Los olvidados

Luis Buñuel comenzaba su obra maestra ‘Los olvidados’ advirtiendo de que no era una película optimista. Dejaba la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad. ‘Los olvidados’ de Buñuel eran los niños malnutridos y abandonados que crecen en las grandes ciudades al desamparo social. Yo no tocaré tan espinoso y actual tema, que daría para varios artículos. Mis ‘olvidados’ son otros.

La otra noche viendo el recital de Javier Mascherano en la Semifinal del Mundial, la sangre me hervía. Estaba contemplando la historia social y económica contemporánea personificada en un ser humano. La lucha del peón, carente de los medios de producción, en favor del colectivo. Estaba contemplando como Don Javier se rompía literalmente el ano para ayudar al equipo a entrar en la Final del Mundial mientras la gloria se la llevarían otros u otro.

Los periodistas del mundo se apresuraban a escribir como la Argentina de Messi llegaba a la Final del Mundial. Como Leo metía a la albiceleste en la Final de la Copa del Mundo. Mientras Mascherano, con el culo roto, experimentaba una alegría interior en favor del colectivo. Alegre por ver a los suyos saltar y reír pero, una vez más, el fruto era para otros u otro.

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Digo Mascherano como ejemplo más reciente pero nadie corrió más que Gennaro Gattuso en la Champions 2003, en el Mundial 2006 o en la Champions 2007. Otro futbolista proletario. Otro peón poniendo el sudor al servicio. Aquellos títulos los ganaron Sheva, Pirlo, Kaka’ pero nunca los ganó Gattuso. Otro jugador introspectivo que leía en voz alta a Dostoievski antes de los partidos para al menos ganar protagonismo en el vestuario.

El caso de Roy Keane. Cuanto barro tragó el irlandés para que el pelirrojo Scholes y el bello Beckham tuviesen las espaldas cubiertas, de rivales y de gloria. ¿Quién recuerda al irlandés tuercebotas? Tal vez algún osado vaya a Youtube a ver quién era ese Keane y se encuentre con videos y videos de entradas salvajes. De tuercebotas a asesino, es fácil.

Pasa en el fútbol, pasa en el arte, pasa en la música. Los olvidados. Pocos recuerdan a los Gattuso, Roy Keane, Makelele, Emerson, Mascherano. Ninguno puso la pelota decisiva, ninguno marcó el gol decisivo. Espacio eterno reservado para los Zidane, Pirlo y compañía.

Pasa en el arte. ¿Quién se acuerda de Giorgio Vasari siendo contemporáneo de Miguel Ángel o Da Vinci? Encima el bueno de Giorgio se dedicó a recoger en su libro Vite de’ più eccellenti architetti, pittori, et scultori italiani, da Cimabue insino a’ tempi nostri las hazañas de sus opresores para quedar en tan ingrato olvido.

Nada nuevo bajo el sol. Estamos hartos de verlo a diario. El trabajador al que se le juntan tres vertebras y le salen dos hernias de cargarse peso mientras el fruto de su sudor va para otros u otro. Generalmente para el que baja a la fábrica conduciendo un Porsche a decirle que ese día se quede una hora más. Y que al subalterno se le ocurra alzar la voz, pobre Spivak cuánta razón. Ni siquiera hablar puede en pleno 2014. De mitos y leyendas que iban a ocurrir y al final ocurrieron al revés también podría ir este artículo, cuestión de perspectivas.

Como advertía al principio el artículo, al igual que la obra maestra de Buñuel, no es nada optimista pero “¿qué hacer?” dijo una vez uno. ‘Los olvidados’, de cómo al final resultaron ser útiles. Algunos atajados a tiempo, para otros fue demasiado tarde. Tal vez de eso vaya este artículo.

Andrés Rublev | @AndresRublev

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