Jóvenes y alocados

La vida está cargada de decisiones difíciles de tomar. Todas ellas condicionan nuestra existencia y dejan una huella diferencial en cada uno de nosotros. A veces, las más simples se convierten en más difíciles de lo que en realidad son; todo se gira y se vuelve oscuro, uno se atora y no es capaz de pensar. Cuando se tienen muchas cosas entre manos esto sucede con frecuencia.

En estos casos, la solución más sencilla suele ser reducir la carga psicológica que producen ciertas actividades en nuestro estado mental. Puede denominarse estrés, aunque lo más certero sería llamarlo falta de tiempo. Así que decidimos parar. Detrás de esta revista hay una historia, un coche y una carretera; hay también ilusión, amigos y vidas, y necesitábamos que muchas cosas se asentasen en ellas. A menudo solemos bromear con que «somos jóvenes y alocados» y, quizá, en cierta medida lo seamos. Estoy seguro de que sin esa pizca de locura —ojalá controlada— hoy no estarías leyendo este texto en el que pido disculpas por desaparecer como si nos hubiese tragado la tierra e intento, a nuestra manera, que todo vuelva a ser como antes.

Entonces recordé lo que la H me hacía sentir; sonaba como el estribillo de Don’t stop me now en mi cabeza. No habría sido justo abandonar ahora, no podíamos dejar que se quedase así, por eso decidimos volver. Por eso estamos aquí.

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