Pigmeos

Decía Tony Judt en Algo va mal (2010), que «Políticamente, la nuestra es una época de pigmeos.» En líneas generales, la afirmación continúa estando más vigente que nunca. Lo que está menos claro es que tal hecho se reduzca a la esfera mencionada. Uno ya no sabe si vivimos una época sedienta de grandes talentos porque está todo inventado, porque cada vez interesa menos a ciertas eminencias, porque internet lo ha banalizado y dispersado todo o, en definitiva, por una mezcla de factores.

Piensen en Picasso, van Gogh, The Beatles, Serrat, Kafka, Kubrick… Busquen ahora homólogos en nuestros días. Evidentemente, en todas las materias hay admirables especialistas puliendo maravillas, pero ¿hacemos por encontrarlos? ¿O quizá nos hemos acostumbrado a la cultura del impacto?

Por enumerar ejemplos más cercanos y modestos: estamos al tanto de todo cuanto acontece en torno a las figuras de Pablo Iglesias y Albert Rivera mientras ignoramos a compañeros de profesión con formación y propuestas para intentar cambiar el panorama nacional; nos quedamos con los cuatro grupos musicales que copan los festivales a golpe de refrito pegadizo mientras bandas interesantísimas se esfuerzan por conseguir una avalancha de nuevos oyentes; celebramos el Goya de Dani Rovira sin apenas valorar el papel de grandes actores en grandes películas; preferimos una entrevista de Risto Mejide  frente a otra realizada por una reputada periodista; buscamos inspiración y respuestas en un libro de Risto Mejide antes que en el escrito de un experimentado filósofo… Si extrapolan este comportamiento a gran escala, el agravante es mayor. Y luego habrá quien despotrique de Messi y Cristiano Ronaldo, porque de todos es sabido que para ser inteligente es necesario desprestigiar al llamado deporte rey… Benditos sean este par de astros.

Es precisamente en el deporte donde advertimos grandes celebridades que se han instalado en la cima histórica: LeBron James, Novak Djokovic, Pep Guardiola, Mourinho, Michael Phelps o Usain Bolt son algunos de los principales exponentes, además de los futbolistas mencionados. En nuestro país tenemos a los míticos Rafa Nadal, los hermanos Gasol o Fernando Alonso. Ni tan mal. También se siguen haciendo largometrajes sobresalientes y vivimos en los años del boom de las series. Sin duda, nuestra era es la del culto al físico, la imagen y los avances tecnológicos.

Retornando a la clase política, mucha gente cree ve en ésta un fiel reflejo de la sociedad a la que gobiernan. ¿Seremos, pues, una sociedad de pigmeos?

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