Delicia entre interrogantes y silencios

Desde el hype justificadísimo que engendró la primera temporada de True Detective con unos sobresalientes Woody Harrelson y Matthew McConaughey y mientras espero que llegue el desenlace de Don Draper (Mad Men), no había vuelto a sentir tanto interés e intriga por una serie. Hasta que me topé casi por casualidad con The Leftovers. Era finales de agosto y en Canal+ anunciaban una nueva serie que me sedujo a primera vista. No necesité mucho más para convencerme a mí mismo de que aquello prometía así que decidí programar el iPlus.

The Leftovers, cuyo debut alcanza los 10 episodios, es el enésimo producto de la gran HBO, sello de producciones magníficas como la propia True Detective, Sex and The City, The Sopranos, The Wire, True Blood, Boardwalk Empire o Game of Thrones. El nuevo y enigmático drama de HBO está creado por Tom Perrotta –autor de la novela que da origen a la serie- y Damon Lindelof, este último uno de los artífices de la inolvidable Lost. Algunos allá por mayo de 2010 pasamos la noche en vela con los amigos, quemando horas con la Play Station mientras esperábamos a la emisión del último capítulo en Cuatro. Y si Lost, entre otras muchas cosas, no dejó indiferente, The Leftovers te manda en parte el mismo mensaje. Muchas más preguntas que respuestas.

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Los interrogantes y los silencios, embelesados con la música, consiguen crear una atmósfera emocional única. Empezando por una trama que parte de la desaparición repentina de 140 millones de personas, aproximadamente un 2% de la población mundial, y cómo la sociedad intenta sobrellevar tan inexplicable suceso 3 años después. Temores, lamentos, sentimiento de culpabilidad por lo sucedido, paranoias, el papel de una más que misteriosa secta que aboga por el voto de silencio como redención (Guilty Remnant)… La serie dibuja una amalgama de sentimientos y emociones como pocas. De aquí que pueda conectar fácilmente con el espectador a pesar de ser algo lenta. No te puede dejar indiferente. La amarás o la detestarás pero no te importará hablar de ella. Y en parte gracias a la calidad y fuerza de sus intérpretes. El principal protagonista, Kevin Garvey  (Justin Theroux), ofrece garantías y empaque, como su hija Jill (Margaret Qualley), personaje fascinante, sobre todo en lo que se refiere a actitud con su padre. Y su mirada acompaña del silencio. Otra Garvey, en este caso la mujer de Kevin –Laurie, interpretada por Amy Brenneman-, se antoja como clave para ir perfilando parte de una narrativa que no deja de crecer capítulo a capítulo. En la secta citada anteriormente, los silencios son la nota predominante y todos sus miembros lo bordan. Casi siempre cigarrillo en mano y hasta el punto de llegar a desesperar o sugerir impotencia en el resto de ciudadanos normales y el telespectador. Destacar por último la presencia de Liv Tyler, que otorga mayor renombre al reparto si cabe y cuyo papel no vamos a desvelar por aquí. (¡A ver la serie!)

Una serie, en definitiva, que puede reflejar una de tantas paradojas de la sociedad posmoderna. De esas que cuesta especialmente asumir y digerir: más preguntas que respuestas. Más dudas que certezas. Sombras y luces. Y todo con unos personajes que sienten y transmiten fácilmente esas emociones a quién se sienta al otro lado de la pantalla. The Leftovers es una delicia en tiempo de incertidumbre. Una incertidumbre a la que debemos abrazar más de lo que acostumbramos. Dadle una oportunidad. O dos.

Jordi Iglesias | @chopi_8

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