No es oro todo lo que reluce en una democracia

En este artículo voy a analizar el concepto de  sistema político híbrido, su evolución y las posibilidades de democratización de algunos de los sistemas de este tipo. Antes de efectuar este análisis es fundamental establecer algunos conceptos básicos tales como sistema político híbrido, sistema autoritario, régimen en transición y democracia.

Según Linzt, los regímenes políticos híbridos son: “los sistemas políticos con un pluralismo político limitado, no responsable; sin una ideología elaborada, carentes de una movilización política intensa o extensa, y en los que un líder ejerce el poder dentro de límites formalmente mal definidos, pero en realidad bastante predecibles”. Estos sistemas combinan elementos de la democracia (como las elecciones, instituciones representativas, constitucionalismo…) con el ejercicio de un poder autoritario. Y pueden ser calificados como el “eslabón” que abre la puerta a la democracia por medio de una transición. Siguiendo esta idea podría decirse que la mayoría de los regímenes políticos del mundo no son ni claramente democráticos ni completamente autoritarios; más bien, ocupan una extensa y nebulosa zona que separa la democracia del autoritarismo cerrado o absoluto. Estos países se encuentran en una especie de “zona gris”, difícilmente tipificables en las categorías clásicas de regímenes políticos establecidas por la Ciencia Política.

Morlino decía que los regímenes autoritarios son “regímenes que han  adquirido alguna de las instituciones y  procedimientos característicos de la  democracia, pero no otros, y al mismo tiempo  conservan algunos rasgos tradicionales o  autoritarios o, alternativamente, han perdido  algunos elementos de la democracia y han  adquirido otros autoritarios”. Este autor, coincide con los anteriores en que hay una serie de vías que conducen a la mejora democrática de las sociedades como son las elecciones libres, y el Estado de Derecho. Si bien reconoce que la existencia de instituciones típicamente democráticas en estos regímenes desempeñan un papel destacado.

Fotograma de "El gran dictador"
Fotograma de “El gran dictador”

Para hallar una respuesta al interrogante planteado, puede ayudarnos el análisis del fenómeno de “La tercera ola“, popularizado por Huntington en 1991 este autor defiende que comenzó en 1974 con el derrocamiento de la dictadura del portugués Caetano, un año antes de la muerte del General Franco en España. ¿Por qué se produce la tercera ola de democratización? Principalmente, estuvo motivada por cambios en al ámbito internacional. Huntington, identificó una serie de elementos que han propiciado este proceso, como el desarrollo y logros económicos, la reorganización de la Iglesia católica, con la llegada de Juan Pablo II al pontificado en 1979, el Vaticano se convirtió en un defensor de la justicia social así como de los derechos humanos y de la democracia, y en especial en defensor de las iglesias nacionales en su lucha frente a los gobiernos autoritarios. Y también, los cambios en el Derecho Internacional, el fenómeno de la globalización, etc…

Por democracia entendemos una forma de organización de grupos de personas, cuya característica principal es que la titularidad del poder emana de sus miembros. La democracia es una forma de gobierno u organización del Estado, en donde las decisiones son adoptadas por el pueblo a través de unos mecanismos de participación directa o indirecta otorgando legitimidad a sus representantes. Este es un concepto general; mientras que Sartori en Democracia (1992) concretamente hace referencia  al concepto de democracia en sentido estricto; y la define como un ideal inalcanzable que debe ser creído para su subsistencia. Él definía la democracia liberal como un sistema político basado en el poder popular: la titularidad del poder pertenece al pueblo mientras que su ejercicio es confiado a los representantes periódicamente elegidos por éste. En esta conceptualización, el elemento que define la democracia es el poder popular entendido como poder electoral. Y es que el concepto de democracia ha sido objeto de confusión ya que la libertad hizo su aparición en Occidente muchos siglos antes que la democracia, la libertad trajo la democracia y no al revés. El uso moderno del concepto de democracia procede de las revueltas revolucionarias de la sociedad occidental a finales del siglo XVIII por medio de una serie de luchas por el poder; las consecuencias de éstas presionaron a favor de la libertad individual particularmente en Inglaterra y por extensión en EEUU. Sin embargo, el principal problema para la expansión de la democracia son las élites gubernamentales,  como dice Diamond en su artículo:“Las élites gubernamentales han secuestrado las estructuras de poder del Estado y se han atrincherado dentro de ellas”. ¿Y qué es lo que sucede en la mayoría de estos casos? “en la mayoría de las regímenes autoritarios, la lógica del gobierno no es generar bienes públicos que puedan producir crecimiento y mejorar ampliamente el bienestar humano, sino generar bienes privados que compren la lealtad de las fuerzas armadas, de la policía secreta y de los restantes partidarios que les mantienen en el poder. Mientras que estos gobernantes acaparen los suficientes recursos para alimentar su aparato de depredación política y de dominación, podrán sobrevivir”.Como apunta Diamond en su artículo, quizás lo ideal sería “un sistema político que combinase por una parte la democracia con la libertad y esta con el Estado de derecho y el buen gobierno”. Y argumenta que para que un sistema político rinda, necesita de una serie de  elementos, como permitir a los ciudadanos poder elegir y participar en los procesos electorales, así como la presencia de un poder judicial independiente que garantice las libertades individuales, y asegure una fuerte protección de los derechos étnicos, culturales y religiosos de las minorías.

