La bota y la gallina

Hace un par de semanas, en un partido de la Copa del Rey, el jugador del Atlético de Madrid, Arda Turan, le lanzó una bota al árbitro asistente. Esto en el fútbol es una cosa bastante inaudita y rara —a la par que delirante—. Pero tampoco es la primera vez que vemos objetos voladores en los campos de fútbo. Si miramos en las hemerotecas o rebuscamos en la memoria nos encontramos con mecheros, botellas, asientos, monedas, objetos afilados y contundentes, fruta variada —con predilección por los platanos—, y lo que por lo menos a mí más me ha marcado: la cabeza de un cochinillo. Este famoso incidente se produjo en un Barça-Real Madrid disputado el 23 de noviembre del 2002, cuando un aficionado lanzo la cabeza del cochino al césped. Fue un partido de alta intensidad, ya que era la primera vez que Figo volvía a su antiguo campo, donde sus antiguos admiradores lo veían como un traidor por haber fichado por el máximo rival —ya se sabe, del amor al odio hay un solo paso—.

Recordar el cochinillo volador me ha hecho pensar en otro lanzamiento menos conocido pero no menos impactante. Este no ocurrió en un campo de fútbol, ocurrió en la Atenas del siglo IV a.C.. El filósofo Platón estaba dando una clase en la Academia, el sitio donde él enseñaba su doctrina filosófica, considerado por algunos como el primer templo de la razón. En ese momento Platón se hallaba explicando la definición de lo que era un ser humano —buscar definiciones de las cosas era su pasatiempo favorito—, y para él la definición exacta para un ser humano era: «bípedo sin plumas». En las clases de la Academia podía entrar cualquier espectador, no hacía falta que fueras alumno; no hacía falta ni que fuera seguidor de la misma doctrina. Entre los espectadores habituales se encontraba el cínico —en el buen sentido de la palabra— Diógenes. Diógenes era totalmente contrario a la manera que tenía Platón de filosofar, e incluso se tenían bastante tirria personal, eran como el día y la noche. Pues Diógenes al escuchar la definición pensó que eso era una chorrada increíble. Salió corriendo de la Academia, se paró en el primer mercado que encontró, compró una gallina, y le arrancó todas las plumas; no se conoce el dato de si la gallina estaba viva o no, pero viniendo de alguien capaz de comerse pulpos crudos —murió a causa de este gusto alimenticio, ya que el pulpo se le enganchó a la garganta y… bueno, lo contaremos otro día— se puede esperar cualquier cosa. Y con el bicho desplumado en las manos volvió a entrar en clase, y cogiendo impulso estampó la gallina pelada contra la cara de Platón gritando: «¡Mira, un ser humano! ¡Muajaja!» No sabemos si este incidente provocó alguna tangana estilo parlamento taiwanés, pero no lo descartemos, ya que Platón tenía muy mala leche —que se lo pregunten al pobre Demócrito—. Lo que sí que produjo es que Platón en la siguiente clase tuviera que cambiar la definición de ser humano: «Bípedo sin plumas y… con las uñas planas.»

Y es que aunque algunos crean que la violencia es cosa de deportistas quinquis analfabetizados y sus locos seguidores en verdad es una cosa que se da incluso en las mejores familias, por mucho que algunos se emperren en demonizar este bello deporte utilizando esta burda excusa. Busquen en cualquier profesión, arte, deporte, afición, grupo humano y encontrarán violencia en mayor o menor grado, física o verbal, rasquen un poco y allí estará agazapada. Como dijo el galileo en Juan 8:7: «El que esté libre de culpa, que lance la primera piedra.» Porque la violencia es una cosa consubstancial —que va en el pack— al ser humano, ese bípedo sin plumas y con las uñas planas.

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6 Comments

  1. Leído su artículo. ¡Caramba, qué gran novedad, menudo descubrimiento! ¡"La violencia es consustancial al ser humano"! ¿De verdad? Felicito al pensador Figueras por iluminarnos con sus hondas reflexiones, que no dejan de sorprendernos. Eso sí: si hubiera de hacerle un ligero reproche, le diría que el zapatazo del jugador de Atlético de Madrid y la cabeza de cerdo que arrojaron al campo de fútbol un hincha del Barça particularmente descerebrado NO TIENEN NADA QUE VER con Platón ni con Diógenes, y que usar estos nombres para contar una anécdota propia del Reader's Digest y extraer una conclusión tan banal son ganas de hacernos perder el tiempo. P.D. Tampoco estaría mal que dejase de insultar a la gente en twitter. Llamar a Pedro Sánchez "Pedo Sánchez" es poco elegante. Vamos, no lo hubieran hecho ni Platón ni Diógenes ni el tonto de mi pueblo.

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  2. Interesante artículo, el ser humano es el mismo hoy que hace 2500 años. No hay progreso moral, podemos obviar tranquilamente los argumentos tipo “en pleno siglo XXI”, “es una vergüenza que todavía hoy…” De vez en cuando hay que decirlo.

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  3. Pues a mí me parece una serie de "platitudes" sin mucha sustancia. ¡claro que somos violentos! Nos comemos a los animales, eso para empezar. Libramos guerras. ¿Y? Para decir esto no vale la pena escribir un artículo, y mucho menos, leerlo

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  4. Bueno, es que es una cosa que algunas personas no creen, creen que sus actividades son pacíficas de per se y las otras no.

    Gracias por perder minutos valiosos en contestarme.

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