Una Navidad en Gales

Pelham Grenville Wodehouse, el genio de la literatura inglesa, dejó escrito en uno de sus primeros relatos, “Pots O’Money”, la siguiente frase jaculatoria: «Routine is death to heroism.»

Suponiendo que el escritor de Guildford estuviera en lo cierto, cosa probable, y sea la repetición la que emascula la capacidad del individuo para innovar y transgredir, tengo propensión a repetir conductas en fechas destacadas del calendario. Y no tanto porque las disfrute, razón evidente y de peso, sino por recolocarme y entrar en la zona de confort. Por retornar a la familiaridad y la calidez de la costumbre frente al terreno inexplotado e incógnito del heroísmo de Wodehouse. Así, en Navidad cumplo el ritual de ver Love Actually, mas esto podría no considerarse una costumbre propia de estas fechas, ya que realizo este acto con periodicidad trimestral. No obstante estos visionados (disculpen la presunción) realizados a lo largo del año no son más que un entrenamiento de cara a la gran cita de estas fechas. Porque ver Love Actually en marzo es como tomar gazpacho en noviembre: un contradiós. Porque no se siente igual la traición de Alan Rickman a Emma Thompson en verano que en invierno, por mucho que las notas de “Both sides now” entonadas por Joni Mitchell añadan solemnidad y pesadumbre a la situación. Porque si escuchar el villancico de Mariah Carey (el dichoso cantito, ese que he llegado a aborrecer a fuerza de caer en estas fechas como la gota malaya) ya resulta tortuoso en un día como hoy, imaginen un quince de julio.

Antes de continuar escribiendo sobre otras costumbres navideñas de quien firma estas palabras es necesario hacer una pequeña localización histórica.

Corría octubre del año 1914. Los años de vértigo de Philipp Blom habían tocado a su fin, el archiduque Francisco Fernando había sido asesinado en Sarajevo pocos meses atrás y la Primera Guerra Mundial era por entonces, simplemente, la guerra. Jorge V ocupaba el trono británico y el abogado Herbert Henry Asquith, del extinto Partido Liberal, era primer ministro. El país había entrado en el conflicto combatiendo junto a los aliados. Mientras tanto en la fea y gris Swansea, que en épocas pasadas había sido uno de los focos de la revolución industrial en la isla, importante puerto comercial y productor de ingentes cantidades de cobre –tanto que la ciudad fue conocida como «Copperopolis» durante los siglos XVIII y XIX- nacía uno de los personajes por los que hoy la ciudad blasona con orgullo: Dylan Marlais Thomas. La casa familiar del número cinco de Cwmdonkin Drive fue la cuna del poeta. Su padre, profesor en una escuela local, espoleó pronto al joven Dylan en el interés por la literatura, colocando el foco sobre los clásicos de Shakespeare.

De modo que Thomas, cuyo nombre hunde sus raíces en la mitología celta, creció entre libros y textos que ya desde la infancia elaboraba en su habitación. Su precoz formación fue determinante a la hora de conseguir en 1930 su primer trabajo en el South Wales Daily Post, publicación que sólo dos años después quedaría renombrada con el título que aún conserva en la actualidad, el South Wales Evening Post. Cuentan que fue en estos años cuando Dylan Thomas desarrolló la habilidad de ver lo que ocurría a su alrededor (la labor de los trabajadores del puerto, las peleas de beodos a la salida de los bares –reyertas en las que muy frecuentemente era él el protagonista y en las que se enfrentaba a su mujer Caitlin, a amigos de toda la vida o a quien se colocara por delante-) y, a partir de esas experiencias cotidianas, crear valiéndose de un lenguaje sonoro, sinestésico y rayano en lo oscuro.

p01xtypc

Existe un pequeño escrito sobre el día de Navidad firmado por Thomas, que la editorial Nórdica publicó en España bajo el nombre de La navidad para un niño en Gales. Este cuento está ambientado en una época en la que nevaba durante seis y doce días y noches seguidos y los galeses perseguían «a los ingleses y a los osos». Un tiempo en el que eran los carteros, y no Santa Claus, quienes generaban felicidad en los más pequeños cuando vaciaban sus sacos cargados de regalos, útiles e inútiles. Los primeros, los valiosos, eran aquellos que uno se podía poner por encima para combatir las ateridas nieves de la época. Los otros, los superfluos, eran o bien productos frágiles, como pequeños soldados y silbatos que generaban chirriantes sonidos, o golosinas perecederas que tal como llegaban desaparecían en las bocas melladas de los niños.

En el relato de Thomas está toda la ternura del escritor que, en sus últimos años de vida, quiso echar la vista atrás y rememorar una etapa del año que únicamente se aprovecha cuando no se levantan dos palmos del suelo. Es una historia que leo desde hace varios diciembres para fortalecer mi ya de por sí consolidado, aunque menguante respecto a otros años, espíritu navideño.

Dylan Thomas era un borracho que no precisaba de alcohol para alcanzar un talento inmarcesible. No se trataba por tanto de un beodo profesional, aunque sí bien entrenado. Sus últimos días de vida los pasó en el mítico Hotel Chelsea de Nueva York, un lugar cuyas habitaciones han sido testigos de la gestación de obras literarias cuya fama perdura en la actualidad, de tórridos romances entre estrellas de la música y también de algún rocambolesco homicidio. En este lugar que se presta tanto a la leyenda fue donde el poeta galés volvió tras encurdarse en la cercana taberna White Horse, para posteriormente caer enfermo y fallecer en el hospital St. Vincent. Dicen que sus últimas palabras fueron las siguientes: «I’ve had eighteen straight whiskies; I think it’s a record». Sin embargo, parece que tras esta anécdota etílica que en los ojos de algunos acrecentaría su leyenda no hay nada más que fabulación. Una biografía publicada hace varios años revela que fue una neumonía y no un envenenamiento por ingesta masiva de alcohol lo que acabó con su vida.

pg_0017

De Thomas, además de ser considerado uno de los grandes poetas en lengua inglesa, se puede añadir que fue uno de los primeros en tener predicamento en lo que podríamos llamar cultura popular. Es fama la influencia que el escritor galés ejerció sobre un chico imberbe de pequeños ojos nacido en Minnesota. Ascendente que de todos modos fue más casual que premeditado, más atento a criterios comerciales que a una filiación literaria. Así fue la transición de Robert Zimmerman a Bob Dylan, con el interludio de Robert Allyn. Los cuatro de Liverpool -la ciudad del algodón, otro enclave industrial y encantadoramente carente de belleza- hicieron también su homenaje al poeta perdulario de Swansea. En la portada de Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band, ese homenaje al eclecticismo, aparece Thomas a la izquierda de Aldous Huxley y Marlon Brando. Por último, y permaneciendo en el terreno de lo musical, el norirlandés Van Morrison escribió la canción “For Mr. Thomas” en homenaje al vate de Swansea.

Morir antes de los cuarenta años es, sin duda, trágico. Y cuando se trata de alguien genuino la marcha repercute no sólo en sus personas más queridas, sino también en todos aquellos que disfrutamos con su obra. En este sentido Thomas me provoca la misma desazón que Carver o Plath, autores que previsiblemente podrían haber escalado mayores montañas pese a haber conquistado ya altas cumbres. 2014 ha sido el año en el que se ha celebrado el centenario del nacimiento del autor de Swansea. Y en la Navidad, un tiempo en el que los que cristianos celebran el surgimiento de la vida, la muerte pierde su señorío. Pero no sólo en este tiempo. Así lo dejó escrito Dylan Thomas en uno de sus más estremecedores poemas.

And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s