La mayoría de los países del Tercer Mundo que se proclamaron democracias inmediatamente después de lograr su independencia a raíz del proceso de descolonización, siendo pobres e inestables, dieron paso a dictaduras al cabo de una década. Sin un antecedente de liberalismo constitucional, la introducción de la democracia en sociedades divididas no ha hecho más que fomentar el nacionalismo, los conflictos étnicos e incluso la guerra. Por eso, hoy en día muchos países tienen regímenes ambiguos, son considerados democracias, pero no está claro que sus procesos electorales sean libres, o que aquellas personas elegidas en las urnas tengan verdadero poder y legitimidad para gobernar. Esto nos lleva a definir qué es el autoritarismo competitivo. En los regímenes autoritarios competitivos, las instituciones democráticas formales son consideradas, generalmente, como meros instrumentos para obtener y ejercer la autoridad política. Siguiendo el artículo de Levitsky   y Way, estos regímenes presentan una serie de características: aunque se den con regularidad elecciones sin fraude (aunque en algunos casos se manipulen los resultados), las autoridades abusan frecuentemente de los recursos del Estado, se persigue a los políticos de la oposición y a sus seguidores y, en algunos casos, se manipulan los resultados de las elecciones -el caso más reciente es el de la Venezuela de Maduro-. Además estos regímenes suelen  utilizar el soborno y otros medios que implican el uso de los recursos del estado, de las autoridades judiciales u otros organismos del Estado para perseguir, con una apariencia de legalidad, a los opositores al régimen.

Por lo tanto, hay países en los que se falsea la libertad del ser humano en nombre de una fraternidad, una igualdad, al fin y al cabo un orden social perfecto.Esto quizás lleva a plantearse porqué siguen persistiendo los estados no democráticos. Hay una serie de Estados comunistas como Vietman, Corea del Norte, Cuba que a pesar de la represión, cuanto más se abren al mundo exterior en el ámbito comercial, inversión, así como otros aspectos de la globalización, más se expone su población a la educación y a la cultura globales y más se debilita la estructura represiva y aislacionista. La mayor parte de las dictaduras sobreviven básicamente porque sus líderes disfrutan de un poder sin oposición y aprovechan su situación de privilegio para acumular enormes riquezas personales que les permiten, entre otras cosas, financiar su corrupta estructura de gobierno.

Generalmente lo que se espera de una transición es el paso de un régimen autoritario, a una democracia. Pero esto no es siempre así; pues una transición puede desembocar en un régimen democráticamente disfrazado. Incluso analizando el significado de régimen en transición, vemos que es una estructura de ambigüedad política, una interacción de elementos autoritarios y democráticos, un escenario en el que están presentes valores heterogéneos entre sí y en permanente conflicto. En estas circunstancias, los gobiernos adoptan formas no claramente autoritarias o democráticas. Los gobernantes en un régimen en transición se encuentran en una posición de gran tensión que los lleva veces a disociarse de la realidad. El impulso social hacia patrones de conducta y valores cada vez más democráticos y transparentes reduce el margen de acción de la clase política, la cual debe mantenerse entre ciertos niveles de corrección en su ejercicio público. Sin embargo, la ausencia de reglas democráticas firmemente formalizadas así como la herencia del pasado autoritario no permiten albergar y reproducir de manera virtuosa esos mismos valores democráticos, con lo que se manifiestan síntomas de arbitrariedad.

La mejor evolución que pueden tener los sistemas híbridos es el paso a la democracia, por medio de una transición. Sin embargo,los procesos de transición tienen luces y sombras, no son infalibles. Unas veces se consigue alcanzar el camino hacia una democracia y otras veces no es así y se llega a un régimen autoritario competitivo. Construir un orden humano de acuerdo a un ideal elaborado a espaldas de la naturaleza humana ha llevado a cometer los crímenes más espantosos. Por ello, la “utopía” goza de un prestigio que no merece. En nombre de una raza, en nombre del proletariado, o en nombre de un islam mítico, la pretensión de imponer a la naturaleza humana un orden perfecto se ha arrebatado no solo la libertad, también la vida de millones de personas. No todo es blanco o negro, la mayoría de los regímenes políticos de hoy en día no son ni democracias al cien por cien, ni completamente autoritarios. No es oro todo lo que reluce. Dadas las características y complejidad de una transición y la ausencia de regímenes puros en la práctica, es posible que en el proceso de paso de un sistema a otro no se alcancen los resultados deseables, sino todo lo contrario. Una transición es, sin duda, un duro reto para aquellos países que decidan asumirlo. Lo realmente importante sería no caer en los mismos errores del pasado, aprender de ellos, mirar al futuro y construir un sistema verdaderamente democrático.

Bibliografía consultada:

  • DIAMOND, L (2002): ¿Puede el mundo entero ser democrático? Democracia, desarrollo y factores internacionales”, Revista Española de Ciencia Política 9, octubre, pag.9-39.
  • HUNTINGTON,S. (1994,ed.orig.1991) La tercera ola. La democratización a finales del siglo XX, Barcelona, Paidós.
  • LEVITSKY, S y L.A, WAY (2004): “Elecciones sin democracia. El surgimiento del autoritarismo competitivo”. Estudios Políticos, 24.
  • LIJPHART, A (2006): Capítulos seleccionados del libro Modelos de democracia. Formas de Gobierno y resultados electorales en treinta y seis  países. Barcelona: Ariel.

Ana Alba Segura | @misschejov

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