Esto

Escribir, escribir sobre la Navidad. Escribir sobre la Navidad. Para una revista. Para una revista. Y que te lean. O el invierno. O el frío. Y que te lean. Un montón de extraños que no te conocen de nada.

Escribir es un poco como salir a la calle: según como te vistas así pensarán de ti. Pues esto igual.

Realmente Navidad, invierno y frío no tienen nada que ver. «O también puedes contar una anécdota, o inventarte un relato.» Sí claro, en eso soy buenísima. Ahora van a pensar que soy tonta.

Para nosotros Navidad es sinónimo de frío pero ¿Y en Brasil? ¿Allí anuncian turrón en bikini? Espera, espera ¿tienen turrón? ¿Qué tal va el mercado exportador de dulces navideños a Brasil? No veo yo a las chicas de Ipanema, con sus bañadores minúsculos, forrándose a jijona (nótese que no es una critica al estado de la macroeconómica del país).

Volvamos a empezar:

Lo que sale en las pelis sobre la Navidad en Los Ángeles es algo bastante deprimente: copos de nieve colgando de palmeras. Copos de nieve colgados de palmeras ¿Soy yo la única que piensa que hay algo raro? Pues igual sí que Navidad y frío sí que están relacionadas.

Me he vuelto a quedar sin nada que decir. Y a ver, porque si me publican no puedo desmerecer al resto de la gente a la que han pedido colaborar.

¿Cómo serán las Navidades en Tahití? ¿Comen estofado con ese calor? Pues igual sí ¿no? Porque igual por las noches refresca ¿o no? Creo que se me está ocurriendo una idea. Al fin y al cabo la Navidad es un poco como la vida. Cuando eres pequeño es muy divertido todo: haces dibujitos en el cole, y le pegas barba de algodón a los Reyes Magos (Santa y yo no nos llevamos demasiado bien); ves camellos que llevan regalos (los animales, se entiende) y te regalan cosas; y el árbol tiene luces, y cantas canciones en inglés, de oído (y las sigues cantando de mayor, de oído porque no te has parado a pensar lo que quieren decir) y te dejan acostarte tarde. Justo cuando se oyen los pasos de los Reyes, que antes iban cargados de regalos por la calle de abajo y ¡anda que no han tardado en llegar! Y no duermes de la emoción por las mariposas del estómago.

Luego un día te enteras de que los Reyes son los padres, es decir, de que tus padres te han estado engañando ¿Cuánto? ¿Nueve, dieaz u once años? Y justo en ese momento es en el que empiezas a ver que tus progenitores no son perfectos. Aunque a cambio te dejan beber champán y vino, y sigues teniendo regalos. Y roscón y comilonas (porque aún lo de la dieta no te interesa demasiado, o al menos a mí no me interesaba)

navidad highway

Según vas creciendo empiezas a descubrir las responsabilidades: ayudar a poner la mesa, salir la víspera de Reyes a por churros y esperar esa cola interminable o quedar con tus hermanos para ver qué le compras a papá y a mamá. Y que a papá no le guste, o ya lo tenga, o tenga uno mejor….

Y de repente un año te falta gente y nada será lo mismo. Luego un día llevas a alguien de fuera, que ocupa esa silla que se quedó vacía pero que le quedará siempre grande. Además te toca dejarte el sueldo en regalos, porque los Reyes eres tú, y además trabajas, si te dejan (nótese que esto sí es una crítica a nuestra realidad macroeconómica)  O peor aún, tú eres la persona de fuera, y te toca poner buena cara cuando tu no-suegra te restriega indirectamente el precio del pachulí horroroso que te ha regalado. Y te imaginas 5 navidades más oliendo a pachulí horroroso. Para los hombres el pachulí horroroso sería un jersey de rayas policromáticas.

Pasa la vida, las navidades tienen un regusto agridulce. Agrio por lo bueno que has vivido y lo malo que es comparar. Agrio por la gente a la que extrañas porque ese hueco que dejan en navidades es mayor, si cabe.

Dulce cuando ves a los pequeños descubrir la vida. Lo de las comilonas y los regalos. Y los especiales de Navidad. Aunque ellos no sepan qué son «Las empanadillas de Móstoles» ni tú comprendas su gusto por los dibujos raros que dicen que son de Disney pero podrían ser propaganda de ISIS.

E imagino que un día ya no estarás. Pero igual ya no importa porque esas son las navidades y la vida de otros.

Estoy escribiendo todo esto a boli (información, no opinión) como se hacía antes. Antes, no cuando Shakespeare. Ala, me he pasado, compararme indirectamente con Shakespeare. Eso es lo que pensaréis, pero es que yo siempre le imagino con pluma. Quiero decir que estoy escribiendo a mano, porque es como mejor fluye todo. «Si entiendo lo que te rodea» que diría una chica muy cursi que conocía (ojo que no soy yo)

¿Y si mando esto por carta? Así me ahorro el tedio de transcribir.  No, no creo que llegue y mi letra es muy complicada de entender ¿Será esto lo que querían?.

Pues vaya, al final ni tan mal. Me ha quedado un texto muy apañado. O por lo menos coherente ¿no? Y además me ha dado tiempo a ver el sketch de Martes y Trece.

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