Mujeres de armas tomar

Puede que las princesas de cuento estén bien, pero hay vida más allá de hornear cupcakes, cantar en el coro de la iglesia y dormir en camisón. En la literatura, la música y el cine ha habido mujeres que calzándose unos buenos pantalones han levantado más pasiones que si hubieran llevado minifalda; mujeres que, sin quitársela, han conseguido ponerse los pantalones de muchos, muchos hombres. Guerreras, rebeldes y algo malvadas, a menudo perdieron un amor para ganarse el respeto del mundo. Ahí reside parte de su atractivo: en atreverse a ser más ante quienes las tenían por menos.

¿Quiénes son y dónde encontrarlas? Son mujeres de armas tomar. Y aunque son algo más difíciles de querer que de ver, no está de más hacer un recuento de las diez mujeres más peligrosas y terriblemente atractivas de todos los tiempos.

ClaireUnderwood(fuente-stylelovely)

Claire Underwood

El segundo capítulo de la tercera temporada de House of Cards termina con Claire Underwood (Robin Wright) friendo un par de huevos en una sartén. Sin duda es una buena metáfora de cómo la señora de Underwood se maneja en un mundo de hombres. A Claire no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones drásticas o de borrar de su camino a quienes se interpongan entre los Underwood y el éxito. Algunos la han comparado con Lady Macbeth, por reprimir cualquier instinto de compasión o ternura que pueda dejar entrever su lado más femenino. «Estoy dispuesta a dejar a tu hijo marchitarse y morir en tu interior si es necesario. ¿Soy realmente la clase de enemigo que quieres tener?», le advierte en cierta ocasión a Gillian, una de sus ex empleadas. Tras ser despedida, Gillian comete el error de presentarse ante su antigua jefa y reclamarle cobertura médica para ella y para el hijo que espera.

Medea

Enamorarse de una bruja tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Gracias a Medea, Jasón pudo hacerse con el vellocino de oro, pero a cambio de un precio muy alto. Todo marchaba bien hasta que la pareja llegó a Tebas. Ni siquiera el hecho de que Medea descuartizara a su hermano y lo arrojara al mar en pedazos, para que los barcos de su padre se entretuvieran en recogerlos y no en perseguirla a ella y a Jasón, alertó al líder de los argonautas. En Tebas, Jasón se enamoró de Glauce, hija de Creón. Para vengarse de la traición de su marido, Medea quemó a Glauce en su vestido de novia y mató a los dos hijos que había tenido con Jasón.

Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado.
Elizabeth Taylor, en La gata sobre el tejado.
Maggie The Cat

La protagonista de La gata sobre el tejado de zinc, de Tennessee Williams, no merece menos que el tercer lugar. En 1958, tres años después de que la pieza fuera galardonada con el Premio Pulitzer de teatro, Elizabeth Taylor interpretó a Maggie en la versión cinematográfica de la obra. Maggie es la bella esposa de Brick, ex estrella de fútbol y futuro heredero del imperio de plantaciones de algodón de la familia Pollit.  La relación entre Maggie y Brick no pasa por su mejor momento, especialmente desde el suicidio de Skipper, mejor amigo de Brick. Pese a las humillaciones a las que la somete su marido, Maggie no dudará en desplegar todas sus artes para conseguir que su crisis matrimonial no afecte al testamento de Big Daddy, patriarca de la familia Pollit. Fingir un embarazo o hacerle creer a su marido que se acostó con Skipper permitirán a Maggie impedir que nadie más que Brick sea el heredero universal del imperio Pollit.

Carmen

Sin duda más conocida por la ópera de Georges Bizet que por la novela original, de Prosper Mérimée. Si la primera vez que Carmen se acercó a Don José El Navarro se hubiera limitado a sonreírle en lugar de ignorarla. Carmen hubiera seguido siendo cigarrera de oficio y contrabandista en su tiempo libre y todos en Sevilla se hubieran ahorrado más de una desgracia. Pero si de algo no se puede culpar a Carmen es de no haber avisado (además, en el primer acto): «Si no me quieres, te quiero; si te quiero… Ten cuidado». Muy caro le salió a la andaluza irse con un torero y plantar a José, que resolvió que haber perdido su puesto en el ejército y a la que era su prometida eran motivos suficientes para apuñalar a Carmen.

