Los reencuentros

Reencontrarse es como cuando a uno le vuelven a coser el tajo de un corte; al principio se siente extraño y torpe, y luego ni se entera de que verdaderamente estaba cosido. Los veranos son para los reencuentros. Con la familia, la mujer, los hijos, los hermanos, los amigos. Quien al final del verano no desea un poco de rutina es un enfermo, a todos nos gusta debatir sobre las batallitas que ha deparado el estío, los ligues respectivos, las noches depravadas, las chicas, los chicos. Reencontrarse alude a uno mismo, puesto quien se reencuentra es una pequeña parte del yo que está en el otro con su ser, una pequeña sinergia que completa a todo aquel que se reencuentra.

Los reencuentros tienden a la idealización, pero nada como imaginar su cara en la estación del tren esperando a que salgas del mismo. Muchos Rodríguez aprovecharemos este pequeño puente para reencontrarnos con esa parte de nosotros que albergan aquellos con los que volveremos a ver. Ansío reencontrarme como el que mira por la ventana del avión, pensando en todo lo que tiene que contar, a su otro yo reencontrado. Porque la versión que dejamos en los demás debe ser auténtica. Si no, deja de ser un reencuentro para volverse un tormento insufrible.

Guillermo Gómez de Salazar | @rickwwayne

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