Caminos al Jazz

Hace varios años atrás, me encontraba rodeado entre gurús que vestían camisetas de los Maiden, tachuelas con cuero y zapatillas marca Paredes con dos tiras de velcro. Personas que vestían cinturones de balas y greñas que pasaban muy ampliamente sobre el término cabello rebelde. Y es que si hay algo que debo agradecerle a la providencia o aquel que teje mi tapiz del destino es que me llevara a esa tribu urbana del doble bombo y las guitarras de flechas.

No obstante, siempre quise saber más sobre lo que escuchaba y cómo ello había llegado hasta allí. Siempre desde pequeño me interesaron una variedad de géneros que eran antagónicos a otros, lo cual siempre me mantenía conectado entre las diferentes constelaciones musicales. E incluso cabe decir que muchos camaradas de la manada del heavy metal comprendían perfectamente lo que hacía pese a que algunos otros lo consideraban profanación del credo. Pero la verdad que radica en ello es que un amante del heavy metal, es en el fondo un amante de la música también.

Mientras paseaba por los pantanosos mundos del doom y el sludge, brincaba sin salpicarme en moderneces electrónicas y contemplaba con admiración algunos géneros con el prefijo post, encontré algo que lo cambió todo. A una edad muy temprana para quedarte en ese vagón, cuando siempre se le concedió la etiqueta de música madura, el jazz entró sin apenas enterarme y ya poco después era imposible negarlo. Claro que ya por entonces uno ya tenía memorizados los grandes temas de Fitzgerald, Sinatra y Billie Holiday en un gran paquete de oldies del siglo XX pero yo quería despedazarlo hasta ver mucho más. Cuando descubría un apartado nuevo en la música, la exploración de bandas y su marco en la historia era conditio sine qua non para poder disfrutarlos plenamente. Y fue precisamente con esa guía y patrón que utilizaba para absorber música que llegué al cool jazz de Coltrane, Rollins, Pepper, Horace, Dizzie, Lee, etc.

jazz

Conseguía captar ciertas esencias melódicas pero me era harto imposible llegar a discernir simple músculo de hueso. Ni siquiera para alguien que había estado más de una década escuchando el metal más técnico y perfeccionista podía llegar a conseguir  con constancia la troncal del ritmo en una composición. Y eso que había estado allí todo por más de cincuenta años. Pero lo que sucedía es que en un mundo de construcción en serie donde casi cualquier género puede ser moldeado y vendido a un módico precio, el cool jazz siempre se supo resistir a esa demanda. Porque cualquiera puede componer unos cuantos riffs, una base de hip hop o una canción de pop, pero la rama específica del cool jazz, que está exenta de letra en su gran mayoría, es de manera intrínseca un género genuino hasta el átomo. Tienes que saber y por encima de todo amar la música, para aventurarte al laberíntico mundo de la composición inspirativa e improvisación desnuda a la que te reta. Quizás fue por eso que con unos oídos tan adaptados al nuevo siglo, me costaba tanto encontrar un hueco en el antiguo.

Por otro lado, no sólo de estudiar y analizar la música me alimentaba. También me era esencial conocer la historia en la que se sitúan los géneros, siendo herramienta esencial para su comprensión hasta niveles muy concretos incluso. Y es que en el caso del jazz, afecta en sobremanera siendo hijo de varias generaciones de gente afroamericana que comenzó a sembrar su semilla cultural desde la próspera New Orleans de principios de siglo.

No fueron inicios fáciles debido a la consideración racial que había en la sociedad por entonces. De hecho, para entender la clave del éxito de la música negra quisiera recordar en prima instancia el término de buena aceptación en su época como era la inferioridad racial. Debo comentar que la primera vez que leí sobre dicho término en los afroamericanos fue en un libro que detallaba de manera científica dicha afirmación. Aportando datos sobre la fisionomía del hombre de raza negra y como esto se asociaba y encajaba a los trabajos de servidumbre. Lo más anecdótico de todo ello era la manera en la que tenía el autor de justificar sus pruebas acompañadas siempre de un alejamiento a cualquier vertiente política-social. Con el tiempo, resultó ser uno de los libros más leídos en el movimiento nacionalsocialista en los últimos años incluso. Disculpen por otra parte que no pueda aportarles nombre y autor pero creo que tras leer tamaña basura decidí borrarlo de mi mente en su momento.

