Un verano sin verano

Me quedé trabajando en la redacción de Vozpópuli. Podría haber elegido irme a vivir la dolce vita a Marbella, pero decidí quedarme trabajando en Madrid. A veces, no sé si soy muy consciente de lo que ello implica, pero igualmente, decidí quedarme aquí. Justo, la semana pasada me avisan desde la dirección de la Highway de que van a lanzar una sección en que llevará por título #TheRodríguez. Y aquí estoy yo, un perfecto Rodríguez, escribiendo una columna de Rodríguez. Veréis, no se está tan mal solo en mi casa, tengo el Martini, las terrazas, las aceitunas y las patatas a mi disposición, el café para mí solo, el ordenador accesible en todo momento, revistas no me faltan, libros tengo, y de ocho a tres hago lo que más me gusta del mundo que es escribir, documentarme, y mantenerme informado. Sí, es un verano sin verano. Tengo la piscina en casa, y aprovechando que en esta ciudad hay pocos Rodríguez, la tengo prácticamente para mi uso y disfrute. He decidido hasta afeitarme. No está bien quedarse barbilampiño, como si hubiese quedado abandonado por no sé qué buena razón, viendo buen cine. Pero solitario, de todas formas. Ha sido un verano entretenido informativamente hablando: la Infanta, Pujol, del que he escrito largo y tendido… Pero ha sido un verano poco inspirado en cuanto a historias y columnas se refiere. Necesito que vuelva el invierno para poder escribir con una taza de café y el jersey de cuello redondo, con una semana de vacaciones me conformaría en verano. Así estoy, delante del ordenador. Vendí un teléfono y creo que puedo gastarme lo que me ha costado en invitar a Carlos Hortelano a una hamburguesa en el New York Burger o a algún libro. El martes se viene con Sendino, eso está bien. Estaba haciendo cábalas de lo que me va a costar quedarme aquí. Ahora mismo tengo 600€, una botella de Martini, dos de ginebra, la nevera atestada de tónica Schweppes y bastante poca comida. De hecho, no sé ni qué voy a cenar aún, Jesús, he escrito 338 palabras y aún no sé qué voy a cenar esta noche. Así es la vida de un Rodríguez, intuyo. Acabarse el cigarro y resignarse a madrugar mañana, pasearse por una ciudad fantasma, como es Madrid, deambular por según qué lugares y encontrar la paz, el silencio.

Guillermo Gómez de Salazar | @rickwwayne

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