#JeSuisCharlie

Querida H,

te escribo utilizando esta fórmula arcadiana sin causa reflexionada. Considero que así podré expresar mejor el sentimiento de solidaridad que nos debe unir a todos a favor del humor en general y de Charlie Hebdo en particular. Hoy los de siempre, los mismos, han decidido derramar sangre ajena sin motivo alguno. Sí. Sin motivo, digo, porque motivar las razones que conducen a la acción es el primer paso para su justificación. Quien sea que pueda que me libre de otorgar la más mínima levedad a la crudeza trasnochada de estos yihadistas que arrojan el Corán con la fuerza de las balas. El odio desmedido  y la inquina exacerbada de quienes reclutan infancia para una causa que no entienden y, lo que es peor, no quieren entender. No imagino ningún niño que no prefiera taparse los oídos y cerrar los ojos al apretar un gatillo. Disparo y sangre, una vez más. Esta vez sobre la forma más sutil de acercarse a la actualidad: el humor. La caricatura que no es más que la proyección de un hecho esperpéntico, barroco, tan real que a veces se confunde con la ficción: de naturaleza –pensamos- imposible. Pero no. Esta vez, no. No puede ser que los que quieren fanatizar, incluso, los claustros del periodismo impriman con violencia la censura. Es impensable que donde han prosperado las ideas más ilustradas de la Historia esté germinando el rechazo a otras formas de pensar e interpretar el mundo. Y lo que es peor, basta con preguntarse qué es lo que pretenden hacer callar. La respuesta no es más que ellos en un espejo, el reconocimiento propio es aún más difícil de asimilar cuando te has convertido en motivo de burla, de una burla que manifiesta sin pudor lo que eres: también cuando te cuesta aceptarlo. Pero quienes no conocen la reflexión, y mucho menos la libertad de exclamar ¡no, no te entiendo!, prefieren  bajarse del coche, empuñar el arma como si fuese un elemento liberador y propagar a base de sangre una excentricidad, la suya, que prohíbe moralmente cualquier amago de justificación.

¿Qué queda, me pregunto, después de todo? Lo de siempre menos doce vidas que se han encontrado a la vuelta de la esquina con la muerte; con la suciedad y excrecencia de un pensamiento que excluye a los diferentes, recluta iguales y mata con la creencia de que el triunfo consiste en eso; en acabar con los que no son como ellos. Y huyen.

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