La voluntad de un mundialista

Dejen de pelearse. Ni el grafeno, ni el diamante, ni el amor de una madre. La atracción que ejerce sobre nosotros cualquier soplapollez supina cuando tenemos algo mucho más importante que obrar, es lo que de verdad es fuerte en esta vida y difícil de romper.  Entiéndase por soplapollez, un ‘Colombia – Grecia’ a las seis de la tarde de un sábado. Debería estar uno desenvolviéndose con soltura y brío entre sus quehaceres rutinarios, pero la equipación de Colombia cobra un atractivo especial a la luz de la tarde brasileña en el estadio Mineirão. Un brillo en el escudo del pecho de los griegos que no habías apreciado estos tres años en los que no ha habido Mundial. La sobremesa engancha al partido de las seis. Cuando acaba el de las seis ya falta poco para el de las nueve. Apenas te da tiempo a cenar cuando ha empezado el de las doce de la noche. Y como te aguante el cuerpo y haya alguno de madrugada, también te lo zampas. El fatídico horario de un Mundial provoca tales estragos en el rendimiento de estudiantes, que Pablo Iglesias va a tener que empezar a manifestarse contra la FIFA en vez de contra los recortes del gobierno.

El sofocante calor del verano que nos hace encerrarnos en casa sin dar descanso al aire acondicionado, favorece la situación. Los sofás y sillones orejeros de medio mundo refuerzan la forma en sus cojines de las posaderas de sus dueños durante todo este mes. Dejando además sin tregua alguna, a todo aquel pobre infeliz que pretenda cambiar de canal durante los 31 días que dura esta pelea entre el deber y el querer. Entre la voluntad del hombre y el atractivo irracional de todo aquello que sea fútbol, por muy poco fútbol que sea.

Ryuta Kawashima, portero japonés, ante el gol costamarfileño que decantaba el encuentro. (Foto: flickr.com)
Ryuta Kawashima, portero japonés, ante el gol costamarfileño que decantaba el encuentro. (Foto: flickr.com)

Tiene uno que encerrarse para estudiar en los búnkeres con libros con los que ahora dotan a algunas facultades, para no entretenerse con lo fantástico que puede llegar a ser un ‘Costa de Marfil – Japón’. Aunque desde que no está Tom Beiker los nipones no entretienen igual. Para colmo al final no llevan el vinilo de Pikachu en el pecho. Y es que merecería la pena elaborar un estudio, con las notas de los estudiantes en los años en los que hay Mundial comparado con los que no. Se apreciarían picos negativos en los Junios y Julios en uno de cada cuatro años. Porque si a los a veces (pocas) salvables partidos banales y mediocres, les sumamos los de obligatorio visionado, nos encontramos con suerte dos horas de estudio por cada tres partidos diarios.

 Uno puede vender su alma al diablo para no ver, con un una voluntad sobrehumana y un derroche de esfuerzo sin precedentes, un ‘Chile – Australia’. Pero si te pierdes la exhibición de Pirlo (que va camino de cumplir 92 años dando pases con una elegancia que abrumaría al propio Cary Grant) en el ‘Inglaterra – Italia’, te va a dar igual cualquier aprobado de asignatura imposible. Sumemos los partidos (o lo que sea que estén haciendo) de nuestro país lo apoyemos o no, que se ven por convención social. Esos son los que no te crean remordimientos por mucho que te juegues una asignatura anual o el broncazo de un jefe al día siguiente. Son la excusa inviolable del auto convencimiento. Como si esa decisión no la tomáramos nosotros; no es culpa nuestra. Algo parecido a lo que hace Alemania en el campo. No te deja tomar la decisión de si quieres jugar o no. Ella va a pasar por encima, y si quieres puedes quitarte de en medio o quedarte delante, pero el resultado va a ser el mismo. La culpa se la echará Portugal al Real Madrid, causante de los males de medio mundo, por haber hecho a Cristiano campeón en mayo y no dejarle pensar ahora en otra cosa.

Si por suerte es usted, lector, una de esas personas que disfruta del Mundial sin remordimientos ni preocupaciones, olvide lo que acaba de leer y vaya a leer algún artículo de Hortelano o Rick. Usted no ha sufrido esto, y no sabe de qué le hablo. Deje paso a la dura vida de los indecisos.

Mario Hidalgo |@SherlockBond_

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