro Billy Wilder no escatima en autocríticas dando palos a diestro y siniestro. En los 20 primeros minutos de la película, Wilder ya se ha reído de todos los aspectos principales de la Guerra Fría y las relaciones entre ambos bloques. La película comienza con una visión de ambas zonas; en el Este se desarrolla un desfile (inserta el primer tópico de que en el Este se pasan el tiempo desfilando) donde podemos ver la palabra ‘Yankee go Home’ escrita en unos globos, en el Oeste unos camiones de Coca Cola atraviesan el plano. MacNamara, el maravilloso James Cagney, tiene como objetivo vender Coca Cola primero en la República Democrática Alemana y después en la Unión Soviética. “Napoleón fracasó, Hitler fracasó, pero Coca-Cola al Oso Ruso venció” En Uno, dos, tres la sátira está presente en cada escena. No es cuestión de desgranar escena por escena en el presente artículo y sí recomendar encarecidamente al lector pasar un rato agradable de mano de Billy Wilder.

Otro tanto podemos decir con ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Decir que es la mejor sátira sobre la Guerra Fría tal vez es quedarse corto. Ese Peter Sellers en una triple interpretación para la historia del cine. Destacando por encima de todo su papel como Strangelove; un antiguo nazi, que no deja de llamar al presidente “Mein Führer”, una crítica de Kubrick a la permisividad que se había tenido con ciertos criminales del Tercer Reich tras los juicios de Núremberg, y que ahora trabajaban para Estados Unidos contra el enemigo comunista. Es la más importante e inteligente denuncia fílmica de la amenaza nuclear que se ha hecho. Juega con el pánico real, recordemos que apenas año y medio antes fue la Crisis de los Misiles, que se tenía al MAD entre la población de Estados Unidos. En 1990 fue elegida por el Congreso de los Estados Unidos como uno de los 25 tesoros históricos de la Historia del cine estadounidense. Como dije antes con Uno, dos, tres; no es cuestión de desgranar cada escena y si suplicar su visionado.

El mítico Dr. Strangelove
El mítico Dr. Strangelove

La República Democrática Alemana fue otro de los objetivos en cuanto a burlas se refiere. Era típico el retratar al equipo olímpico femenino con aires masculinos, muy musculados y con aspecto de travestis en clara alusión al dopaje de Estado que practicó la RDA. También se hacían variaciones en la letra del himno de la Alemania del Este:

Saluda, saluda, Alemania del Este, tierra de vino y uvas, tierra en la que lamentarás cualquier intento de fuga, no importa si haces un túnel o intentas saltar el muro, los guardias te matarán, si la valla electrificada no lo hace antes.

Sobre todo porque se veía a diario las dramáticas imágenes de la gente que se dejaba la vida intentado escapar de la RDA a través del Muro de Berlín, además de la brutal represión por los tanques soviéticos de la Primavera de Praga de 1968. Bien es cierto que en ocasiones esas imágenes se dramatizaban en demasía para, precisamente, justificar los chistes posteriores. Como el que vemos en Uno, dos, tres cuando están MacNamara y Otto comentando qué harán tras la boda:

“-Iremos a Berlin Este.

–Te será difícil, hijo. 1500 personas al día. ¿Quieres ir en sentido contrario al tráfico?”.

La rivalidad entre ambos bloques era manifiesta en varios ámbitos. En la carrera tanto espacial como militar, cada vez que se enfrentaban en los Juegos Olímpicos y en la paranoia colectiva creando unos la CIA y otros el KGB. La industria del cine de Hollywood no iba a ser menos. Entró de lleno en el imaginario de la Guerra Fría mostrando con insistencia la ausencia de libertades en los países del Este, la inhumanidad de sus regímenes políticos y caricaturizando a sus ciudadanos.

Es posible que algunas películas se crearan con fines políticos propagandísticos y que otras se aprovechasen del marco de la Guerra Fría para lanzar sus sátiras; en definitiva los amantes del cine y de la Historia las agradecemos. Son un documento extraordinario para acercarse al conflicto y algunas, para colmo, son obras maestras de la historia del cine.

Andrés Martín | @AndresRublev

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