Shangri-La

Contaba Truman Capote que él necesitaba escribir en posición horizontal, café y cigarrillo, que es la misma posición que adopto yo para los polideluxe: sospecho que mi sentimiento de culpa es parecido al suyo cuando se dedicaba a blanquear la imagen de Perry Smith. Joyce también escribía acostado, boca abajo, y así surgió el Ulysses. Quizá no sea buena idea.  A Thomas Wolfe y a Flaubert les daba por tocarse, y con eso mataban dos pájaros de un tiro.

Si sufro un bloqueo mientras escribo me pongo a dar vueltas por casa con el ordenador a cuestas buscando un ambiente más inspirador. Como si quisiera recibir WiFi de estrangis, pero con propósitos más loables. Hace pocos días me ocurrió tal incidencia, y así fue como pasados unos minutos de desorientación me vi pulsando teclas sentado en la taza del váter. Esto fue para mí una epifanía, mi dorado, mi Shangri-La. Si hubiera sido un váter japonés, de esos que echan chorritos de agua de colores (todo está en Los Simpsons), podría haber escrito la gran-novela-americana. Pienso entonces en la mala suerte que tuvo el pobre de George Michael.

A JK Rowling la idea de Harry Potter le surgió en un trayecto ferroviario por Inglaterra, observando qué verde era mi valle de Teesdale. Solazándose con ello. Es algo que luce bastante más en las biografías que contar que creó a su personaje mientras estudiaba el alicatado del baño y pensaba cómo acabar con la suciedad de las juntas. No es algo estético, pese al empeño exhibicionista de la generación Tuenti (esa que ha invadido Twitter ante nuestra negligente indiferencia), la misma que ha convertido las fotos frente al espejo del baño en un bodegón postmoderno. Afortunadamente a Hopper nunca le dio por pintar esto.

Alguna vez he intentado escribir en el tren, pero lo más que me ha inspirado ir sobre raíles ha sido una profunda repulsión por esos niños que piden insistentemente el iPad a su madre. En este sentido los nuevos vagones silenciosos del AVE son una magnífica noticia y un acicate para darle a la tecla. Un vagón para emprendedores literarios. El próximo Jenaro montará una editorial.

Carlos Hortelano | @CarlosHortelano

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