Menos se perdió en Cuba

«En 1900, el cuerpo español ha vuelto a su nativa desnudez peninsular. ¿Termina con esto la desintegración? Será casualidad, pero el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de la dispersión intrapeninsular. En 1900 se empieza a oír el rumor de regionalismos, nacionalismos, separatismos… Es el triste espectáculo de un larguísimo multisecular otoño, laborado periódicamente por ráfagas adversas que arrancan del inválido ramaje enjambres de hojas caducas». José Ortega

Hace unos cuantos días el jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) Jaime Martínez Buj declaró en referencia a la cuestión catalana que «cuando la metrópoli se debilita se produce la caída» y que «esta cuestión no se va arreglar con la fuerza o los tribunales». También recordó que los militares no tienen ninguna autonomía, en referencia a los que invocan —equivocadamente, como bien ha señalado el general— el artículo 8 de nuestra Constitución, ya saben, esa gente que haberla hayla que pide al ejército actuar por iniciativa propia para defender la unidad de la Nación, gente con ganas de marcha, primos de los adoradores del artículo 155. Los militares en activo no deberían hablar de política, porque siempre produce mal efecto, y porque además deben de ser neutrales y estar sólo atentos a recibir ordenes. Si nos quejamos cuando un militar dice algo que no nos gusta también debemos quejarnos cuando dice algo que nos gusta. Pero no puedo esconder mi satisfacción al comprobar que en las altas instituciones del Estado hay personas cuya lectura de referencia no es el Marca, y que además saben de historia, y que encima sacan de ella lecciones, equivocadas o no, pero lo intentan.

Cuando habla del debilitamiento de la metrópoli el general está haciendo referencia a la deblacle de 1898, a la pérdida de los últimos territorios de ultramar, especialmente Cuba y Filipinas. No es el primero al que en estos días post-9N le ha venido a la mente 1898, es un fantasma que recorre el Sistema, y puede que incluso algunos tengan en mente la cita de Ortega con la que abro la pieza. Inquietud y nervios y no saber bien por dónde tirar. Como ha dicho David Gistau en el ABC a cuenta de lo qué se debe hacer ahora: «…en Madrid las conversaciones cada vez se vuelven más disparatadas…». Entendiendo Madrid como sinónimo del Estado, el Sistema, no confundirlo con la bella ciudad. No es que 1898 y 2014 se parezcan, tampoco es la historia repitiéndose, ni siquiera es historia rimando. Hay demasiadas diferencias entre los dos casos. Sólo tienen en común una cosa: el empequeñecimiento de España a nivel territorial —si este 1898 bis llegara a repetirse, claro, puede que al final todo se reconduzca—. Y todo lo que eso conlleva.

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La situación actual ya es bastante conocida, incluso demasiado, pasamos horas y horas dándole vueltas, y el futuro es una cosa incierta, hablemos del pasado. Veamos cómo fue lo de 1898. Por entonces Cuba era la región más rica de España, tenía trato de colonia, pero para la mentalidad de los peninsulares era una región más de España, «nuestra Lorena» que diría Cánovas del Castillo. Cuba en un primer momento no se sumó a la sublevación general de las Indias durante el reinado de Fernando VII, y hasta los años sesenta no se vivirían las primeras intentonas independentistas. Era el territorio americano con menos población indigena, inexistente, pero contaba con mucha población esclava, población africana, y junto a la población mulata fue de donde surgió con mayor fuerza el ansia independentista. Entre los años 1868 y 1878 se vivió la Guerra de los Diez Años, la cual al final logró ser sofocada por el Capitán general Martínez Campos. Al finalizar esta guerra a la isla se le concedieron nuevas libertades, pero claramente insuficientes para la mayor parte de la población. Era cuestión de tiempo que la tormenta volviera a estallar. Y así ocurrió en 1895, de las manos de Martí y Maceo. El por entonces presidente, Cánovas, destituyó a Martínez Campos y envió al general Valeriano Weyler a sofocar la rebelión. Weyler era conocido por sus colegas como “El carnicero”. Se impuso una política militar.

