Madres y WhatsApp

Uno de los días más importantes de tu vida es cuando tu madre empieza a usar WhatsApp. Para los que nacimos alrededor de la Caída del Muro y el crepúsculo de la URSS –lo que algunos como Francis Fukuyama bautizaron como el fin de la Historia- es probable que nuestros padres se hayan adherido estos últimos tiempos, no sin quejas y tras muchos meses de reflexión, al universo de los smartphones. En mi caso mis progenitores eran muy reacios a todo lo táctil pero al final han terminado cayendo. Y ahora, especialmente en el caso de mi madre, la evolución ha sido muy satisfactoria.

Cada madre utiliza el móvil según necesidades, gustos o preferencias. A la mía por ejemplo le encanta buscar recetas de comida en YouTube. Sin embargo, todas las madres tienen algo en común cuando utilizan el WhatsApp: les encantan los emoticonos. El día que los descubren supone un punto de inflexión en su relación con el teléfono… y con sus hijos. Las semanas antes de emoticonos (A.d.E) suelen preguntarte día sí y día también para qué sirve esto o lo otro y cómo pueden hacer según qué. Cómo cambiar el sonido de notificación, el color del LED, la foto de perfil, enviar archivos… Aquí entra en juego la paciencia de cada descendiente, que en mi caso no suele ser mucha cuando veo las cosas demasiado evidentes. Mal hijo, lo sé. Entonces te preguntan cómo pueden poner esos dibujos que reciben de sus hermanas más jóvenes o de otras amigas más espabiladas en este tipo de menesteres modernos. “Mama, es ese botón. Lo aprietas y ves, puedes ir seleccionando los que quieras y enviarlos”. Mal hecho. Adiós. Es el fin a la hora de mantener una conversación normal con tu madre por Whats.

Foto: tuexpertomovil.com
Foto: tuexpertomovil.com

Días después de emoticonos (D. d. E.), empiezas a recibir notificaciones. No sabes cómo pero intuyes que tu madre ha debido practicar. Y bastante. A cualquier frase le precede un emoticono. Da igual cuál. No importa que esté fuera de contexto. Los hay normales en frases como “Cenarás en casa” con un beso de corazón delante, un clásico por cierto. Los interrogantes no están puestos adrede. No sé otra gente pero mi madre apenas utiliza signos de interrogación o exclamación. Los emoticonos son sustitutivos perfectos. Otras frases en cambio son más llamativas y difíciles de descifrar. “Qué tal el día”, con el mono que se tapa los ojos delante y el que se tapa la boca detrás. Fascinante, ¿no? O cuando es tu cumpleaños o santo –sí, tengo un nombre fácil de recordar y felicitar- y te envían un párrafo en el que “Felicidades, cariño” ocupa una cuarta parte del mismo. El resto son besos, tartas de cumpleaños, una caja de regalo, globos… y algún animalito. Los animalitos siempre encajan. Nunca están de más en el Whats.

Lo cierto es que mi madre siempre me escribe con emoticonos. Si no lo hiciera, me preocuparía. Cuando le informo de algo siempre me contesta con besos y alguna mueca cariñosa de madre. Ella me recuerda que de pequeñito me dejaba mimar mucho y aconseja a todas las primerizas a “aprovechar cuando son pequeños ya que luego crecen y te dan una patada en el culo”. Mi madre es andaluza, ergo algo exagerada en sus teorías.

No sé si alguna vez terminaremos recibiendo de nuestras madres frases en el móvil sin letra alguna, solo emoticonos, o si la sociedad llegará a comunicarse solamente por esta vía. Al fin y al cabo en el pasado algunas culturas ya se comunicaban con signos e ilustraciones. Lo que sí sé es que a partir de que tu madre descubre los emoticonos del Whats, nada vuelve a ser lo mismo. Guiño.

Jordi Iglesias | @Chopi_8

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