¿Lo ha hecho Grillo, señora?

Con este desparpajo y ese punto de chulería calculada con el que todo Primer Ministro italiano que se precie debe contar, se dirigía Matteo Renzi a un miembro del público mientras era entrevistado en un conocido programa de televisión del país transalpino poco antes de su aplastante victoria en las elecciones europeas de mayo de 2014. Aquél incontestable triunfo disipó cualquier atisbo de duda sobre el Jefe de Gobierno más joven de la historia de Italia al que Giorgio Napolitano había encargado la dirección de su país unos meses antes sin haber ganado las elecciones y sustituyendo a su compañero de partido Enrico Letta en un episodio que bien podía haber sido guionizado por Beau Willimon.

La pregunta la formulaba como respuesta a unos entrevistadores que le pedían su opinión acerca de la actitud beligerante que el Movimiento 5 Stelle, liderado por Beppe Grillo, había mostrado ante las reformas que él proponía en sus primeras semanas de Gobierno. En lugar de responderles directamente a ellos se dirigió al público y dijo: «Beppe ha traicionado a sus votantes porque él no quiere cambiar Italia. ¿Quién ha reducido el número de parlamentarios? ¿Quién ha simplificado la Administración? ¿Quién ha modernizado la política? ¿Lo ha hecho Grillo, señora?» Renzi, como cabeza visible del Partido Democrático, respondía con la suficiencia de quien estaba seguro de barrer a una amenaza para la estabilidad de Italia y para las expectativas electorales de su propio partido en unas elecciones en las que finalmente obtuvo la victoria más aplastante producida en cualquier país europeo, y más aún por un partido gobernante.

El resultado bien mereció su satisfacción puesto que Grillo, líder de una formación cuyo único sustento ideológico se basa en derribar la vieja política, llegaba a las elecciones con la convicción de que el 25% de votos obtenido en las generales de 2013 era el preludio de un triunfo que forzara a Napolitano a nombrarle Primer Ministro. Nada más lejos de la realidad, el tirón popular del insider Renzi hizo que las pretensiones del cómico genovés se enfriaran de manera indefinida al obtener apenas la mitad de los apoyos que la formación de su joven contrincante y un 5% menos que el año anterior.

«Al fin he hecho algo de izquierdas: he perdido unas elecciones»

Pero Matteo Renzi no siempre las tuvo todas consigo. Desde su etapa como alcalde de la ciudad que le vio nacer, ha defendido un discurso contundente que le ha granjeado enemistades incluso dentro de su partido: «Hay que tirar al desguace a la vieja política», decía. El florentino dicharachero, que comenzó su trayectoria en el democristiano Partido Popular, huye de los dogmatismos y sus medidas que, aunque respaldadas por el apoyo de sus votantes, no siempre han sido comprendidas dentro de sus propias filas. Uno de sus peores momentos en política fue cuando en 2012 perdió las elecciones primarias a la Secretaría General de su partido frente al ex comunista Pier Luigi Bersani por un margen de veinte puntos. Ante las recurrentes acusaciones de no ser suficientemente de izquierdas él, irónico, respondió: «Por fin he hecho algo de izquierdas: he perdido unas elecciones.»

Pero Matteo Renzi estaba decidido a ser el émulo italiano de Tony Blair. Después de años en los que el Partido Democrático actuaba como mero comparsa de la derecha de Silvio Berlusconi y era incapaz de afrontar la decadencia política y económica del país, sólo un liderazgo carismático y decidido a romper con la costra dogmática que le lastraba podía invertir la tendencia y convertir a la formación de centro izquierda en una apuesta ganadora. Tras resarcirse de su derrota en 2012 y obtener la Secretaría General en Diciembre de 2013, a Matteo ya solo le faltaba un escalón para alcanzar su objetivo de «cambiar Italia».

 

Del «una reforma al mes» al «paso a paso».

Con el inestable panorama político que dibujaron las elecciones generales de 2013 en Italia, en abril Napolitano tomó la decisión de encargar la formación de Gobierno a Enrico Letta, uno de los miembros del Partido Democrático que había apoyado a Bersani en las elecciones primarias de 2012. No obstante, la ausencia de reformas, su escasa fuerza política y la aplastante victoria de Matteo Renzi dentro de su propio partido en las elecciones primarias de Diciembre de 2013 precipitaron los acontecimientos. Tras meses en los que el alcalde florentino estuvo preparando el terreno lanzando mensajes que dejaban poco lugar a la duda dentro y fuera del partido, el 22 de Febrero de 2014 Giorgio Napolitano encargó la formación de Gobierno a Renzi y destituyó oficialmente a Letta.

