Marcello Mastroianni: el delincuente tragimónico

Marcello Mastroianni da vida a Arthur Meursault en Lo Straniero (1967).
Marcello Mastroianni da vida a Arthur Meursault en Lo Straniero (1967).

Es imposible que la imagen pueda acomodarse a las reflexiones que cualquier sujeto humano haga acerca de su vida. Somos personajes jugando roles en los que creemos con mayor o menor convicción, pero eso también está en la intimidad de cada uno y no en la apariencia con que se muestra a los demás. Al vivir y morir se le agrega también el matar. El matar fuera de la ley y dentro de ella para cumplir con ella. En definitiva todas son formas para que se cumpla lo inexorable;  la vida es finita y como humanos lo sabemos. Para cada ser, la vida es un corto trayecto entre dos nadas infinitas, el infinito del que se viene y el infinito de después: del ya no ser. No se trata de que haya un destino, simplemente transcurre y llega.

Esta es la historia de un hombre que mató a otro hombre. Lo hizo porque sintió que él, su novia y sus amigos estaban siendo obsesivamente perseguidos, y él mismo, se sintió amenazado con una navaja antes de disparar el primer tiro. Cuando remató al hombre, quería asegurarse de que estuviera bien muerto, porque su presencia se estaba convirtiendo paranoica. Pero, esto no lo entendió nadie en la Argelia francesa de aquellos tiempos, no quisieron entenderlo porque había otro motivo para condenar a Meursault: pensaba diferente.

El escenario es Argel a mediados del  siglo XX, durante la colonización francesa. El protagonista es Arthur Meursault, un oficinista en el puerto que vive anchado en su rutina y reside en un piso. Es un tipo que parece no afectarle nada, todo lo vive de una forma nihilista, se muere su madre y asiste al duelo con indiferencia. Tiene una pareja que lo ama, pero él se comporta con ella fríamente. Le ofrecen un ascenso en el trabajo y él prefiere seguir igual: no tiene aspiraciones ni espera nada del futuro. Es un extranjero en un mundo que no debería resultarle ajeno.

Albert Camus fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1957.
Albert Camus fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1957.

En El extranjero (1942), Albert Camus (1913-1960) hace una reflexión sobre la apatía, el laconismo, el nihilismo, sobre un individuo que ni siente ni padece, con horchata en las venas, diríamos. Camus en esta novela retrata a un personaje que refleja indiferencia ante todo, exponiendo a un ser despojado de todo convencionalismo, no engaña, se muestra nítido, sin ataduras morales, nada le afecta. Hasta llegar verse protagonista de un juicio bastante caricaturesco: se quiere juzgar a Meursault por asesinato, sin embargo el fiscal utiliza recursos un tanto risibles sobre la personalidad del acusado. Lo cual nos lleva a reflexionar sobre la idea de que la sociedad no soporta la sinceridad de sentimientos, que prefiere la teatralidad del sufrimiento metido con calzador, y es que el caso es simple: un hombre ha disparado y matado a un argelino, y no se escuchan en el juicio pruebas ni a favor, ni en contra de esto, es como si el muerto no existiera —algo kafkiano—.

En 1967, Luchino Visconti (1906-1976), llevó esta virtuosa obra a la gran pantalla, bajo el mismo título que la novela de Camus, en una co-producción franco-italiana. A pesar de estar mal conservada con el paso de los años, es una película bastante fiel a la novela, en donde se traspasa a imágenes la existencialista novela homónima del galo, Premio Nobel, Albert Camus. Aun así, pienso que es una película muy difícil. Demasiado, porque aborda lo inabordable en imágenes. Las palabras algo pueden, porque sugieren más que enseñan, pero las imágenes muestran cuerpos, caras, gestos pero no pueden con los más íntimos sentimientos humanos.

Anna Karina fue clave en la interpretación de Marcello Mastroianni.
Anna Karina junto a Marcello Mastroianni en Lo Straniero.

En un ambiente agobiante, sofocante y húmedo, con profusión de ventiladores, ropa sudada y abanicos, Marcello Mastroianni (1924-1996) demuestra carisma, melancolía, taciturnidad, hieratismo, siendo el ser insensible y negado de alma que requiere el personaje, aunque el desarrollo del film no le ayuda. Anna Karina (1940) realiza una dulce interpretación dotando de cariño y amor a su rol. El final es espléndido, con un Mastroianni que se viene arriba demostrando rabia, furia, pasión y sobre todo su nihilista personalidad. Marcello Mastroianni, ese delincuente tragimónico, logra la humildad y la expresividad contenida, diciendo más que todas las palabras que pudiera haber expresado. Lo muestra en su indefensión, como un extranjero en un mundo que no comprende que no hay una sola manera de ver las cosas. Mastroianni era bueno en el drama y en la comedia, era un actor versátil donde los haya, porque siempre encarnaba sus personajes desde la verdad y nunca tuvo miedo a mostrar vulnerabilidad en la pantalla. Si tenía que interpretar un cobarde, él era un cobarde, si tenía que ser un viejo, él era el viejo, si tenía que ser un Don Juan, él era el Don Juan…

Visconti, en esta película consigue quizás lo más difícil en esta adaptación: captar la apatía del personaje y la soporífera atmósfera presentes en la obra de Camus. La historia roza el fatalismo y el absurdo y es cerca del final cuando más se descubre el existencialismo de su autor. Sin este giro, la historia que nos narra Albert Camus, no tendría fuerza. Como no encontraba explicación para Dios, Meursault no creía en Él. No lloró ante la tumba de su madre, porque veía en la muerte una lógica transición y fue muy independiente con respecto a ella. Cuando buscó el refugio de Marie, apenas un día después del funeral, estaba en su derecho de querer seguir viviendo. No sabía explicar la verdadera razón por la que mató al árabe, pero esto no quiere decir que no hubiera una buena razón. Pero, el pecado de pensar distinto es, para muchos, signo de locura, rebeldía o maldad. Y siempre hay algunos dispuestos a apretar el gatillo para fusilarlo. Así, para un hombre desencantado con lo obtuso de la sociedad humana, la muerte puede parecerle un regalo, que no ve en ella el más mínimo castigo.

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