Partenón

Quizá la forma más amena de contar una historia en un periódico sea la columna y de ellas, por suerte o por desgracia, en este país, vamos servidos. Desde la revista Highway hemos querido repasar el año a través de ellas y quién mejor para hacerlo que los mismos columnistas, así que hemos hablado con unos pocos y ellos se han encargado de elegir su columna preferida de este 2014. Este es nuestro Partenón.

partenón highway
Juan Pablo Arenas: Lo de Évole no es periodismo, Cristian Campos

«De hecho, Évole no engaña a nadie. Él a fin de cuentas no estudió periodismo sino comunicación audiovisual, es decir, entretenimiento televisivo de bajo nivel para masas refractarias a la lectura, que hasta que no se demuestre lo contrario es el mejor método inventado por el hombre para el empotramiento de conocimiento en su cerebro de chorlito. Que a lo que hace Évole los domingos por la noche en la televisión se le llame periodismo es, más allá de una ceporrez tamaño portaaviones de la US Navy, el sonido de las trompetas del Apocalipsis para el verdadero periodismo. Es decir, la señal de que ha llegado la hora de reconvertirse en pianista de puticlub porque el oficio ha muerto asesinado por aquellos que no sabrían distinguir un titular a cinco columnas del crucigrama del suplemento dominical.»

Me encanta Cristian Campos por lo que dice y por cómo lo dice. Su estilo apresurado cautiva. Escribe igual de rápido que piensa. El mejor artículo de 2014 lo escribió él en febrero de 2014. Hablaba de estos telepredicadores que se hacen pasar por periodistas. Es lógico que gusten a tanta gente. Es lo más cerca que millones de españoles estarán jamás de leerse un reportaje. Los mismos que antes hojeaban los titulares en el bar entre café y pitillo ahora se ven íntegra la misa. Amén, dicen. Amén a eso, hermano. Esos programas están confeccionados para que secundes de cabo a rabo la opinión de Mosén Pantalla. Convierten al convertido. El periodismo no es eso. El periodismo son historias largas con contradicciones, donde los vestigios se pegan entre sí y en cuya tercera relectura aún no sabes quién es el malo. Esto es periodismo malversado. Quienes gustan de esto luego claman contra el político que no admitió preguntas en la rueda de prensa. Jo. Es que estuve toda la mañana y ni siquiera tengo un titular, dice el bebito. Periodismo es -permítaseme el ejemplo petulante y sobado- “Todos los hombres del presidente”. Los periodistas hicieron su trabajo y Nixon negó una y otra vez que fuera culpable. Como tiene que ser. El Estado del Bienestar produce periodistas y público cansado.

Bárbara Ayuso: La mentira del padre Miguel Pajares, Rafael Latorre

«Yo soy ateo. No agnóstico. Ateo. O sea, que estoy convencido de que los curas se pasan la vida creyendo en una mentira. Creo, además, que toda mentira es dañina. Y de sobremesa en sobremesa exhibo con arrogancia mi materialismo. Pero la coquetería me dura hasta el preciso instante en que me entero de que un misionero se ha dejado la vida en Liberia por limpiarle las pústulas a unos negros moribundos. Entonces me faltan huevos para seguir impartiendo lecciones morales. Principalmente por lo aplastante del argumento geográfico. Él estaba allí con su mentira y yo aquí con mi racionalismo.»

Tan tópico como cierto: en este año que nos deja, el ébola sacó lo peor de nosotros. Quizás lo hayan olvidado -agradezcan ese resorte protector de su cerebro, en tal caso- pero hubo un tiempo en que, hasta donde alcanzaba la vista todo estuvo desbordado por la ponzoña. Los responsables políticos, los medios de comunicación y cómo no, las tertulias de bar, rebasaron todos los límites conocidos de la ignorancia, desvergüenza, desfachatez y miseria humana. No fue una pesadilla, fue real. Y aunque hubo quién se afanó en informar más que espléndidamente de lo que ocurría, el vocerío insolente e impúdico en el que se convirtió nuestro país a cuenta de una crisis que apenas nos rozó -sigue siendo estigma de otros, al parecer- lo devoró todo. El espíritu navideño recomienda no recordar aquí ciertas declaraciones, improperios o barbaridades pronunciados a este respecto, pero seguro que saben de lo que hablamos: desde el traslado padre Miguel Pajares hasta la explosión de cinismo a cuenta de la enfermera Teresa Romero cuesta encontrar algo decente con lo que no echar por tierra toda esperanza en el ser humano español como subespecie.

