Terror islamista

El terror que impone el Estado Islámico hace que miles de musulmanes tengan que huir de las zonas que ocupa. Los refugiados sirios llegan aterrados a los campamentos fronterizos. Traen consigo las historias de horror que los yihadistas llevan a cabo en nombre del Islam.

Retomando mi artículo del pasado mes de julio en esta santa casa, bajo el título Elegir el mal menor, Siria ha sido un buen caldo de cultivo. Un factor para entender el ISIS es el conflicto que estalló en este país en 2011. En crecimiento del ISIS no hubiera sido posible sin el apoyo o la pasividad de ciertos países. Cuando entraron en Siria el régimen de Al Asad no se enfrentó a ellos, ya que vio en el grupo un aliado indirecto, se unían a los rebeldes, pero con su violencia los desacreditaban, lo cual el ISIS se convertiría en una pieza clave que permitía a occidente ver al dictador como un mal menor. El tiempo le ha dado la razón e incluso EEUU ha llegado a apoyar al régimen de Al Asad para derrotar al ISIS. Pero avanza sembrando el pánico en el suelo que pisa. Miles de sirios siguen huyendo cada día. Siguen llegando a los países vecinos y con ellos traen las historias que han padecido: la extrema crueldad que el ISIS aparte de aplicar, está sabiendo mostrar al mundo.

El yihadismo tiene la virtud de capitalizar el caos y de realizar funciones que tradicionalmente le corresponde al Estado, allá donde éste no puede llegar, proporcionando protección a los ciudadanos que lo necesitan, de ahí la radicalización. Servicios y ayuda a comunidades marginadas y castigadas durante años. Por ejemplo, en las zonas bajo su mando, proporcionan atención médica gratuita a toda la población. Defienden la seguridad social como Ley de Dios. Y esa asistencia incluye proporcionar alimento y casa a los fieles que sigan sus preceptos. Lo cual hacen, aunque suponga cuantiosas facturas que pagar o diezmar a la población.

No son un Estado, pero para imponerse es primordial tener un territorio: el califato, donde aplicar la sharia. No hay ley sin estado. Por eso se autodenominan estado islámico. Por ello, que en el mundo árabe se niegan a llamarlos así. El califato no tiene fronteras –reconocerlas es blasfemia–, debe expandirse hasta el Apocalipsis. Buscan volver al siglo VII. Son fanáticos religiosos que hacen una interpretación literal o extrema del islam. Usan los medios del siglo XXI para implantar una concepción de la sociedad propia del siglo VI, ultima referencia de un califato auténtico, según ellos. Son enemigos de todo aquello que no acepte la sharía que entre otras cosas prohíbe fumar, ver la televisión o escuchar música, impide que las mujeres salgan de casa salvo para lo imprescindible y castiga con la muerte no profesar el islam suní al pie de la letra. El ISIS busca una unificación de los grupos yihadistas que pueden ser peligrosos para Europa. Aunque no lo parezca son una minoría del mundo musulmán. El ISIS cuenta, además con miles de admiradores en todo el mundo, los llamados Lobos Solitarios, dispuestos a atentar por su cuenta en nombre del grupo.

El terrorismo islamista se caracteriza porque sus militantes se trasladan a un país distinto para cometer un atentado. Otros que al venir a Europa se radicalizan. La mayoría son jóvenes musulmanes de segunda o tercera generación que viven en Europa y que por distintas circunstancias sufren una radicalización y deciden llevar a cabo la yihad, una vez que han adoptado la versión tergiversada y radical de esa religión. Pero quizás el factor más importante es la difícil integración en la sociedad occidental. Los adoctrinadores radicales se acercaban a las mezquitas a los jóvenes conversos para captarles. Les invitaban a reuniones en las que se visionaba videos sobre el islam y les preguntaban por sus sentimientos para que hablasen de sus dificultades de integración en la sociedad occidental, empezando poco a poco el proceso de adoctrinamiento haciéndoles sentir importantes. Hasta acabar marchándose a países como Paquistán para formarse en campos de entrenamiento produciéndose la yihadización. Estos procesos se han ido acortando por la influencia de internet. Ya no es tan importante la figura de un adoctrinador. Por medio de la red, los jóvenes entran en contacto con otros chicos y comparten contenidos y opiniones al mismo tiempo que ponen en común sus miserias y dificultades de integración en la sociedad. ¿Es posible que los procesos de radicalización islamista que sufren los jóvenes, se deba a una débil integración por parte de Occidente?

Es destacable como conforme Europa camina hacia un laicismo en general, estos jóvenes escogen la vida religiosa. Son víctimas del racismo y xenofobia cotidianos y entran por tanto; en un proceso de degeneración social siendo presa fácil de caer en el radicalismo. ¿Debería haber una mayor implicación por parte de las comunidades musulmanes con Occidente en integrarse y no tratar de imponer sus costumbres? Desde luego, es un tema espinoso en el que tanto Occidente como las comunidades musulmanas han de poner se su parte y luchar juntos contra el fanatismo. ¿Cuál sería la solución más acertada para derrotar al Estado Islámico? No está clara. Hay quien considera que dejarles gobernar, sería la opción más razonable. Dejar que ISIS se ahogue. Porque es muy caro mantener un Estado y puede fallar en “traer prosperidad a su pueblo”. Si la miseria se expande, la fe puede quebrarse. Por lo que ISIS descubriría que gobernar un territorio es más difícil que conquistarlos.

Según los analistas especializados en yihadismo, la cuestión no es como derrotar a ISIS, sino lo que vendrá después. Túnez desde que se derrocó a Ben Alí, ha sido el único país en donde se ha conseguido lo que se buscaba con el inicio de la primavera árabe: tener una constitución garante de derechos y libertades. Allí se ha conseguido una alternancia en el poder con los laicos. En cambio, tenemos el ejemplo de Estados fallidos como Libia tras la caída de Gadafi. ¿Qué hacer? ¿Cómo debería reaccionar Europa ante ello? Desgraciadamente la amenaza del yijadismo va a estar presente durante mucho tiempo. Conforme aumenta la religiosidad entre los patrones de comportamiento, hay un mayor riesgo de que se haya provocado una radicalización y un aumento de las actitudes xenófobas contra todo lo que sea diferente a su religión. Además es difícil identificar a los militantes de las filas del ISIS porque sus miembros son personas difícilmente identificables que pueden tener una vida normal hasta que son activadas para ejecutar una misión, por lo que pueden tener una vida completamente normal sin vivir en la clandestinidad -como miembros de otras bandas terroristas como el IRA o el GRAPO-. Por todo ello, vemos que el yijadismo es una ideología, como una Hidra de Lerna, que al cortar una cabeza en su lugar aparecen dos nuevas. Acabar con una, no implica la destrucción o debilitación de la organización.

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