Conspiración, pólvora y traición

A veces voy al cine del mismo ánimo con el que acudo a una boda de un familiar lejano, repleta de conversaciones ‘cuñadiles’ en cada mesa: esperando poder disfrutar al menos de la comida. La semana pasada fue una de esas veces en las que me esperaba disfrutar de gominolas y palomitas –bendita Gran Depresión que las puso de moda en los cines; nada sería lo mismo sin ellas– más que de la película. Bendita equivocación.

El corredor del laberinto (2014) no deja hueco a grandes expectativas si la referencia de opinión es el tráiler. Otra aventura juvenil más –quizás la enésima–, con un pestazo horrible a ser una copia de Los Juegos del Hambre (podríamos mantener esta crítica, de no ser porque ambas obras son adaptaciones al cine de libros publicados en 2009 y 2008, casi a la vez). Dejando el mérito del argumento a la originalidad del escritor, el resto de la cinta tiene un aire positivo que lo aleja levemente de su subgénero cinematográfico, en auge desde hace años (Los Juegos del Hambre, Divergente, Hermosas Criaturas, Crepúsculo, A tres metros sobre el cielo…): aventuras adolescentes acogidas en mundos distópicos, que forman toda una saga. Todas las anteriores tienen elementos en común que esta ha desechado (de momento): amor entre jóvenes como motor principal del argumento, y protagonistas enfocados a ser estrellas con un alto nivel atractivo antes que buenos actores. He acabado saturado de tanto “fanboy”, e ilusiona adivinar esa actitud en la que se prescinde de las ganas de montar una superproducción millonaria para dar consistencia y sustancia a la historia. “Conspiración, pólvora y traición”, recitaba ‘V’ en ‘V de Vendetta’. Y eso se ha intentado en esta cinta. Un plan premeditado contra los hermanos de su propio género.

Son casi dos horas en las que se consigue mantener la tensión de una manera muy aceptable, con giros fantásticos del guión, y un final abierto e inesperado. Presenta incógnitas desde el primer momento que se van resolviendo a un ritmo coherente, mientras se van presentando otras nuevas. Y acabas saliendo de la sala con una sensación muy rara, como la que deben sufrir los “haters” de Benzema en sus grandes partidos: esperabas que fuera peor, mantienes en secreto que te ha gustado, y eres incapaz de explicarlo hasta que te das cuenta: tiene algo que no tienen las demás.

Por puntualizar, quizás la dinámica del argumento se haya agarrado demasiado al público al que va dirigido, y se echa de menos un mayor nivel de tensión y drama en algunas situaciones. La funcionalidad se ha comido a la estética. Al menos por ahora.

Mario Hidalgo | @SherlockBond_

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