La izquierda liberal

Francia acaba de nombrar a un ministro de economía millonario, joven, y liberal. No liberal de señoritas. Liberal en lo económico. Neoliberal. Peligroso desregulador. La izquierda tradicional, que destacaba por la vorágine del estado del bienestar, se ha dado cuenta de lo que algunos llevábamos años denunciando: esto es insostenible sin un crecimiento poblacional lo suficientemente grande como para relevar a las generaciones anteriores. Francia se encuentra ahora mismo discutiendo algo que para ellos se trataba de algo inamovible: las 35 horas semanales de jornada laboral. Los franceses trabajan 7 horas diarias por el mismo sueldo que si trabajaran 8. Disfrutan de una plétora de ayudas económicas, pagadas con unos altos impuestos. Cuentan con un salario mínimo de 1.200€ brutos, y están preocupados porque su tasa de desempleo es del 10,9%. Una tasa de desempleo que es la mitad de la que puede haber en la Comunidad de Madrid, por ejemplo.

La izquierda parece haberse dado cuenta de que no puede luchar contra las matemáticas. A falta de un banco central efectivo que le dé a la máquina del billete al estilo estadounidense o argentino, Europa ha comprendido finalmente que la solución pasa por lo que la malvada Merkel lleva preconizando casi una década. Austeridad en el gasto. La socialdemocracia alemana también transita por el mismo camino, y el socialismo español ha iniciado su particular transición, con Pedro Sánchez a la cabeza. Los que todavía sean proteccionistas económicos tendrán que plantearse el cambio a Podemos o a IU, que seguirán manteniendo los postulados económicos decimonónicos de la izquierda. La realidad a la que se enfrenta la izquierda es mucho más difícil de asumir de lo que ellos creen. Supone asumir que las políticas que han estado empleando durante más de 50 años son un fracaso.

Foto: elmundo.es
Foto: elmundo.es

Sin un crecimiento sostenido de la población, no se pueden mantener los subsidios, las ayudas y las prebendas. La única forma de hacerlo es subiendo los impuestos, como decía Piketty. Pero cuántos de nosotros estamos dispuestos a ver cómo la mitad de nuestra renta se convierte en dinero listo para ser redistribuido. La izquierda, cuyos postulados sociales de igualdad, libertad individual y respeto comparto plenamente, y cuyos postulados económicos proteccionistas deploro de plano, finalmente ha acabado por comprender que la realidad es mucho más importante que un titular. La realidad es inapelable. La crisis económica no ha sido el final del capitalismo, sino el final de entender el capitalismo como un continente estanco, inmune a los errores de mercado, al tratar de subsanarlos a través de la subvención.

Evidentemente, asumir esta nueva realidad en la que vamos a tenernos que acostumbrar a un mundo en el que nosotros vamos a tener que sacarnos las castañas del fuego. Cuando hablamos de Seguridad Social conviene aclarar que no hablamos de la sanidad en particular. La sanidad se puede mantener. La educación se puede mantener. Hablamos de algo bastante más grave, que son las pensiones. ¿Cómo se pagarán los miles de millones de euros de las pensiones de nuestros padres? ¿O las pensiones de los nacidos entre 1970 y 1990? El problema demográfico es un enorme marrón al que ninguna ideología ha prestado atención, porque lo entendían como natural: en el momento en el que la mujer se incorpora al mercado laboral, no se puede mantener una familia de más de dos miembros sin ayuda externa. Algunos diréis que se puede, pero no podréis negar el enorme esfuerzo que ello supone. La norma desde los 90 son las familias con un único vástago, como es mi caso. Y no precisamente porque no puedan permitirse más, sino porque la incorporación de la mujer al mercado laboral en igualdad de condiciones que el hombre ha provocado que las familias tengan que verse reducidas. Si trabajan ambos, poca gente puede permitirse el lujo de tener una aupair.

Unido a la crisis económica, de la que ya está todo dicho y de la que poco ya tengo que aportar, el panorama es sin duda dantesco. Europa está totalmente estancada. Los asiáticos producen sin regulación laboral ninguna a costes casi nulos. Irán aumentando conforme se vayan desarrollando y se pongan a nuestro nivel, pero la realidad es bastante más difícil de asumir. Es una realidad en la que lo que producimos nos lo vamos a tener que comer. De ahí el surgimiento de formaciones como Podemos, que se sienten totalmente descolgadas de la realidad y de los recortes. Hay dinero, dicen, lo tienen los ricos. Si es el caso de ciertos políticos, es verdad, han robado dinero público. Dígale usted a Amancio Ortega que ha robado dinero público y que lo tiene que repartir. Por fin, parece que cierta izquierda se da cuenta de que al final, la economía no se basaba en repartir, sino en generar.

Guillermo Gómez de Salazar | @guillermogdsr

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