La última vez que vi algo relacionado fue en la película de Quentin Tarantino, Django Unchained. Allí, un excelso Leonardo Di Caprio, detallaba con calavera en mano, como el hombre negro tiene una disposición a la esclavitud y la servidumbre con pruebas basadas en la forma de su cráneo. Concretamente en unos puntos que designaban qué zona del cerebro era la que predominaba y que estaba por encima de la zona creativa o artística. Dicho esto, que es una simple historia cinematográfica, sirve como precedente a otra historia más real relacionada con la música.

Las worksongs que cantaban en los campos de algodón serían el punto de partida a lo que llegaría como música tribal de los guetos negros de New Orleans. Era cuestión de tiempo que aquella cultura a la que muchos todavía se resistían fuera ganando adeptos por las calles donde danzaba cual carnaval. Cuando el hombre blanco se fascinó por la rapidez con la que aquello se contagiaba se propuso profesionalizarlo entre trajes de orquesta e instrumentos de metal que no eran fabricados por los afroamericanos de manera arcaica. Aquellas marchas conocidas como cakewalk las acompañaba un género musical que tenía por fin un nombre; ragtime. La mezcla perfecta entre bandas europeas y el alma africana. Altos ritmos y melodías sincopadas eran la moda de por entonces. Sin cesar en la improvisación y composición se entró en la dinámica del nuevo siglo musical donde los géneros evolucionaban sin parar. Tal era así que el siguiente que aquello no tardó en cambiar. Aquellas bandas encontrarían una transformación final que sería conocida por toda la nación como el susodicho jazz. Desde California hasta Boston pasando por Chicago. La época de las bandas y orquestas fenecieron para dar paso a los grupos y con ello un spot para el talento musical individual. Ahora ya no era el mérito para un director sino el trabajo y talento de cada músico con su instrumento. De ahí nació el cool jazz con John Coltrane y Miles Davis como principales referentes ya bien entrados en la década de los 50. Una melodía sosegada que puede tornarse tormentosa e indescifrable a veces. El cool jazz potenciaba el concepto de la improvisación hasta más allá de los límites conocidos.

Quisiera de manera breve remarcar que sin el jazz de entonces, probablemente no tendríamos los géneros que hoy en día escuchamos por una simple cadena evolutiva musical. Lo cual siempre me lleva a la afirmación de que sin la contribución afroamericana a la cultura de Estados Unidos, el marco musical de hoy en día sería algo digno de ver en un multiverso. Y no sólo eso, el mestizaje trae con ello accesibilidad. La música era para clases altas si querías disfrutarla e incluso el propio folclore en según qué culturas. Es la música negra lo que dota al hombre pobre de espíritu. Entre guerras y recesiones aquello nunca paró de sonar y avanzar.

En resumen, el jazz experimentaría durante años y años, pero la esencia pura quedó marcada a fuego en aquel tiempo. Leí historias relacionadas con el rock y el pop que me dejaron sorprendido pero nada me fascinó tanto como el jazz. Era todo lo que se necesitaba saber para seguir admirándolo como era debido.

No obstante, no hay más misiva en este artículo que la de contarles cómo llegué a este vagón de la vida siendo uno de los mejores regalos que me ha otorgado. Y como regalo que es, lo mínimo que puedo hacer, para que luego no se diga, es regalarlo a aquellos que lo quieran. De entre miles de opciones elegí el vídeo que les dejó a continuación. Doce minutos de vuestras vidas que hoy pretendo robaros y con ello enseñaros un camino que siempre podréis tomar.

Anuncios

1 Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s