No puede

Miré hacia arriba y vi a Japhy corriendo montaña abajo; daba saltos tremendos de cinco metros, corría, brincaba, aterrizaba con gran habilidad sobre los tacones de sus botas, lanzaba entonces otro largo y enloquecido alarido mientras bajaba por las laderas del mundo, y en ese súbito relámpago comprendí que es imposible caerse de una montaña, idiota de mí, y lanzando un alarido me puse en pie de repente y empecé a correr montaña abajo detrás de él dando también unos pasos enormes, saltando y corriendo fantásticamente como él.

Hay aficionados a los toros, hay gente que no entiende de toros. Hay católicos, hay infieles. Hay admiradores de la Roma clásica, haylos de la Grecia ídem. Por motivos jurídicos, no puedo sino decantarme por primeros, cuya lengua además presentaba gran similitud con el gallego. Tal vez no sean el portugués y sus depauperaciones australes los únicos dialectos galaicos. Extraña que nadie, de la pléyade de académicos independentistas que decoran las universidades gallegas, haya reivindicado hasta ahora la paternidad del latín. Urge actuar,académicos da terra, antes de que vuestros homónimos catalanes tomen la iniciativa.

 Ruinas del Castillo de San Jorge, según una de tantas leyendas. Seiscientos metros de alto, medio kilómetro a la izquierda del Atlántico.
Ruinas del Castillo de San Jorge, según una de tantas leyendas. Seiscientos metros de alto, medio kilómetro a la izquierda del Atlántico.

Suele decirse, con idéntica frecuencia a que la crisis lo es de valores y que los ricos también lloran, que los romanos copiaron la cultura griega y Galicia fue celta. Lo más céltico que ha pisado el país son los famosos pitillos, y puestos a denunciar plagios, para muestra un botón. Este sábado se celebra, como penúltima prueba del circuito de carreras de montaña Galicia Máxica Trail Adventure, medio maratón de montaña en el monte Pindo. Pindo, como la cordillera griega que los clásicos llamaron “espina dorsal de Grecia”, la misma de la que tomó el nombre artístico Píndaro. Son muchos los estudiosos empeñados en encontrar la raíz celta, el rebuzno de un burro irlandés similar a “Pindo”, el nombre de un pueblo escocés con una “p” y una “n” a la que señalar, sin jénero de duda, como hermana del monte atlántico. Qué dura será la segunda fase, en que estos cráneos previlegiados tengan que hilar puentes entre lo celta y lo grecobalcánico.

Fue Píndaro el gran poeta -no digo vate, bastante intricados son ya mis papeles como para plantar “vates” y amenidades tales- de lo atlético, del deporte como triunfo de lo bueno. No se casaba con el triunfo de la mediocridad, de ahí su tomar nombre del monte que los griegos copiaron a Galicia (hipótesis tan real como la temporada celta galaica). Faltaba, en la época, un Amancio Ortega que viese el negocio, franquiciando la pindarez, el pindarismo, si bien habría sido difícil hallar franquiciado griego que estuviese al corriente de los correspondientes pagos. Lástima para los abogados galaicos, pues sabido es aquello de contrato revuelto/ ganancia de pleiteadores.

Se trata de una buena iniciativa, el Galicia Máxica Trail Adventure, que compendia en seis pruebas la diversidad de montes del país. Hay tanto monte, monte tanto, que bien pudiera haber un Conselleiro de Montes. Celebro que no lo haya, porque me vería obligado a pelear a muerte el puesto con mis mejores amigos. ¿Qué buen católico puede no soñar con ser cabeza de Consellería de Montes? Otras tierras igual de rotundas, aunque menos variadas, cultivan las largas caminatas. Se me ocurre Vasconia, como ejemplo. En Galicia, país de planeadoras, la velocidad es componente inevitable. No hay más que ver las obras del tramo gallego de AVE, oda a la velocidad que más quisiera Marinetti.

Una iniciativa escasa, de todos modos, porque para resumir o país cien citas harían falta. O diez como la del Courel, celebrada el pasado mes de mayo, con más de ochenta kilómetros de paladear de un terreno que destila perfectamente nuestro carácter: agradable, complejo, enrevesado, dulce. No anda a la zaga el reto de este sábado. Más de cuatrocientas cabras saldrán -saldremos- y volverán -¿volveremos?- al arenal de Carnota, la más grande playa gallega, tras gran sufrimiento para alcanzar el célebre monte, la “gran testa xupiteriana” a ojos de Otero Pedrayo, y gran algarabía para descender el mismo.

Pide el cuerpo una bravata, afirmar que esos cientos vamos a tomar la montaña, luchar contra ella, pero a un monte no se le puede plantar cara. Están ahí para recordarnos la eternidad, y poco a poco entenderla. Un lugar que se alcanza lento, hasta falta el aire, y que se abandona corriendo fantásticamente. Porque, lo dejó escrito Kerouac en Los vagabundos de Dharma, sólo hace falta entender que uno no puede caerse de la montaña.

Luís Teira, dorsal 1224 | @luisteira

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