Cuesta, pero hay. Y no solo uno, pero este lo recuerdo con especial claridad: fue Rafa Latorre en Zoomnews quien -en los albores de lo que se nos vendría encima, esto era solo el principio- hizo algo tan antiespañol como negarse a dar lecciones morales y replegarse en su racionalismo. Aunque escociera, o precisamente por eso. No hay ninguna columna con la que estar de acuerdo al 100%, así que prefiero quedarme con las que me abofetean en la cara. Y esta lo hizo.

Diego E. Barros: Fumar, Jorge Martínez

«Me está costando horrores engancharme al tabaco, pero fumar es uno de los objetivos que me propuse para este año y lo pienso conseguir, aunque tenga que recurrir a la acupuntura.

Tardo aproximadamente 45 minutos en liar el cigarro así que el verano y la inocencia  se me han ido en eso, en rular pitillos.

A la primera calada le sigue una burbijita chispeante de felicidad y un ligero aturdimiento que a mitad de cigarro transmutan en hastío y tristeza. El último tercio lo encaro ya reventado y deseando terminar para hacerme otro, cuando no volver a España con mis padres.

Lo que de verdad me gusta, como se habrá podido inferir, es la ceremonia de armar el artefacto con dedos temblorosos.

El camarero árabe del bar donde vengo a veces a practicar ha observado, dice, un progreso evidente entre el crío ansioso que entró por la puerta a principios de junio pertrechado de papel, filtros y tabaco y el hombre con hechuras de Paul Newman y mentón apretado en el que me estoy convirtiendo.»

Por muchas razones y por ninguna en especial más allá de que este chaval tiene más talento que muchos de los que hoy en día emborronan las páginas de los periódicos. Y, lo más importante, lo hace sin quejarse todos los putos minutos del día del estado del oficio. Por qué esta columna, porque la maestria de escribir columnas está en las pequeñas cosas. Es muy fácil escribir de la última tontada política pero requiere un arte especial hacerlo de algo tan aparentemente nimio y sin importancia como el acto de fumar por pura necesidad estética desafiando además las leyes de las buenas costumbres.

Rafa Cabeleira: Ganaron como alemanes, Juan Tallón

«Alemania jugó fácil al fútbol, poniendo un artículo, un sustantivo, un verbo y un predicado. Es raro que, si escribes así, no acabes por hacerte entender con el gol. Por algo decía Josep Pla que la mejor frase que se ha hecho nunca es “La puerta es verde”. Corta, clara, al pie. Argentina, sin embargo, opuso una severa resistencia hasta el minuto 113, cuando el invierno de la prórroga ya hacía estragos en las defensas. Pese a la nieve y el frío, Mascherano, Demichelis y Garay rechazaron todas las intentonas rivales de construir una oración con la palabra gol, bajo la disculpa de que en alemán ellos apenas sabían decir “guten morgen.”»

Además de que la familia es la familia y yo no suelo atender a muchas más razones, les diré que Ganaron como alemanes es mi elección por tratarse de una falsa promesa; un nueve mentiroso, si me apuran. Desde el título, el autor se dedica a merodear una ventana cualquiera con simulado interés, se diría que con evidentes malas intenciones, y entonces te asalta por la puerta principal con un revólver en la mano, siempre sonriente y educado, eso sí: «Juego, voy de putas y dejo esposas abandonadas. Beber sería demasiado.» Y siempre podrán probar después con el veneno.

Antonio R. Capilla: Todo preparado para la muerte de Suárez, Arcadi Espada

«Así, Verónica abrirá el youtube del discurso llorón de Carlos Arias, el 20 de noviembre de 1975: “Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias.” Y luego el que cerraba la campaña de Adolfo Suárez, el 14 de junio de 1977: “Vengo a hablarles de un nuevo horizonte para España.”

