El valor de la filosofía

«¿Cuál es tu filosofía?» «¿Para qué sirve la filosofía?» Son las preguntas que la gente me formula cuando descubren que soy filósofo. La primera pregunta nace de la equivocada creencia de que la filosofía es un conjunto de aforismos, máximas y frases hechas para utilizar durante una cena entre amigos con la intención de dar un cierto marchamo o poso de intelectualidad a lo que se va a decir. Aunque puedo tener cierta simpatía a esta forma de entender la filosofía porque detrás está el sentimiento de que la filosofía es práctica y puede darnos lecciones para vivir una vida sabiamente, a los filósofos académicos no se les enseña en la universidad a producir este tipo de filosofía.

La segunda pregunta es mucho más difícil de contestar. Hay tantas definiciones de filosofía como tantos autores pueda haber. Aún así, de todas las posibles definiciones que nos podemos encontrar, aunque aparentemente puedan ser diferentes, le aseguro que si profundiza más allá de su superficie todas guardan un cierto aire de familia. La filosofía es un intento de pensar de forma rigurosa y lógica problemas recurrentes que han cautivado la imaginación de hombres y mujeres de todas las épocas por dos poderosas razones: son inevitables y en buena medida irresolubles. ¿O acaso cree que determinar la mejor forma de gobernar los asuntos humanos —política—, y/o dirimir qué es bueno o qué es malo —ética— es intrascendente? A este respecto la filosofía y la ciencia son equiparables. Los problemas filosóficos emergen como problemas empíricos, o dicho de otro modo como dice el filósofo Alva Noë, la «La filosofía florece durante el quehacer científico porque en buena medida los problemas filosóficos son empíricos y los problemas científicos son, en buena medida, filosóficos.» La filosofía, como la ciencia, quiere conocer las causas, el porqué y el cómo de la realidad que nos rodea.

Alva Noë, filósofo estadounidense.
Alva Noë, filósofo estadounidense.

Si ahora distinguimos entre ciencia y filosofía es debido a la progresiva separación histórica de las disciplinas y áreas del saber que una vez fueron parte integral de la filosofía. La filosofía es por así decirlo la madre de todas las ciencias. Ahora, en la actualidad, las ciencias, como hijas que repudian a su madre, se van de casa, y en su madurez, fuera del manto protector de la madre, creen poder tener el mismo éxito que ésta; y si que pueden, incluso a veces, hasta mejor. Hoy nadie en su sano juicio recurriría a la metafísica teleológica e hilemorfista de Aristóteles para explicar el universo, para eso tenemos a la ciencia física o la cosmología.

Algo que la separación académica y administrativa moderna no reconoce es la profunda relación que hay entre la filosofía y la ciencia. De no reconocer esta relación se colige en parte los estereotipos sociales negativos y derogatorios hacia la filosofía. La gente alaba la actividad científica. La gente reconoce la relevancia de los médicos, de los abogados, incluso de los economistas, pero la percepción pública de la filosofía es negativa. La gente no entiende muy bien para qué sirve la filosofía y se pregunta, ¿cuál es el método de la filosofía?, ¿qué aporta? A fin de cuentas la ciencia tiene un método por el cual obtiene resultados muy efectivos, entre ellos la tecnología o la aplicación de los descubrimientos de la ciencia básica para poder transformar el entorno físico. La filosofía, en cambio, aunque pudiera ser discutible que tuviera método, algunos dicen que es el análisis conceptual, ¿obtiene resultados?, ¿avanza o progresa? ¿obtiene leyes o algo similar?

Creo que es injusto que en este aspecto la ciencia y la filosofía se comparen. La ciencia tal y como la concebimos hoy consiste en refutar y falsar afirmaciones acerca de la realidad. A través de la observación encuentra patrones recurrentes de comportamiento y manifestación de los fenómenos en la realidad, eso que llamamos leyes naturales. La filosofía, por su parte, es un ejercicio de razonamiento abstracto y teórico sobre los problemas, aunque esto no niega su aplicabilidad. Por analogía con la ciencia, la filosofía es esa fase de gestación de hipótesis o afirmaciones que luego se intentan refutar o falsar con una metodología más empírica o estadística. Pero la filosofía posee un rasgo que no tiene la ciencia. La filosofía es una sobredosis, casi patológica, de curiosidad. Ante todos aquellos problemas que todavía no tienen respuesta, la filosofía muestra un ciego interés. La ciencia es conocimiento obtenido, la filosofía es conocimiento en progreso.

