Augustus Totti

A orillas del Tíber, una fría y lluviosa tarde de diciembre pasean turistas arrimados a esas improvisadas tiendas de souvenirs regentadas por paquistaníes de la región del Lacio. En la decadente Roma, más oscura y desvencijada que en mis visitas anteriores; la misma que Augusto embelleció en su Pax, Sixto V remozó en el Barroco y Rossellini plasmó en plena posguerra, me reconcilia constatar como persiste el aura de su patrón balompédico: Francesco Totti (Roma, 1976). Los amantes de los perennes jugadores del calcio comprobamos con regocijo como el Capitano emerge como uno de los reclamos más poderosos entre esos horrendos e inclasificables souvenirs. Davides de Miguel Ángel amorfos, bustos de Julio César que más bien son para «llegar, ver y huir» y Tottis que oscilan su cabecita como un perro que otea desde una luneta trasera. Pero ante tanta frivolidad se esconde algo genuinamente italiano y para el caso romano. La magia que brota del contraste en un espacio reducido de un pedazo del vetusto imperio, una iglesia de stendhaliano techo y un marchito quiosco con un póster del longevo capitán con una declaración de amor inscrita: Io e la Roma un solo cuore.

totti selfie

La Roma popular, a no ser que seas de la Lazio claro está, late con su capitano en quien ha encontrado una translación de esa figura a la que rendir tributo que sus antepasados depositaron en Octaviano, más tarde rebautizado como Augusto. Relata el historiador del arte Paul Zanker en su capital trabajo Augusto y el poder de las imágenes como el bisoño Octavio divulgó su efigie de joven ambicioso y ansioso de poder a través de los bustos. La Batalla de Accio (31 a.C.) y la toma de Alejandría (30 a.C.) son a Augusto lo que aquél lejano 28 de marzo de 1993 es para el crack de Porta Metronia; su debut con la elástica giallorossa, exordio de una etapa de pax que se ha prolongado a lo largo de más dos décadas con el Scudetto de 2001 entre uno de sus culmens. No en vano ha recibido apodos como gladiatoreprincipe imperatore. Y es que Roma, entre sus matadores adoquines y sus gesticulantes oriundos, transpira esa fidelidad al líder, una confianza que ultrapasa el planetario debate Messi-Cristiano. Allí se rinde servil tributo a la leyenda; un hombre de porte castrense con los ademanes de un emperador que saluda a su afición con el aplomo de aquellos que suspendían el pulgar horizontalmente, el mismo que él se lleva a la boca para celebrar sus goles. Con su zamarra en todos los escaparates de la ciudad, Francesco es el Máximo de Gladiator, el Titus Pullus de la recomendable Roma de la HBO, un viejo guerrero quien tenaz sigue blandiendo su espada ahora que las arrugas surcan su rostro, un genio que a los 38 años y 3 días se erigió en el goleador más veterano de la Champions League. Dice Zanker acerca del retrato de madurez de César Augusto que «El ciudadano medio que no entendía teoría del arte también identificaba lo bello, atemporal, noble, sublime y distante.» Si bien los muñequitos de Totti con los que abría estas líneas no concuerdan con esta descripción si lo hacen severas imágenes en la tienda oficial de la AS Roma, el gran mural con su rostro en Porta Metronia –objeto de ataque por algún que otro iconoclasta tifoso de la Lazio- o graffitis donde se le ve señalar el cielo como si reclamara que él, como Augusto, también es el protegido de Apolo.

Totti, al igual que el Pontifex Maximus, se entrelaza con la ciudad eterna a través de su estampa. Conocedor del poder de la imagen no hizo más que confirmar quien sigue siendo el capo al encuadrarse con la enfervorizada plebs en el histórico selfie del pasado Derby de Roma del 11 de enero de 2015. Sirva la reflexión del presidente laziale para ratificar este gesto cargado de significado: «Non mi è piaciuto il suo gesto, perché non c’entra nulla con il calcio.» Efectivamente señor Pallotta, ahí está la gracia. El autorretrato con la grada ultrapasa el mero hecho anecdótico de empatar un derby del que Totti es el máximo anotador en la Serie A. Lo suyo es esculpir y mantener en las redes sociales quien ostenta el mando a pesar de los años porque el perenne calciatore romano, junto con otras viejas glorias de la tradición italiana como Pirlo, son los mismos que transitaron nuestra infancia futbolística y persisten en marmórea apostura a día de hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s