Podéis

Me gusta cómo Arcadi Espada habla con desdén de ese movimiento político que dice ser de abajo, no de arriba, ni de la izquierda, ni de la derecha; de abajo como el obrero, el currela, el trabajador honrado que asiste a la manifestación organizada por este voluntarioso partido político. No tuve el placer de ir. Un buen amigo, podemer él, se dejó caer por el evento, y me contó que vio algo que hacía demasiado tiempo que no veía en la política nacional: ilusión. Es posible que Podéis ilusione a muchos, no se hace otra cosa más que hablar de ellos en televisión, radio e internet, y muchos no hacemos más que soltar gusanos por la boca cada vez que escuchamos las soflamas de Iglesias, de esa españolaza actitud del quítate tú, que ya me pongo yo, del señor Monedero y sus devaneos con camisetitas del EZLN, como si se tratara de Tom Morello de RATM.

Tengo otros amigos que dicen que Podéis les recuerda a ese PSOE que decía «OTAN, de entrada no» y acabó poniendo a Boyer y Solchaga de ministros de economía. El mismo PSOE que en un pueblo del sur de Francia abandonó el marxismo-leninismo y que a día de hoy claudica, adelantado por la izquierda en un coche morado que habla de igualdad y patadas a la casta. La misma casta en la que se ha transformado el PSOE, sobre todo en Andalucía. Yo no tengo la misma opinión. Creo que Podéis es muy distinto. Es un partido conformado por un tipo con cara de tener que pedir permiso a su madre hasta para quedar con su novia, por otro tipo de cara avinagrada, pocos amigos y resentimiento en las venas, y otro tipo que le pone una pegatina de Gramsci -yo también odio a los indiferentes, y aquí estoy tomando partido- a su capitalista aparatejo designed in California, made in China, a ver si así lo socializa y lo hace público y de calidad.

Es un partido conformado por gente que habla de leninismo amable, de crear hegemonía. De tipos que coleguean con gente que nos tiene declarada la guerra intelectual. De tipos como Evo Morales, Nicolás Maduro y Cristina Fernández de Kirchner, todos ellos grandes ejemplos de demócratas. Sobre todo de esa democracia que tiene mucho de demos, pero poco de kratos del demos. De sistemas políticos que matan estudiantes por pensar distinto, presidentes abiertamente homófobos y que permiten que una aerolínea publique el itinerario de vuelo de un periodista que se atrevió a decir lo que veía, y no lo que le querían hacer ver.

En ese mitin con ritmo de rap que dio el líder mesiánico de los Bajos, el más alto de los Medianos señaló que para expulsar a los Altos hay que elegirles a ellos. He leído poco, pero lo poco que he leído lo he leído bien. Y a mí todo esto me suena. Me suena al Terror, me suena a 1919, a 1949, me suena al sueño de la igualdad material. Ninguna medida concreta hallarán en el discurso de Iglesias; él no convence a los suyos por la razón. Quién quiere razones cuando siente. Iglesias habló de Quijotes, de que hacían falta más. Necesitamos más locos que solo ven gigantes mientras un tipo regordete les recuerda que son molinos.

Espero equivocarme. De hecho, lo más probable es que lo haga, pero no confío en la victoria de este partido. No quiero decir que no vaya a ganar. Lo que quiero decir es que si lo consigue, no sé qué va a ser de este país. No me llamen catastrofista, porque probablemente sea cierto, pero tengo mis razones para no confiar en su victoria. Adolezco de una desconfianza total en todo lo que viene de la política, es más, soy fuertemente durkhemiano en lo político: la democracia, cuanto más aburrida y formal, mejor. En esto creo que Ricardo Dudda coincidiría conmigo. Muchos se han abrazado a Podemos como última bala en la recámara, sin darse cuenta de que están jugando a la ruleta rusa con el país entero. Y se han olvidado que tanto PP como PSOE son responsables de haber ampliado y garantizado el estado del bienestar del que todos hoy disfrutamos.

Mi animadversión hacia el partido de los circulitos no significa que apoye sin cisuras a los dos polos políticos de España. De hecho creo que son los responsables del nacimiento del nuevo movimiento. Entre ellos verán si pueden encerrar al monstruo que han desatado, yo solo puedo decir que Dios nos pille confesados. Y que nunca en mi vida he deseado más equivocarme y poder creer que de verdad han venido a hacer una limpia de los bajos fondos del país.

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