Las humanidades no parecen tener mucha presencia en los nuevos planes de educación.
Las humanidades no parecen tener mucha presencia en los nuevos planes de educación. (Foto: flickr.com)

En la actual era de la ciencia, el avance técnico y la reforma universitaria europea (el conocido como plan de Bolonia, que busca el aumento de la movilidad de los estudiantes y profesores, el mayor acceso al mercado laboral de los egresados, homologar las titulaciones y así competir con los universidades de todo el mundo) parece que no hay sitio para el saber por el saber sino tiene una utilidad y retorno económico directo. Sin ir muy lejos, el ultimo borrador de la reforma educativa en nuestro país elimina dos de las tres materias obligatorias que componen el ciclo de estudios de Filosofía en la educación secundaria (la ética de 4º de ESO actualmente denominada Educación Ético-cívica y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato), dejando solo como materia obligatoria la Filosofía de primer curso. Parece ser que la filosofía y el resto de las humanidades (arte, música, literatura, historia, estudios clásicos…) no tienen mucho sentido para cierta clase dominante de políticos obsesionados con el presupuesto dado que su beneficio público no se puede medir en términos económicos. O eso se piensa desde la sabiduría popular. Recientemente, Jeffrey Dorfman ha escrito un artículo para la revista Forbes donde muestra con datos económicos el retorno de la inversión en las humanidades. Pero aún así, desde el comienzo de la crisis en el año 2008 las matrículas de universidad se han encarecido, las becas se han reducido y, como consecuencia, la inscripción en estudios de humanidades ha descendido. La empleabilidad de un estudiante recién licenciado en filosofía, o en el resto de disciplinas humanísticas (historia, arte, clásicas…) es nula, por no decir inexistente. Nunca, y mucho menos ahora, he entendido por qué sucede esto con nuestro mercado laboral. ¿No nos habría ido mejor si en las escuelas de negocio y administración de empresas hubiera habido filósofos que hubiesen introducido el factor ético en la toma de decisiones?

Recientemente, Helen Small, profesora de literatura inglesa en la Universidad de Oxford ha publicado un libro, The Value of Hummanities, dirigido a académicos y gestores de universidad como herramienta para defender a las humanidades ante la opinión negativa de la sociedad civil para que sigan siendo financiadas con dinero público. Una especie de manifiesto donde se ofrece cinco tesis para defender el valor de las humanidades con las que estoy totalmente de acuerdo:

  1. Las humanidades cultivan disciplinas que las ciencias duras y técnicas ignoran.
  2. Las humanidades son útiles de una forma que no es cuantificable.
  3. Las humanidades confieren felicidad a aquellos que las estudian.
  4. las humanidades preparan a los estudiantes para una ciudadanía democrática.
  5. Las humanidades tienen valor por si mismas, no necesitan justificarse.

¿Tiene valor la filosofía hoy? Más que nunca. La filosofía articula el pensamiento de las personas y provee a la sociedad, tanto como a la élite política, de los argumentos para tomar decisiones y poder transformar la realidad. La filosofía favorece la claridad, el rigor y la precisión en el pensamiento. La filosofía es ejercer el valor de la crítica que da lugar a la autonomía y libertad de las personas. Por eso invito a los estudiantes, profesores y publico interesado a promocionar el papel de la filosofía en todas las esferas de la sociedad. Interésense en saber y divulgar todas las sorprendentes cosas que el ser humano ha pensado.

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4 Comments

  1. Magnífico artículo. Yo poca trayectoria tengo para hablar con una amplia visión, sólo soy un estudiante de segundo de bachiller, pero creo que uno de los problemas del desprestigio de la filosofía es el modo en el que se enseña en muchos centros (aunque también la alergia a pensar que muchos presentan). Hablo desde la experiencia, y en el centro en el que curso mis estudios, no se nos pide entender a los filósofos, solo memorizarlos. No sé si será un problema generalizado, pero desde mi experiencia personal, si yo no hubiese tenido algo de inquietud por eso del saber filosófico y no hubiese comenzado a leer libros de la materia por mi cuenta, actualmente aborrecería de por vida a cualquier cosa que presentase el mínimo olor a filosofía. Con esto no quiero defender que se extirpe del sistema educativo, un error fatal, pero también hay que hacer ver a los alumnos que puede haber una pasión por el saber más allá de la memorización del pensamiento de un filósofo para vomitarlo en un examen. Un saludo.

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    1. Gracias Antoje, por compartir tus experiencias y opinión y también por tu pasión por esta vieja dama ( la filosofía). ¡Difunde su valor! Saludos.

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  2. Viva la filosofía!

    Hay que reconocer que en las escuelas tampoco se incentiva la curiosidad ni el pensar. Es normal que la filosofía se aparque a un lado.
    Hay que confiar en que las cosas cambien. Seguro que lo harán.

    Gracias por compartir!

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  3. Hay dos aspectos de la utilidad de la filosofía que siempre me han parecido muy relevantes. Uno es la libertad, libertad de objeto, de objetivo, de método… incluso de lenguaje o de herramientas (razón, simbolismo…) Una libertad que el saber científico ha terminado por emular, al menos la física más avanzada. Así que la existencia de la filosofía es un ejemplo.
    La otra cualidad es la capacidad que da la filosofía a (algunos) estudiosos de ver lados y caras que nadie ve de un problema. Pensar el envés. Es una cualidad relacionada con la primera y también con la empatía que da estudiar a un autor, sus derivaciones,sus críticos, sus reivindicadores,sus revisionistas y su influencia en otro autor 200 años después, etc. Esto da una agilidad mental y una empatía que es útil en el mundo empresarial, especialmente en situaciones de crisis. La Universidad de Deusto tenía una licenciatura que sacaba provecho de esto. Puede que se diga una estupidez pero será una estupidez en la que nadie había pensado.

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