Recién llegado al Gobierno, Renzi prometió «una reforma al mes». Quizás por la experiencia adquirida en los años en los que trabajó en la empresa familiar dedicado al marketing, Renzi siempre ha sabido crear llamativos eslóganes que ilustraran su acción de Gobierno. No por casualidad, cuando fue nombrado alcalde de Florencia, afirmó que «ésta ciudad no necesita un alcalde, sino un experto en marketing». Entre sus admiradores se encuentran Roberto Cavalli, Diego della Valle o el aclamado empresario de la moda Ferruccio Ferragamo, que reconoció que lo más importante que había hecho Renzi por Florencia era devolverle el autoestima y la vida.

Sin embargo, tras ese eslogan subyacía un disparatado plan para llevar a cabo la reforma política, la reforma laboral, la de la administración pública, la fiscal y la judicial entre febrero y junio. En cinco meses Renzi pretendía transformar Italia como no lo habían hecho sus antecesores en dos décadas. Sobra decir que no lo consiguió, y eso le granjeó las primeras críticas a su gestión que se hacían eco de algo que ya le achacaron durante su mandato en Florencia: «mucho ruido y pocas nueces.»

Una vez se dio de bruces con la realidad y vio que transformar las estructuras de un país de sesenta millones de habitantes puede llevar algo más de medio año, apostó por el eslogan «Paso a paso», para el que incluso creó la web passodopopasso.italia.it y en el que se proponía llevar a cabo las reformas en sus primeros mil días de gobierno. De momento ya ha reformado la ley electoral y el mercado laboral no sin arriesgarse a una rebelión dentro de su propio partido y a que el ala más izquierdista le comparara con Margaret Thatcher, aunque finalmente la sangre no llegó al río.

El hombre en el que Merkel confía

Pero no solo en clave interna se entiende la actuación política de Matteo Renzi. En un país lastrado por la deuda y el estancamiento, con una derecha hundida y con una fuerza populista que amenaza la estabilidad, Renzi es seguramente el único político italiano en el que Angela Merkel puede confiar. El espectacular apoyo que obtuvo en las elecciones europeas y su discurso pragmático en defensa del euro y de la estabilidad presupuestaria, alejado de la retórica victimista y antialemana de algunos de sus correligionarios, ha hecho que en Berlín se le perciba como un socio fiable. Uno de sus grandes logros ha sido situar a Federica Mogherini, ex Ministra de Exteriores de su Gobierno, al frente de la política exterior de la Unión Europea en sustitución de la gris Catherine Ashton. Además, la política monetaria expansiva llevada a cabo por su compatriota Mario Draghi le ha servido para coger aire con el fin de poder continuar con las reformas internas. No obstante, consciente de su importancia estratégica como una de las principales economías europeas y como país del sur de Europa, también se ha mostrado cercano al nuevo presidente heleno Alexis Tsipras, quizás con el objetivo de aumentar su peso como fuerza mediadora en el seno de la Unión Europea.

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«No, no lo ha hecho Grillo, lo ha hecho usted»

Con esta respuesta daba la razón la señora del público al propio Renzi tras reconocer que había votado a Beppe Grillo y desnudando, quizá inconscientemente, las debilidades de las que adolecen los movimientos populistas. El impulso reformista del nuevo Primer Ministro italiano dejó en fuera de juego a quienes proclamaban el derrumbamiento del sistema y dio esperanzas a quienes no se conformaban con el inmovilismo del poder establecido pero tampoco estaban convencidos de fiar su suerte a quien proponía soluciones ciertamente peregrinas.

Matteo Renzi puede servir de ejemplo a aquellos líderes desnortados ante la emergencia de nuevos partidos de corte populista y que aún no han sabido cómo hacer frente a este nuevo rival. La receta del joven Primer Ministro florentino es clara: reformismo, cercanía y unas gotas de su propia medicina populista.

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