Paradojas cautivadoras

El arte en mayúsculas siempre juega al escondite. Huye del fruidor hasta un claro en mitad del bosque que es la obra, y sólo allí se muestra tal y como es. Que el espectador decida perderse en la arboleda para disfrutar al máximo del mensaje del autor es una acertijo a resolver lejos del alcance de cualquiera.

Una de las principales funciones que le atribuyo al arte es el entretenimiento, seguido de la transmisión de información. Por lógica, disfrutamos más de lo que nos entretiene cuanto más tiempo nos tiene ocupados. Si nos centramos en el cine, podríamos clasificar las películas en función de dos variables temporales: el tiempo que dura la película, y el tiempo que nos mantiene entretenidos. Atando cabos, son de mayor disfrute no aquellas que tienen mayor duración, sino aquellas que nos brindan entretenimiento de manera póstuma al visionado de la cinta.

El lenguaje connotativo (la principal conexión con el espectador una vez ha abandonado la sala) hace que ‘Interstellar’ sea algo más que, como dicen algunos, un intento de Christopher Nolan de imitar a Stanley Kubrick pero utilizando IMAX. La influencia es innegable, pero eso va ligado a las generaciones de artistas que pretenden superar a sus predecesores. No ha utilizado simbología y trasfondo; ha ido más allá. Ha encajado en una maravilla de la ciencia ficción un mensaje acebollado con muchísimas capas de información que no van a incluirse al completo en este artículo. Por mi incapacidad de entenderlos todos con la dignidad que merece el director, y porque no quiero estropear un análisis sencillo con una extensión inadecuada.

interstellar

Las teorías relativistas de Kip Thorne (astrofísico) en las que se apoya la película están perfectamente llevadas a la pantalla, con una carga muy importante de conceptos técnicos pero sin demasiada dificultad de comprensión. Quizás sea casi obligatorio volver a verla de nuevo para comprender (¡disfrutar!) algunas partes de la trama, pero no lo veo como algo negativo. Nolan ya lo hizo con ‘Origen’. Incluso con la saga de ‘El Caballero Oscuro’, lo cual me parece más significativo; ofrecer al espectador las piezas de un puzle de moral y política, todo alrededor de la figura de un superhéroe, lo considero de una dificultad asombrosa. Volver a verlas dejaba la sensación de tener delante una película nueva (quizás más con Origen), y es justo lo que ofrece el director en su última obra.

Estos aspectos físicos y tecnicistas -más propios de un documental que de cine de ciencia ficción- y la temática cargada de sentimientos, encajan como una partida perfecta de Tetris, donde a medida que amontonamos piezas del argumento vamos despejando incógnitas del mismo. La familia y el amor como motor principal de las duras decisiones que asaltan a los personajes: ¿Agarrar la oportunidad de salvar a la humanidad y abandonar a tu familia o quedarte y morir con ellos? ¿Mentir a tus hombres y a tu hija sobre la verdad de su misión o decirle la verdad y que eso los eche atrás? ¿Guiar el rumbo de una nave espacial por la razón y los datos o por amor a un hombre? ¿Merece la pena afrontar una misión si cuando vuelvas puede que tu familia no esté viva para verlos? Son algunos de los ingredientes que dan familiaridad, sensibilidad y un alto grado de empatía a la película. Doy gracias al director por haber sido capaz de reflejar la fuerza del amor entre personas que se quieren, sin necesidad de que el motor del argumento fuera ‘chica odia a chico’, ‘chica en peligro’, ‘chico salva a chica’, ‘chico y chica salvan a la Tierra y se casan’. Era muy fácil haber caído de lleno en el tópico.

La carga de emociones y variables abstractas es constante, y están acompañadas de simbología que pretende armonizar ciencia y religión:

Un territorio asolado por las plagas (Egipto, representado por la Tierra). Un elegido (Moisés, representado por Cooper) para guiar al pueblo hasta la Tierra Prometida, guiado por una fuerza en la que cree (Dios, representado por el amor) pero que aún no está capacitado para entender. La misión Lázaro (personaje bíblico que revive de entre los muertos). Referencias a la separación de las aguas y a territorios desérticos. Moisés, ayudando a su pueblo a llegar a la Tierra Prometida -y quedándose a las puertas de ella-. Un sinfín de referencias a la liberación del pueblo de Israel, adaptadas a una aventura como las de antes, con los medios de ahora.

Es fácil tenerme horas viendo cine si la película es medianamente llamativa. Lo complicado es elaborar una superproducción de tres horas y que se me haga corta. Ayudan muchísimo los giros constantes y nuevos peligros a los que se van enfrentando los protagonistas, las incógnitas que se dejan abiertas hasta el final –y quizás más allá–, y la interpretación de los actores. Hace ya tiempo que McConaughey se dejó ver como un actor que podía hacer algo más que encandilar muchachas. Puede sufrir, ser valiente, sensible, sincero, familiar… o todo a la vez. Y quizás no debería opinar sobre Anne Hathaway, ya que yo mismo dudo de mi sinceridad a la hora de valorar a esta mujer. Nunca se es muy objetivo con todo aquello que nos gusta, pero ella es fantástica.

Después de disfrutar de tan espléndido montaje, la confusión es la única idea perfectamente pulida que tengo. Y quizás por eso es maravillosa; porque la paradoja -como el amor-, nos gusta incluso cuando duele.

Mario Hidalgo | @SherlockBond_

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