Cromosoma XX

Dos días ha estado abierto en mi ordenador este documento de Microsoft Word -sin licencia- que voy a mandar a la redacción cuando cuadre el último punto. La recta final de agosto me ha dado seis grados más en el termómetro, a cambio de toda la -poca- inspiración repentina que suelo desplegar al escribir. La próxima vez probaré en el baño, como Carlos.

Por culpa de un café que por poco acaba en los juzgados, me llegó de golpe una de esas ideas que son musa, papel, pluma y cuerpo de texto en un mismo compás de teclado. Porque si una mujer –todas, una, o algunas- no te inspira para encadenar palabras hasta que tu cansancio diga basta, no eres un hombre. Y no me importa tu inclinación sexual, sea cual sea ahora que hay tantas.

Foto: elperiodicodearagon.com
Foto: elperiodicodearagon.com

El creacionismo ha echado a perder su mejor argumento desde el instante en que no concluye que no pudimos, hombre y mujer, evolucionar a la vez de la misma especie; por una sencilla razón: ellas están mejor hechas. Son sin lugar a dudas la versión mejorada de la beta que un novato en programación genética quiso probar. Un segundo intento con mejores resultados. Nadie empieza sus primeros días de trabajo con buen pie, y Dios no iba a ser menos que cualquiera. “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn 1:26). Artistas, pintores y escritores, equivocados durante siglos: Dios es mujer.

Llegan a cualquier lugar adornadas en el desparpajo (con discreción) y la certeza de saber que las están mirando; porque pueden. Aunque lo normal es que nadie te denuncie por pedirles un café, ellas no van a darte esa oportunidad si no quieren. Porque no les apetezca, por sus días del mes, o porque no eres su tipo. Mandan ellas, y cuanto antes lo asumes mejor te adaptas a lo que recibes cuando, en un alarde de valentía y coraje, dejas caer tus patosos pavoneos frente a la susodicha de turno. Y sí, quizás consigas un café (atento a la funda de su smartphone), pero sólo si ella quiere. Despreocupadas, precavidas, organizadas y meticulosas hasta en el último pelo que se ha escapado del flequillo. No dan una respuesta clara porque sin indecisión nada sería tan “divertido”. Responder a la primera lo que queremos escuchar es la improbabilidad llevado al absoluto, que se torna en lo imposible. Ser orgullosas, mucho la que menos, es parte de su encanto –si acaba en divorcio deja de ser encantador- y su idiosincrasia. Emocionalmente inestables, despiertan los cuatro sentidos de los hombres –hay pocos con tacto- para obligarnos a estar pendientes de qué necesitan.

Siendo esto así, mágico y complementario a la figura masculina –a nosotros que nos describan ellas-, al hartazgo me han llevado algunas. Porque si años de evolución, décadas de sufrimiento, opresión y desigualdad, han sido necesarios para hacer al hombre y a la mujer una pareja maravillosa con la que mantener a la especie más inteligente del planeta –aunque algunos me hagan dudarlo-, no entiendo esa necesidad de romper con los esquemas actuales sin dejar descansar al feminismo más feroz. Se me hace incomprensible que en una de las épocas más favorables para la mujer e igualitarias (o justas, iguales no somos) con el hombre, sea cuando más se aviva ese sentimiento victimista por el yugo heteropatriarcal inexistente. Porque luego de enterrar al dictador, fueron tras él los tradicionalismos más rancios, y la democracia trajo igualdad en la medida de lo posible y de manera gradual -Roma no se hizo en un día-. Pero hay quién no se ha dado cuenta. Desconozco el motivo y no me preocupa, pero la corriente postfeminista es anacrónica en toda la expresión de la palabra. Y sin entrar a valorar factores físicos -allá cada uno con su vello-, me parece un movimiento destructivo que no puede encontrar lo que busca. No hay un grado mayor de igualdad -porque hombres y mujeres no somos iguales- sin forzar al ser humano contra los límites de su naturaleza libre y distinta: el socialismo del género. Son preciosas siendo distintas, y algunas no se dan cuenta de que parecerse a un hombre no es nada bueno.

Mario Hidalgo | @SherlockBond_

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