Líder de raza blanca

Siempre fue septiembre. Marcado en cursiva a conciencia. Todo el organigrama al completo trabajando meses atrás en busca del respeto del continente europeo y del reconocimiento mundial. Septiembre incluía el Día D en la fábrica de talento más prolífica del baloncesto. USA, o Iu-e-sei llegó a España, dominó el tempo del torneo y finiquitó el mundial con uno de los ejercicios baloncestísticos más virtuosos. Fue superior de inicio a fin, con la salvedad de una contestona España en la fase menos importante. En la de verdad, la del do de pecho, el equipo español fue sepultado con su ego más ridículo por la Francia del capitán Boris Diaw y el lugarteniente Batum. Faltaban los generales Tony Parker y Joakim Noah, dio lo mismo. España optó por contar las victorias antes de jugar los partidos, un plan que siempre termina mal, siempre. Hagan la prueba en cualquier ámbito de la vida. Nada, ni el menor de los retos, resultará tan fácil como para hacerlo sin un mínimo de esfuerzo. Ganar un mundial, tampoco.

Dejando a un lado el terremoto español – se han escrito ríos de tinta como para cubrir el Mediterráneo- y centrándonos en la gloria estadounidense, hallamos una llamativa selección de protagonistas de Coach K, con muchos hombres altos y con aleros inimaginables tres meses atrás. La lista, no obstante, tenía mucho sentido como a la postre se vio. La elección del cuerpo técnico americano fue excelente, como también la gestión de egos y la dirección desde el salto entre dos hasta la última centésima del reloj. Un diez. ¿Mejorable? Difícil, puestos a imaginar si cambiamos varias piezas el resultado final habría sido el mismo, o cuanto menos parecido. Fijando el objetivo en los preseleccionados que se quedaron a las puertas aparece Gordon Hayward.Gordon-Hayward-Paul-George-USA-Basketball-Utah-Jazz-FIBA-World-CupJugador que por sus características no habría desentonado, quizá incluso un sector de opinión más crítico consideraba superior su ratio de aportación que el del presumible y ofrecido por Rudy Gay. El alero-escolta podría haber quedado disgustado con la negativa del cuerpo técnico, pero trazó el camino positivo y aseguró en su página personal que salía muy reforzado de su estancia con el Team USA. Afirmaba ser un mejor jugador defensivo y poseer una mentalidad más fuerte que la de antes de la preselección, gracias sobre todo a la confianza otorgada por entrenadores como Krzyzewski y Thibodeau.

Sus confesiones no son más que el segundo o tercer capítulo del libro que relatará su curso 2014-2015. Y en el que Gordon Hayward escribió su primera línea cuando la franquicia de Michael Jordan le ofrecía un contrato de 63 millones de dólares en cuatro años. Gesto de quilates, la confirmación más certera del nuevo escalón en su carrera. Valorado entonces por las altas esferas del entramado NBA, disipa las dudas que algunas voces y plumas golpearon alegando condición de chico inmaduro y falto de concentración. Dudas que están condenadas a desaparecer por el gesto de Jordan y por la consumación de su matrimonio el pasado mes de mayo. Entendemos pocos actos menos inmaduros que dar el sí quiero.

Hayward no tuvo que hacer las maletas para mudarse a Carolina del Norte porque Utah igualó el montante ofrecido por Charlotte en otro gesto revelador. La franquicia en la que había crecido como profesional dejaba bien claras sus intenciones. Conseguir los objetivos con Hayward y entregarle el rol de líder mediante la firma del nuevo contrato. Puesto que en la pista, el alero-escolta, ofreció el curso pasado indicios de estar preparado para este nuevo reto. Sus promedios de 16.2 puntos, 5.1 rebotes y 5.2 asistencias le colocan como uno de los cinco jugadores capaces de hacer un 15+5+5. Una lista donde conviven nombres de la talla de LeBron James, Kevin Durant o Russell Westbrook. La jet-set.

Utah Jazz vs Oklahoma City Thunder

Su meteórica progresión en anotación durante sus cuatro años como profesional es uno de los pequeños datos estadísticos que bien podrían explicar el porqué de su ascenso a líder del conjunto. Pero no es un dato que ocupe gran importancia en este caso. Porque si algo caracteriza a Gordon Hayward es la inteligencia con la que se desenvuelve en pista, el conocimiento del juego y su capacidad de aportación en todas las facetas posibles. Un gen polifacético que dificulta la tarea de encuadrar al jugador en un molde específico y a la misma vez ofrece una enriquecedora variedad de atributos de peso.

Razón por la que es un jugador efectivo tanto en la posición de escolta como en la de alero. Gracias a un gran manejo de balón, una sólida mecánica de tiro, domina muchas zonas alejadas del aro, y a la altura, aunque no es un jugador corpulento, sus centímetros le dan la posibilidad de fabricar tiros con frecuencia y facilidad. Precisamente uno de sus puntos fuertes es el tiro de media distancia, ahí Hayward domina, y por inercia está en la senda de dominar más sectores cada temporada. Además es un especialista de larga distancia, como demostró en la temporada 12-13 al acertar por encima del 40 % los lanzamientos de tres puntos. Números de especialista. Recuperar esa versión es posible, y haría del escolta-alero perfeccionar un arma poderosa de la amplia gama de cualidades ofensivas que atesora.

En producción anotadora aumenta su incidencia desde el pase. Concretamente con la valiosa asistencia. Su personalidad lo empuja a ser un jugador especial por mecanismo. No es nada individualista, hecho que permite encontrar casi siempre al jugador libre o efectuar el pase tras imantar a los defensores. Esta cualidad aumenta considerablemente por su excelente visión. Sin entrar en exageraciones, Hayward es top five en esta dimensión de aleros en la NBA. Muy pocos en su posición son capaces de asistir tan bien y con tanta frecuencia. En contra de sus grandes dotes conviene hablar de su cuerpo, incluso siendo un jugador alto en su puesto no tiene gran corpulencia para extraer ventajas. Limitaciones tanto para eliminar rivales penetrando hacia el aro como defendiendo a jugadores más fuertes que él. Consciente de sus límites, Hayward ha seguido este verano un plan específico que le ha permitido subir 10 libras de músculo.

A buen seguro espoleado por la responsabilidad que implica firmar un contrato de tantos millones y ser elegido por la empresa que siempre apostó por él para ser el producto estrella. Mirando hacia el pasado y dejando atrás las dudas del inicio del periplo. Las que debe superar un niño en High School cuando tiene condiciones para ser importante en el tenis y el baloncesto. Y está obligado a elegir, a escoger el sueño, a decidir el camino sin saber siquiera el vehículo a utilizar. Sabiendo después que siempre ha sido el predilecto por empeño y cualidades. Protagonista del último tiro ganador en el instituto de Brownsburg (Indiana), saboreando la victoria en su mayor expresión. Y protagonista del shoot más importante del baloncesto universitario en la final de la NCAA, sin la misma suerte, conociendo la derrota en su manifestación más amarga. Con 24 años Gordon Hayward afronta la temporada más importante de su vida. Con conocimiento de causa y cualificado está preparado para el nuevo rol, liderar a la franquicia de Salt Lake City, Utah Jazz.

Guillermo Celma | @GuilleCo10

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