Una mujer a la que olvidar en 19 días y 500 noches

Nunca supimos su nombre, pero sí que «siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta». Gracias a ella Joaquín Sabina estuvo algunos meses rondando a «cenicientas de saldo y esquina» y saldando las cuentas de los borrachos de los peores tugurios de Madrid. Pese a que lo suyo con la muchacha duró «lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks», el de Jaén prefirió ahogar sus penas en copas de fino la Ina. Quinientas noches más tarde, no hubo más remedio que darla por perdida y tragar con la venganza de Cupido.

Morgana

Todas las leyendas del ciclo artúrico que hablan sobre Morgana reconocen su extraordinario poder como hechicera. Ambición y sexualidad conforman su carácter a partes iguales, lo que a menudo la lleva a encontrar más placer en hacer el mal que en hacer el bien. Enemiga acérrima de Ginebra, es Morgana quien revela la infidelidad de la reina con Lancelot a su hermanastro el Rey Arturo. Acto seguido, y aprovechándose de su debilidad, Morgana seduce al rey y se queda embarazada de Mordreg, que años más tarde asesinará a su padre. También Merlín, primer maestro de Morgana, acaba cayendo en las redes de su antigua discípula.

Meryl Streep, en El diablo se viste de Prada.
Meryl Streep, en El diablo se viste de Prada.
Miranda Priestly

Miranda Priestly, directora de la revista de moda Runaway, fue para muchos la joya de la corona del elenco de El diablo viste de Prada. Meryl Streep supo interpretar a la perfección la frialdad y elegante tiranía con que Miranda despachaba a todos sus subordinados. Según se infiere de la trayectoria profesional de la escritora Laura Weisberger, la autora del best-seller que dio lugar a la película, Miranda Priestly es la caricatura de  Anna Wintour, jefa de la revista Vogue en Estados Unidos. Aunque se desconoce dónde acaba la ficción y dónde empieza la realidad, los rumores sobre Wintour son muchos y muy variados. Entre ellos, que no iba a permitir que la presentadora de televisión Ophrah Winfrey saliera en la portada de Vogue hasta que no adelgazara.

Lilith

 Lilith fue la primera esposa de Adán y la madre que el mundo pudo tener y no tuvo.  ¿Por qué? Porque Lilith se negó en rotundo a estar debajo de su marido durante el coito. Y como el padre de la humanidad no estaba por la labor, Lilith dejó el Paraíso y se marchó al Mar Rojo. Cuando Lilith se fue, Yahvé durmió a Adán y de una de sus costillas creó a Eva. El final de la historia lo sabemos todos los que nos hemos de ganar el pan con el sudor de nuestra frente por culpa de cierta manzana y cierta serpiente. A fin de cuentas, quizás hubiera sido mejor no dejar escapar a Lilith. 

Cleopatra

 La primera vez que Cleopatra compareció ante Julio César, lo hizo envuelta en una alfombra sin nada debajo. Se ofrecía al César con una única condición: al día siguiente, el dictator debía abogar por su restitución como faraona de Egipto ante los aristócratas de Alejandría. Cleopatra no solo recuperó su imperio, sino que acabó convirtiéndose en la amante de Julio César. Después de su asesinato, la faraona trató de repetir la misma estrategia con Marco Antonio. Pero para su desgracia esta vez no consiguió ganarse el respeto de Occidente. Al saber que Octavio había ordenado su captura para exhibirla como esclava en Roma, decidió quitarse la vida haciéndose morder por un áspid.

Doña Bárbara

En cien millas no había nadie, peón o cacique, que no hubiera oído hablar de doña Bárbara. Amazona de día y bruja de noche, la «devoradora de hombres» pasaba las mañanas trotando a horcajadas por la sabana venezolana y las madrugadas conversando con el diablo. Al escribir Doña Bárbara (1929), el presidente venezolano Rómulo Gallegos creó a una protagonista femenina excepcional. Da igual cuántos versos les hubieran dedicado: Julieta, Beatriz y Laura jamás se hubieran asomado al balcón de saber que por ahí podía andar una culebra. Doña Bárbara no sólo se habría asomado, sino que del desafortunado encuentro con el reptil habría ganado unas botas de piel nuevas.

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