Luis Buñuel, un autor único

Sobre Luis Buñuel se ha escrito mucho, no digo demasiado porque nunca se debe utilizar tal adjetivo ante algo tan exquisito. Don Luis es patrimonio nacional. Sinceramente puedo decir que me siento orgulloso de haber nacido en el mismo país que Buñuel. Y este país no siempre le trató bien. En la siniestra y oscura época del franquismo, la cultura estaba apartada. El cineasta aragonés relata en su libro autobiográfico ‘Mi último suspiro’ cómo el bando franquista, durante la Guerra Civil Española, recorría las calles de Madrid al grito de “¡Muerte a la cultura!”

Posiblemente, tras ese episodio, tomó la decisión de exiliarse como tantos otros hicieron. El éxodo cultural, para dejar paso a la miseria y a la vergüenza, lo conformaron, entre otros; Rafael Alberti, Francisco Ayala, Severo Ochoa, Jorge Guillén, María Zambrano, José Ortega y Gasset, Ramón J. Sender o Fernando de los Rios. Lo que hubiéramos ganado y prosperado culturalmente con toda esa gente en nuestro país. Eso indignó profundamente a Buñuel. Nunca pudo perdonar, a lo largo de su vida, lo que el franquismo supuso para su querida España. Sus paisanos quedaban ahora relegados a la misa diaria, a convivir con la pena de muerte y a mirar hacia el arte a través de los ojos de la censura.

Los entresijos de la vida de Buñuel darían para otro artículo. Leer sus memorias (‘Mi último suspiro’) es un placer que recomiendo no sólo a los cinéfilos sino también a cualquier persona que quiera acercarse a las costumbres y modas de su época. Todo el relato de su vida lleva marcado el sello Buñuelesco. Particularmente me centraré hoy en su cine.

El cine de Buñuel es un exponente del singular concepto de ruptura de todos los convencionalismos que estaban anclados a un tiempo y un contexto cultural. El carácter innovador de su obra es ya hoy toda una referencia clásica. Pero la sensación que me da es que Luis Buñuel es un personaje relativamente investigado pero muy poco divulgado. Tal vez sea por la costumbre española de valorar más lo de fuera que lo nuestro. Don Luis posee obras que han sido encumbradas por otros gigantes del cine como Tarkovski, Bergman, Hitchcock o Lynch. En México o Francia, Buñuel tiene un reconocimiento absoluto y de veneración. En España sigue teniendo algo de cineasta en el ostracismo.

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Luis Buñuel era un cineasta arraigado a estereotipos culturales y religiosos vividos en su infancia, en el pequeño pueblo de Calanda. Una infancia plagada de impulsos reprimidos por los convencionalismos. Luis era un niño diferente a los demás. Sentía devoción por un burro muerto lleno de moscas o por los zapatos de una muchacha. Su ser estaba enjaulado en el atrasado pueblo de Calanda. La composición artística de Luis sienta sus bases en su llegada a la Residencia de Estudiantes de Madrid. Allí convive con Federico García Lorca,  Salvador Dalí, Juan Ramón Jiménez o Rafael Albeti. Él mismo reconoce en sus memorias que su estancia allí fue clave para su formación cultural.

Tras la Residencia de Estudiantes, el otro foco de influencia que tuvo el aragonés fue el grupo de André Breton, Louis Aragon y Philippe Soupault; miembros fundadores del movimiento surrealista. Buñuel toma contacto con los principios del movimiento, lee obras censuradas en España como ‘Las 120 jornadas de Sodoma’ del Marqués de Sade (influencia clave para los surrealistas) y entabla amistad con los principales miembros del grupo surrealista. Toda esta riqueza cultural, desde la Residencia de Estudiantes hasta su estancia en México, será la raíz compositiva de toda su filmografía.

Intento plasmar sobre estas líneas un sentimiento que permita al lector de este artículo notar que le imploro el visionado de la filmografía de Luis Buñuel. No sé cómo hacerlo así que directamente lo digo: es imprescindible y usted, lector, debe ponerse desde ‘Un perro andaluz’ hasta ‘Ese oscuro objeto de deseo’, pasando por ‘Los olvidados’, ‘Él’, ‘Ensayo de un crimen’, ‘Nazarín’, ‘Viridiana’, ‘El ángel exterminador’, ‘Bella de día’, ‘Tristana’, ‘El fantasma de la libertad’ o ‘El discreto encanto de la burguesía’. No puedo dejar de citar sus principales obras maestras. Me es imposible dejar algunas fuera y recomendar dos o tres. Los títulos citados anteriormente son una cátedra cinéfila al alcance sólo de Don Luis Buñuel.