Cánovas en un discurso del 20 de noviembre de 1896 dejó clara la postura de España en relación con la cuestión, en este discurso están los.ejes de toda la actuación española:

«Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar, y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos”. Racismo, xenofobia, paternalismo. No les voy a engañar: todos los políticos de entonces eran racistas, todo el mundo. No les puedo decir que sólo Cánovas o los españoles, no puedo ser tan cínico como otros que adjudican estos comportamientos raciales sólo a unos líderes o grupos, lo eran todos. Las teorías raciales estaban al orden del día, y en la cuestión cubana era un asunto primordial. Hay que añadir también que Canovas fue quien abolió la esclavitud en la isla, cosa que nadie había logrado por culpa de los terratenientes, principalmente importantes empresarios catalanes —tan amantes siempre de la libertad,ellos—. «Yo creo saber, yo sé, que en los Estados Unidos no hay un solo hombre de Estado serio é  que desee en realidad, la independencia de Cuba (…) La cuestión de Cuba es para España una cuestión interior». Los Estados Unidos presionaban a España para que cediera a las reivindicaciones cubanas y no convirtiera su bajo vientre en una zona conflictiva. Por cierto, Cánovas era demasiado optimista, como veremos más adelante. «Si el ejército español abandonara á Cuba serían las ideas sabias, fecundas, liberales, progresistas de Europa las que abandonarían aquel país». Después de España, el apocalipsis. Hay que decir que hasta 1959 Cuba no era lo que es hoy, era mucho mejor, el país más desarrollado de la zona, mal del todo no les fue —hasta 1959, claro—. «Y estoy dispuesto a ser generoso aún, pero no quiero hacer actos de generosidad, sinó frente á rebeldes vencidos y sometidos sin condiciones. (…) No quiero nada de conciliaciones, nada de medias tintas, ninguna transacción con los rebeldes. (…) Ninguna concesión, ningún paso atrás, ninguna debilidad frente á quien quiere que sea. La razón y el derecho están con nosotros, y tenemos la voluntad inquebrantable de hacerlas triunfar». Mano dura, enrocamiento, inflexibilidad. La campaña de Weyler basada en estos principios continúo adelante, sin grandes éxitos y con la población cubana en contra, especialmente los campesinos —sobre todo los de las provincias orientales— encarcelados en los campos de concentrión —tal como suena, allí murieron un tercio de los recluidos— para que no se sumaran a la rebelión, Política de Reconcentración la llamaron. Sin concesiones. Cánovas sería asesinado el de 1897 en un balneario de Arrasate; uno de los motivos que esgrimió el asesino, el anarquista italiano Angielillo, fue la guerra de Cuba.

Con el asesinato de Cánovas encargaron a Sagasta la formación de un nuevo gobierno. Este fue mucho más tolerante y dialogante que Cánovas. Reemplazó a Weyler por Ramón Blanco —el cual no paró la guerra pero sí la Reconcentración y por lo menos no estaba chalado— y concedió a la isla un estatuto de autonomía muy amplio, casi reconociendo la independencia. No sabemos si esta nueva manera de afrontar el problema hubiera funcionado, seguramente no, pero nunca lo llegaremos a saber. El gobierno norteamericano envió el acorazado Maine a La Habana para “supervisar” la nueva política, pero el 15 de febrero estalló misteriosamente, muriendo en el incidente la mayor parte de la tripulación Los estadounidenses dijeron que había sido un ataque español, en honor a la verdad, seguramente fue un accidente, pero cualquier excusa era buena, y esto los hizo entrar en guerra a favor de los insurrectos. A partir de entonces fue todo bastante rápido. El día 28 de abril se iniciaba la Guerra Hispano-americana y el día 12 de agosto despúes de haber destruido la totalidad de la Armada española tanto en Cuba como en Filipinas, se acababa la guerra. El Gobierno y la cúpula militar habían subestimado claramente el poderío militar de los Estados Unidos, todos menos el pobre almirante Cervera, que sabía que iba al matadero, pero nadie le hizo caso. Y es que las glorias pasadas son muy bonitas, pero no te permiten ganar batallas actuales, eso muchos no lo vieron en 1898. El día 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París por el que España perdía Cuba, Filipinas y Puerto Rico, y el 1 de enero de 1899 España cedía la soberanía sobre la isla. Ironías de la historia, el último Capitán General de Cuba, Adolfo Jiménez Castellanos, abandonó la isla a bordo del vapor «Cataluña».

Biel Figueras | @rincewindcat

 

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