Una vez vistos y oídos dirá Verónica con su alegre, febril y redicha solemnidad: “Suárez fue el que devolvió el usted a los españoles.”»

La conclusión de Verónica Puertollano que pone fin a la pieza se revela como el epítome de lo que supuso la Transición para España; la conclusión de Verónica se hace imprescindible en un tiempo en el que los constituyentes del tú pretenden arrasar al usted constituido.

Guillermo Gómez de Salazar: Todos los días son Sergio Ramos, Manuel Jabois

«Kroos fue un bombón que se le puso al Madrid a tiro y que se fichó un poco a ciegas porque sería tonto no hacerlo. En el club nadie sabía dónde se le iba a poner a jugar y hoy nadie sabe de qué juega, porque es uno de esos jugadores que no ocupan espacios sino que hace ocuparlos a los demás. Es un jugador líquido, un medio de comunicación. Se trata de una unidad métrica, la más reconocible del mundo.

Su relación con Ramos, que empezó mal en Múnich, amenaza con felicidad, que es un sentimiento peligroso en Ramos porque cuanto más se relaja más piensa, y Ramos es un jugador que trasciende ámbitos tan pesados y digestivos como la razón. Inauguró el partido con una amarilla de vacile y acabó rompiendo las puertas de la portería como el minotauro brincando de un lado a otro. Salta sobre el área como si fuese un abordaje, con la misma inconsciencia de Benito Soto, al que ahorcaron mal y tuvieron que hacerle un hoyo debajo de los pies para que muriese. Con semejante cuello, que durante años escondió con la melena como si fuese la flor de su secreto, a Ramos habría que hacerle ahora debajo un agujero negro. En el aire parece que en lugar de un balón ataca un planeta.»

Puede parecer que me gusta Manuel Jabois, y así es; me gusta Manuel Jabois porque es madridista, loco y taciturno, porque parece tímido y graciosete, y escribe como si no le costara mucho. Y esta columna es la mejor del año por esa razón. Es un género literario en sí mismo, la crónica deportiva del Real Madrid. Hughes, Gistau y Jabois hacen grandes crónicas del equipo merengue, pero sin duda me quedo con ésta, la que considero que es capital por haberse escrito en el año de la Décima y por hablar, precisamente, de la Décima.

Carlos Hortelano: Hell in the Hot Zone, Jeffrey E. Stern

«El pequeño pueblo de Meliandou, ubicado en la Región Forestal del sur de Guinea, ha comenzado a ver destellos del mundo exterior. Me cruzo con un crío que lleva una camiseta de Messi que le queda tres tallas grande; con un anciano que a pesar del calor lleva anorak como signo de distinción; con un adolescente que mira su teléfono móvil tapándolo del sol con la mano como quien se enciende un cigarrillo habiendo viento. Pero sobre todo, es un lugar del pasado. Un camino de tierra lleno de baches entre chozas con techo de paja, en una ladera inclinada hacia el bosque es el hogar de unos pocos cientos de personas. Los pollos y cabras deambulan libremente. Los chamanes locales son los primeros en responder cuando se enferma.»

Mi texto favorito de 2014 es uno que no leí. O al menos, no en primera instancia. Cuando en España se desataba la histeria a causa de la crisis del Ébola, Carlos Alsina tradujo y dio voz (y emoción) a la crónica de Jeffrey Stern en Vanity Fair. De esta forma muchos supimos de Meliandou, la aldea de Guinea donde comenzó todo.

El monólogo de Alsina frente a los micrófonos y, por último, lo más importante: las palabras de Stern.

Darío Losada: Un tango del 82, David Gistau

«El balón yo me resistía a usarlo sobre asfalto por miedo a que perdiera el plastificado y se le borraran los dibujos y el autógrafo. Cuando empezó a desgastarse, adquirí el hábito de aplicarle grasa de caballo con un mimo que jamás dediqué después a las caricias a la primera enamorada, a la que tampoco unté nunca grasa de caballo, por cierto, pues, en el tiempo que estuvimos juntos, no aprecié desgaste en el plastificado.»