Buñuel era “ateo gracias a Dios” pero en sus películas trataba con cierto respeto a la religión no sin dejar, de manera camuflada, su mensaje. Con frecuencia, el aragonés se mostró vestido de monja o cura (como en ‘Él’) sin tener la intención de ridiculizar a los religiosos sino todo lo contrario.

Era un maestro para plasmar en la pantalla las cosas que inquietan a todo ser humano, como era la muerte y el más allá. Mostraba una actitud rebelde ante los dogmas y convencionalismos sociales, ahondando así en los deseos reprimidos que esos mismos dogmas impedían. Era un autor que utilizaba la transgresión como mecanismo de liberación irracional de los deseos.

Don Luis bebe mucho de Ramón Gómez de la Serna, sobre todo en la utilización del lenguaje como elemento lúdico. Juegos de palabras con doble sentido, metáforas y paradojas. Buñuel plaga sus películas de pequeños detalles, de diálogos ambiguos y de doble sentido. Te expone, te muestra pero nunca te responde. Deja al espectador para resolver los interrogantes. En este apartado tenía a Andrei Tarkovski como principal admirador, el cual admitió en más de una ocasión su admiración hacia Luis. Llegando a decir que era uno de los cineastas a los que más próximos se sentía. El soviético hablaba así del aragonés:

La fuerza dominante de sus películas es siempre el inconformismo. Su protesta se expresa sobre todo en la textura sensible del filme, y es emocionalmente contagiosa. (…) Buñuel tiene demasiado instinto artístico como para dejarse llevar por una inspiración política, la cual, desde mi punto de vista, es siempre espuria, si se expresa abiertamente en una obra de arte. (…) por encima de todo, Buñuel es el portador de una conciencia poética. Sabe que la estructura estética no necesita de manifiestos.”

Otro rasgo principal de la obra de Buñuel es el concepto que atribuye a la mujer como, parafraseando el título de su última película, un oscuro objeto de deseo. El fetichismo femenino está presente en la mayoría de sus obras. O por ejemplo la posesión imposible del cuerpo femenino, que aparece como una obsesión en la filmografía de Don Luis. Rasgos que son fruto de una timidez ancestral del propio autor y el concepto de sexualidad que se tenía en el concepto del autor. Aquí surge un paralelismo entre Buñuel y Sade (interesante libro sobre el tema de Manuel VillegasSade y Buñuel, el Marqués de Sade en la obra cinematográfica de Luis Buñuel’). Luis trata a la mujer como elemento reivindicativo. Plasmando sus ataduras en la pantalla y mostrando el camino para romperlas, a la vez que los convencionalismos sociales. De ahí la mítica escena final de ‘Viridiana’ con Silvia Pinal rompiendo cualquier prejuicio. Es un tema recurrente que alcanza su clímax en la etapa francesa de Buñuel con ‘Bella de día’. Papel clave para Catherine Deneuve como mujer liberada, cercana al libertinaje, plasmada por el cineasta de manera magistral. Todo se engloba en la pícara mirada de Don Luis hacia el universo femenino, una especie de guiño cómplice a la mujer.

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En una ocasión Eugenio D’Ors afirmó: “Todo lo que no está en la tradición es plagio.” Buñuel hizo suya esa frase, la cual sintetiza toda la esencia de Luis Buñuel como autor. Buñuel utiliza los elementos tradicionales para crear a partir de la irracionalidad. El cine del aragonés es sueño de lo cotidiano.

Buñuel conforma sus bases creativas entre filias y fobias, las cuales representa en su obra. Es ciertamente importante conocer la vida de Don Luis para entender muchas de sus escenas.

Entre sus filias destacan Sade, el frío, el norte, lo gótico, el ruido de la lluvia, los obreros, las piernas femeninas, Fellini, Kubrick, las armas, los hermanos Marx, la soledad, los enanos, Galdós, Dostoievski, las serpientes, las ratas o John Huston.

Por otra parte, sus fobias las conforman Cahiers du Cinema, Hemingway, las multitudes, Rossellini, los sombreros mexicanos, los banquetes o Borges.

Luis Buñuel tuvo en el cine su forma de vivir la vida. Nos dejó una filmografía a la cual considero como un regalo. Pocas veces he disfrutado más que leyendo su autobiografía ‘Mi último suspiro’ y nada iguala el visionado de una de sus obras maestras cinematográficas. Buñuel es uno de esos autores que entran para quedarse dentro del ser humano, siempre que encuentre las condiciones adecuadas para ello en su interior.

Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba.” Palabra de Luis Buñuel.

Andrés Rublev | @AndresRublev

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