Radiantes de Hispanidad

El barrunto de que algo inusual se cocía durante la festiva mañana del día de la Hispanidad se afianzaba bien temprano en el metro que parte desde la ciudad de Badalona, localidad metropolitana gestionada por el gobierno popular de Xavier García Albiol. El mismo lugar que hace apenas una semana acogió una concentración de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) capitaneada por la consejera Rigau o el presidente de la Associació de Municipis per la Independència (AMI), Vila d’Abadal, comprobaba cómo esta vez desfilaban hacia las vías subterráneas varios ciudadanos, en su mayoría excedidos en la cincuentena, con banderas de distinto signo empuñadas, ya fueran la bandera constitucional o la señera.

Vestidos con galas de domingo, no querían llegar tarde a la cita, la manifestación convocada por la organización Societat Civil Catalana (SCC), que tuvo lugar a las doce de la mañana en el centro de Barcelona. Los vagones del tren, inundados por un desacostumbrado perfume de un contundente olor a tercera edad, fueron testigos de los cánticos iniciáticos a lo que sería la cúspide de la posterior manifestación: “Torero, torero”, vitorearon algunos alegremente.

Una vez llegados a su destino -la movilización les emplazó en la céntrica Plaza de Cataluña-, desplegaron sus banderas y se unieron a la muchedumbre, que no entendía de uniformes o colores corporativos, si bien sí era fácil vislumbrar cantidades notables de corazones ciudadanos y camisetas celestes (marca de la gente legal del PPC). Antes de que dieran las doce, hora en que comenzarían los parlamentos, un grupo de unos cien voluntarios sacudía una megabandera mitad rojigualda mitad cuatribarrada ante la mirada curiosa de varios transeúntes foráneos y algún que otro paisano de veredictos menos simpáticos: “Diria que esteu una mica sonats“, protestaba en soledad una mujer con expresión de abandono.

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Entretanto, destacadas personalidades de la política catalana y española aprovecharon la puntualidad de los suyos para sumergirse entre las masas a repartir saludos. Algunos, como Alicia Sánchez-Camacho (líder del PPC) o Albert Rivera (líder de Ciutadans) prestaron su figura para tomarse fotos con quiénes las pedían. Lo mismo hicieron García Albiol o Toni Cantó (diputado de UPyD en Las Cortes), quien sorprendió a una mujer que esperaba para pedirle un autógrafo mientras se desprendía del corazón tricolor que lucía en el pecho a modo de pegatina (insignia de C’s) replicándole: “Por mí no te lo quites, mujer”. Menos bañados entre la bochornosa multitud, aunque sí acalorados por los más acérrimos de sus seguidores, dejaron huella también el periodista Arcadi Espada o Cayetana Alvárez de Toledo, impulsores de la plataforma Libres e Iguales (LeI).

Llegada la hora de los discursos, pasaron por el atril diversos de los dirigentes ante una Plaza Cataluña en la que hacerse hueco suponía una afanosa tarea. Aún así, pese a los pisotones, los manifestantes no dejaron de compartir comentarios afables ni de mostrar rostros risueños entre sí. Largos aplausos interrumpieron los mensajes que pronunciaron los ponentes, que se movieron entre críticas contundentes al nacionalismo, un nítido rechazo a la ola soberanista en la que está sumergida la política catalana y la reivindicación de los lazos afectivos entre los catalanes y del resto de españoles. Las pancartas que portaban los ciudadanos; acordes con los discursos, y como es habitual en las manifestaciones de cualquier tipo, las hubo más emotivas y más legalistas. Entre tanta consigna, se hizo difícil captar un único mensaje, quizás bien definido por uno de los portavoces de SCC: “Somos catalanes. Nadie nos da lecciones de catalanidad”, sentencia que aunó grandes aplausos y vítores por parte de la ciudadanía.

El fuerte calor que causaba un atípico sol radiante para la fecha -¡No llueve!, canturreaban algunos en alusión a las apoteósicas lluvias anunciadas por TV3- no amedrentó a los manifestantes, que permanecieron con entusiasmo en la escucha de los adalides del constitucionalismo en Cataluña. Algo antes de las dos de la tarde comenzó a disiparse la multitud, que comentaba la jugada haciendo hincapié en la satisfactoria participación. Hasta pasadas las cuatro de la tarde, podían verse, desde un bar ubicado en la zona alta de la capital catalana, familias enteras de clase media ataviadas con banderas españolas regresando del centro, así como grupos de jóvenes a los que el sudor les emborronaba las pintadas en rojo y amarillo que horas antes habían lucido.

Andrea Martínez Molina | @Andreamarmol_

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