Hoy hace cuarenta años

Recuerdo el 20 de noviembre de 2005, cuando treinta años después de la muerte del dictador Francisco Franco lo máximo que se le dedicó en algún informativo fue una breve mención al aniversario de su fallecimiento. Recuerdo, también, la sorpresa que me causó que lo máximo que mereciera quien gobernó España durante casi cuatro décadas fuera eso: un parco comentario de un presentador de segunda al respecto.

Casualmente me encontraba yo estudiando el primer curso de Bachillerato, y no fue hasta el año siguiente cuando me di cuenta en toda su magnitud del incomprensible tabú que envolvía a la figura del dictador. En segundo, y tras haber dedicado cerca de dos meses a la Prehistoria, no es que ni siquiera llegáramos a estudiar los años del franquismo, es que ni siquiera era previsible que entrara en el examen de selectividad. Curiosamente coincidió con los primeros años de Rodríguez Zapatero como Presidente y del encarnizado debate que generó la polémica Ley de Memoria Histórica. ¿Cómo puede ser —me preguntaba entonces— que algunos de los principales debates políticos del momento sigan girando de manera velada en torno a Franco y en el oficialismo educativo y mediático sea una figura tan postergada?

La misma pregunta se harán, seguramente, quienes hoy se encuentren en la misma etapa de sus vidas cuando vean el silenciamiento oficial al respecto de la figura del antaño Generalísimo y las constantes menciones que se hacen al respecto por parte de algunos de los integrantes de la llamada nueva política: «¿Quién coño fue Franco?»

Puedo entender en cierto modo que, para asentar una democracia que nacía en pañales, haya ciertos debates que se eviten. El del franquismo, por las heridas que podía abrir, quizás sea uno de ellos. Lo que no entiendo es que, cuarenta años después de su muerte, se nos siga escamoteando el estudio de su trayectoria e influencia a quienes empezamos a tener auténtica conciencia de nosotros mismos hacia el final del felipismo. Qué decir de aquellos que hoy ya son mayores de edad y nacieron con Aznar en Moncloa.

Franco fue un brillante militar que alcanzó la graduación de general con tan sólo 33 años y que dirigió con notable éxito la Academia Militar de Zaragoza. Quizá sus dos actuaciones más importantes como general fueron la defensa del orden republicano en 1934, cuando la izquierda radical se alzó en armas contra el Gobierno, y la demolición del mismo cuando apoyó el Golpe de Estado liderado por Sanjurjo y Mola tras el asesinato de José Calvo Sotelo. El Golpe de Estado fracasó y desembocó en Guerra Civil; Sanjurjo  y Mola murieron en sendos accidentes aéreos y tras tres años de cruenta contienda lideró una victoria que parecía improbable en un inicio. En 1939, ya como dictador, llevó a cabo una violenta represión contra opositores que incluyó asesinatos, encarcelamientos, exilios y desapariciones, además de provocar el aislamiento político, económico y cultural de España durante sus primeros años. El final de la segunda guerra mundial, la guerra fría y el fracaso de las políticas de aislamiento hizo que la dictadura derivara hacia posiciones más abiertas y menos represivas y en los años cincuenta llegó el desarrollismo, la extensión de la educación a todos los niveles y finalmente la clase media que facilitó una transición pacífica hacia la democracia. Franco dejó un país mejor que el que encontró pero también un país que había evolucionado menos que otros de su entorno y al que todavía le faltaba abrirse de verdad al mundo.

Quienes acaben de leer lo anteriormente escrito quizás discrepen en algunos, muchos o todos los puntos, pero de lo que sí estoy convencido es de que ya ha pasado suficiente tiempo para que podamos discutirlo sin fanatismos.

Franco y el franquismo son, respectivamente y sin lugar a dudas, la figura política y la etapa más influyente del siglo XX en España. Son, por tanto, esenciales para entender dónde nos encontramos, de dónde venimos y hacia dónde debemos ir. No existe, entonces, ningún motivo para seguir anclados en debates maniqueos, absurdos clichés o incomprensibles silencios, a no ser que queramos que las nuevas generaciones conozcan mejor los hábitos alimenticios del Homo ergaster que los cuarenta años que precedieron sin solución de continuidad a las cuatro décadas de democracia y libertades que estamos cerca de cumplir.

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1 Comment

  1. “Franco dejó un país mejor que el que encontró”

    teniendo en cuenta que dejó a mucha gente con miedo a las urnas “por si volvía el 36”, déjame dudarlo

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