Es redondo está lleno de aire y tiene la cualidad de poder cambiar tus sentimientos; el balón ha sido siempre un elemento protagonista en mi vida y esta columna me ayudó a recordarlo. Yo, como Gistau, también mimaba esas manzanas de Adán que tenía por casa y, sin embargo, usaba otros para pecar propiciándoles patadas.

Alejandro Menéndez: Mientras Kurt Cobain se metía la escopeta en la boca, Juan Soto Ivars

«¿No es fascinante? Repartidos en cada pueblo muchos niños greñudos y tristones se vestían con jerséis de punto y camisas de franela y acarreaban sus mochilas hacia el instituto con la voz desgarrada de Cobain animándolos desde el walkman, animándolos con su desesperación. Cuando Cobain se metió el cañón de la escopeta en la boca, un adolescente de Asturias estaba metiéndose en la boca un cigarrillo, pensando:

– Yo quiero ser como tú.»

Juan Soto Ivars firma la columna que he elegido en esta difícil tarea de decantarse por una, como diciendo a los demás que ellos no me interesan y que me quedo con él. Una apuesta por la juventud, por los flequillos –el suyo- y por el Rock&roll. Algo que mucho tiene que ver entre sí y con la columna cuyo párrafo presento. Kurt Cobain es uno de los símbolos de los noventa; el ídolo de aquella generación que tanto pidió prestado a los excesos.

José Antonio Montano: El Derby del destino manifiesto, Fernando Savater

«El Derby puede servir de termómetro a este país que oficiosamente va arrinconando algunas de sus más clásicas tradiciones, pero sin ganar por ello anchura europeista. La cobertura mediática de la gran carrera, ayer omnipresente emblema nacional, ha disminuido drásticamente: la BBC renuncia a transmitirla y ningún diario importante mencionará siquiera al ganador en su portada, como ayer era casi obligado. Sin embargo, ciento y pico mil personas siguen llenando Epsom con el arrebato de sus gritos entusiastas o decepcionados, corre el champán y la cerveza, damas esclavizadas por ceñidas indumentarias dan traspiés sobre los tacones excesivos mientras se les ladea con el hipo el sombrerito horrendo, los sabios ocasionales discuten hasta desgañitarse los méritos de los participantes o la monta del jockey desafortunado y todos los presentes sentimos el estremecimiento de un fervor sagrado cuando por fin oímos por los altavoces el “¡and the’re off!” que marca la salida de los caballos en liza para saber cuál de ellos unirá su nombre a la lista encabezada por Diomed y en la que figuran Gladiateur y Persimmon, junto a Nijinsky, Mill Reef o Sea The Stars. Pregúntenme a mí, he visto a cuarenta de los más de doscientos del cuadro de honor y formo parte del paisaje.»

Entre mis columnas favoritas de cada año está siempre la del Derby de Epsom de Fernando Savater, en junio. Este 2014 ha sido la número cuarenta. Las primeras están recogidas en el libro El juego de los caballos, y la siguiente tanda en A caballo entre milenios. Luego han venido más. Me imagino que al final irán todas en un único volumen crujiente. Savater, además de contar la carrera, va ofreciendo pinceladas y reflexiones sobre las circunstancias del momento. A veces he soñado con ir al Derby de Epsom, no para ver a los caballos sino para ver a Savater viéndolos.

David Torres: Cuestión de amistad, José Luis Alvite

«Como de todo se aprende, ahora sé que cuando alguien te pide dinero pensando en que serás lo bastante amigo como para prestárselo, él tendría que comprender que lo que esperas de él es que sea a su vez lo bastante buen amigo como para no pedírtelo. Pero, claro, ¿de qué sirve entonces la amistad? A lo mejor es que la verdadera amistad es la que une a dos personas dispuestas a no ponerla jamás a prueba.»

De José Luis Alvite ha dicho David Torres: «de los maestros que quedan vivos, el columnismo español limita con él al norte y al sur con Alcántara. Desde el universo de la novela negra practica de un modo muy personal una manera de mirar la realidad y la noticia de manera que se ve la paradoja de que detrás de la belleza, de la supuesta belleza que nos venden se esconde la miseria y detrás de la supuesta miseria se esconde la belleza.»

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