Queridísima Navidad

La Navidad, esa fiesta que ha ido mezclando su carácter religioso con la tradición de convivencia familiar, tiene un encanto especial. Los villancicos en el supermercado, los pinos decorados, los regalos, las comidas familiares alrededor de una chimenea decorada… Todo forma parte de la llamada magia de la Navidad. Es muy difícil no ser feliz en estas fechas aunque cada uno lo lleva de manera personal. Nunca olvidaré un suceso ocurrido en un gran centro comercial siendo yo pequeño. Una familia paseaba cuando se acercó el típico señor disfrazado de Papá Noel para darnos caramelos a los niños. El padre de dicha familia le dejó caer a su hijo unas palabras tan frías como el mes en el que nos encontrábamos; «es un impostor, uno disfrazado sin otra manera de ganarse la vida». Qué crueldad. Rápidamente mi señora madre me susurró al oído que ese señor no sabía lo que decía. Y se lo agradezco. Truman Capote cuenta con odio en Una Navidad como su primo mayor le decía «Creer que un Papá Noel existe es como creer que una mula es un caballo.» No cuesta ningún trabajo mantener vivo el espíritu de la Navidad, la ilusión; que caiga cuando tenga que caer y no de esa forma. Por eso comento que hay muchas formas de vivir la Navidad, yo agradezco cómo me la hicieron vivir a mí.

Hitler quiso cambiarla. Como nos ha mostrado la Historia, los movimientos revolucionarios han procurado eliminar o convertir las tradiciones y costumbres para adecuarlas así a la causa. Mucho más en el caso de los totalitarismos, que encontraban en estas tradiciones la ocasión ideal. La mayoría de cambios en la Navidad por parte de los nazis estaba encaminada a eliminar toda influencia judía a la fiesta. Su objetivo era transformar la Navidad cristiana en una Navidad alemana.

Adolf Hitler, entre otros generales, en la cena de Navidad de 1941.

La maquinaria nazi se puso en marcha. Himmler supervisó la modificación de los villancicos, que tomaron un cariz muy distinto. Donde antes se decía «ha nacido un niño» el nuevo villancico nazi lo sustituía por «ha llegado un nuevo momento». No se hacía referencia al niño Jesús pero sí a un niño ario nacido en una cuna de oro, representando al alemán nazi.

El típico árbol navideño alemán siguió tal cual aunque con ciertas variantes en su significado. Se cambiaron algunos adornos y encontraron el principal problema con la estrella que suele coronar el árbol. Incluso se cambiaron los tradicionales moldes de galletas por moldes con forma de esvástica o rueda de sol. Cada niño alemán salía con su galleta navideña en forma de esvástica a la calle.

La población no asumió los cambios tan rápido como se esperaba y eso, unido al poco interés que mostraba el Führer por estos aspectos culturales, la mayoría de tradiciones se mantuvieron intactas.

Hace un tiempo la Revista LIFE publicó unas fotos donde podemos observar una cena de Navidad nazi presidida por Adolf Hitler. Podemos imaginar que el vegetariano Adolf les impuso un menú casi hospitalario a base de arroz y verduras. Las jarras de cerveza que se observan en las fotografías son de considerable dimensión. En eso sí que no se escatimó.

Tanto la puesta en escena como el escenario de la cena invitan a no tomar parte de la misma. Se desconoce si en los postres hubo amigo invisible aunque todo hace indicar que no.

En el otro lado tenemos a uno de los países que contribuyeron de manera considerable a erradicar esas camisas pardas de Europa. La Navidad en la URSS era tremendamente familiar. Se celebraba casi en su totalidad en casa. Ya desde principios de Diciembre, todas las calles y casas lucían sus adornos navideños. Todos los niños esperaban al Abuelo Frío, el Santa Claus soviético, y a su nieta Snegurochka que les trajeran los regalos.

navidad highway revista urss

El día de Nochebuena no se desayunaba ni almorzaba, todo se reservaba para una de las noches más especiales del año junto a la de Año Nuevo. Los jóvenes se pasaban el día en la calle, bien abrigados, cantando koliadkis, haciendo representaciones de pasajes históricos y pidiendo golosinas a sus vecinos. Incluso algunos conseguían ganar algunos kopeks por su buen desempeño artístico. Llegada la hora de la cena, la mesa se adornaba con heno, granos de cereales y velas. Se reservaba un lugar en la mesa para los espíritus de los antepasados que esa noche asistían, imaginamos que la mayoría con el uniforme del Ejercito Rojo puesto, a cenar también en familia. Con toda la decoración y fetichismo dispuesto, se llevaba a la mesa unos entremeses de arenques y pirozhki. El kutia, que era el plato principal de la Nochebuena soviética, se servía después. Consistía en arroz, cereales, miel y semillas de amapolas. Por último aparecían los postres navideños; prianiki (un bizcocho de miel), manzanas y nueces. Todo aderezado con vodka para bajar la comida.

Con la peculiaridad de calendarios, Juliano y Gregoriano, algunas festividades se celebraban por duplicado. Según se siguiera el viejo o nuevo calendario. La Navidad en la Unión Soviética albergaba una gran cantidad de actos y espectáculos. Uno de los más representativos era la función del cuento-ballet de El Cascanueces que se desarrollaba en el teatro Bolshói de Moscú.

De particular belleza eran las postales navideñas con las que los soviéticos se felicitaban estas fiestas. No estaban exentas de propaganda, en algunas vemos al Abuelo Frío sacar de su saco misiles para acabar con el enemigo, pero su belleza era indiscutible.

Una vez desintegrada la Unión Soviética, cada ex república afianzó más sus costumbres extintas. En lo que se refiere a la Federación Rusa, muchas de las tradiciones se mantienen hoy en día al igual que la comida típica navideña. La época navideña encerraba en sí misma muchos de los valores soviéticos primitivos. Era una Navidad austera pero con inmenso significado. Todo lo que les hacía feliz lo tenían. Hay testimonios de ancianos rusos que echan de menos aquella forma de celebrar la Navidad, repudiando la mercadotecnia que envuelve la actual del siglo XXI. Como se representaba en aquella película de John Carpenter They Live (1988), la fuerza material de la ideología nos impide ver lo que realmente se consume. En la obra de Carpenter, el protagonista encuentra unas gafas que, al ponérselas, funcionan como crítica a la ideología. Así muestra el verdadero mensaje detrás de la publicidad. No es una película navideña por excelencia desde luego.

Recuerdo leer de pequeño La pequeña vendedora de fósforos de Hans Christian Andersen, creo que mis padres dejaron el cuento a mi alcance de manera intencionada. Su lectura me marcó, automáticamente valoras todo lo que tienes a tu alrededor. Y todo aquel que lo haya leído podrá entenderme. A veces es tan simple como una familia reunida y un árbol decorado con bolitas navideñas al fondo. No podrá negarse que eso es la Navidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s