Almas gemelas

El año 1997 fue uno de los años más felices para Timothy. Después de cumplir el periplo universitario con éxito licenciándose en psicología, sentía que estaba preparado para dar el gran salto al mejor campeonato del mundo. Por el camino, demostraciones de entereza e inteligencia, mucha facilidad de aprendizaje y grandes principios. Un carácter que le permitió sortear con disciplina las voces autoritarias de los propietarios de las franquicias. Señores de un enorme poder adquisitivo pidiendo insistentemente que se uniera al producto NBA antes de finalizar los estudios. Tim se mostraba inflexible. Mantenía su promesa con los más allegados y de paso se modelaba en las dos formas, en cuerpo y mente.

Antes de la noche del Draft iniciaron el contacto. El General Manager de San Antonio Spurs visitó Saint Croix, Islas Vírgenes, territorio del gran hombre manso. Tim Duncan y Greg Popovich estuvieron días conociéndose con la franqueza de un noviazgo en sus primeros pasos. Popovich explicaba el encuentro: “Conectamos al instante, como si fuéramos dos almas gemelas”. El nexo de unión ya estaba encorsetado y el futuro ansioso por resolver qué les deparaba. La asociación de dos tipos con carácter especial e inteligentes dio paso a una de las dinastías más prolíficas del baloncesto norteamericano.

En el mismo año del desembarco de Duncan en la NBA, Ben Affleck y Matt Damon llevaban a la gran pantalla una historia real que les daría el Óscar al mejor guión original. Un premio que no sería el único para “Good Will Hunting”, puesto que Robin Williams sería también reconocido por la Academia con el Óscar al mejor actor de reparto. La excelente historia de Will (Matt Damon), un joven genio con un intelecto primoroso caminando por la senda incorrecta hasta dar con John (Robin Williams), un psicólogo que queda fascinado de él marcará a Tim Duncan, hasta el punto de definirse como una versión de Will Huting más tranquila.

El indomable 03

Al desmenuzar la obra maestra encontramos bastantes similitudes en el binomio que establecen Matt Damon y Robin Williams con el de Tim Duncan y Greg Popovich. Dos genios unidos que establecen un vínculo muy fuerte, en el que se ayudan, se comprenden y se regalan lecciones entre cuatro paredes. Semejantes a las que se han dado durante 17 años en la cancha tanto Tim como Pop. Las mentes privilegiadas están condenadas a entenderse por muchas trabas que puedan surgir, como las que Will Huting tenía por un desorden afectivo provocado por el maltrato de su padre adoptivo. O como el golpe durísimo que encajó Duncan tras la pérdida de su madre antes de cumplir los catorce años de edad por un cáncer y ver como un huracán arrastraba su sueño de ser nadador olímpico al fondo del océano.

Popovich y Duncan eran dos mentes privilegiadas ya en 1997, con un potencial que desarrollaron de la mano en el mismo lugar, cada uno en su área, con métodos que los apartan del molde natural. Los dos han contado con un objetivo común, ser los mejores en sus parcelas. Como también atesoran cualidades extraordinarias gracias a su inteligencia. Popovich ha demostrado con el paso de los años ser un coach innovador, alejado del paradigma habitual y obsesionado del extra-pass como bandera. El movimiento de balón rápido y certero ha sido su marca, implicando a todas las piezas hasta dar con la excelencia. Por ello no es exagerado, sino acertado, etiquetarle como el creador de una de las obras más maravillosas de la historia de la NBA. El team San Antonio Spurs de 2014 ha estado a la altura de la octava maravilla del mundo. Un equipo que ha destrozado todos los registros en unas finales, desde el medidor de belleza baloncestística hasta muchos de los stats que tanto gusta manejar a los estadounidenses. Sin embargo no siempre fue así, en sus más de tres lustros al mando de la máquina ha manejado diferentes registros, y uno de los que también ha funcionado es la reiteración en buscar a Tim Duncan. Construyendo el ataque y la defensa a partir de su figura.

Duncan ha forjado su carrera ligada a su especial personalidad. Alejado del estereotipo de estrella NBA y por consiguiente desvinculado de todo producto marketing, su equilibrio emocional en pista le ha permitido ser una pieza indescifrable para sus oponentes. Esta dificultad para el rival radica en la expresiones que el pívot muestra en cualquiera de las situaciones de juego. Duncan nunca muestra excesiva frustración por una constante mala selección de tiro, ni demasiada efusividad en un gran acción. La consonancia de sus reacciones deja en fuera de juego a sus contrincantes, les satura de dudas y no les permite vencer la batalla mental. Asegurándose de esta forma que el rival no sepa qué sucede en su mente. El ejemplo más determinante del juego psicológico se encuentra en la relación con Kevin Garnett. El ex celtic es una de las estrellas que más abusa del trash talking, una personalidad muy fuerte con la que fue y es difícil lidiar. Tim ha vencido casi siempre que se ha enfrentado a Garnett, promediando cerca de 20 puntos y 11 rebotes.  Por supuesto, acumula cerca del triple de victorias que su contrincante en los enfrentamientos directos.

i

De la gran cantidad de movimientos dañinos que acumula, el tiro a tabla es el más exclusivo y personal. Una manifestación de perfección, trabajo y clase fuera de lo usual. De las expresiones de baloncesto más evidentes del “hacer fácil lo difícil”. Duncan ejecuta el tiro a tabla de una manera tan sencilla que parece un androide programado para ese fin. Como Matt Damon resolviendo problemas matemáticos de una dificultad desorbitada con la facilidad de un niño de secundaria descifrando sumas. Esta rúbrica de Duncan está a la altura del Sky hook de Kareem Abdul Jabbar. Leyendas del baloncesto que dejan un vestigio más importante que anillos, stats y premios de MVP. El recuerdo imborrable de jugadores únicos e irrepetibles.

Además de la especialidad de su carácter y sus cualidades Tim Duncan ha superado toda marca terrenal e inimaginable para situarse dentro del debate de los mejores jugadores de la historia. Este año superó a Magic Johnson como el jugador con más dobles-dobles de los Playoffs o a Kareem Abdul-Jabbar como el jugador que más minutos disputó en eliminatorias. Revelaciones de grandeza de un jugador de leyenda. Su figura, ubicada dentro del pedestal donde se encuentran los más grandes no se comprende sin su alma gemela. Popovich ha sabido evolucionar como coach desarrollando y facilitando la labor al genio. Para exceso y excelencia los dos seguirán otro año más en el mejor equipo jamás visto. LeBron, la máquina más perfecta en la actualidad, balbuceaba tras perder el titulo: “Se trata de ser generosos. Los chicos se mueven, cortan, pasan, si tienen tiro lo ejecutan, pero se trata de una cuestión de equipo, nunca individual”. Con el paso del tiempo, y al mirar atrás, entenderemos como el mejor equipo del Siglo XXI se concretó como la mayor obra colectivamente jamás vista. No olviden, sin embargo, que en ella estaban Tim Duncan y Greg Popovich como las piezas más experimentadas elaborando un juego coral inalcanzable. Duncan lo avisó en el origen de la travesía, en el año de Matt Damon y Robin Williams, al ser elegido por San Antonio Spurs: “Estoy ansioso por encajar en el equipo”. Fue la primera piedra de la construcción de un equipo para la eternidad, del team que nos emocionó como el mejor drama de 1997.

Información y declaraciones extraídas de la entrevista a Tim Duncan de Chris Ballard publicada en Sports Illustrated en 2012.

Guillermo Celma | @GuilleCo10

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s