Una cena con Domiciano

Existen en la Historia —la materia más manoseada y prostituida de la ídem— ciertos personajes con mala prensa, mala fama, personajes hateados hasta decir basta. Uno de estos personajes es Tito Flavio Domiciano, emperador romano. Un emperador que ha sido puesto por la tradición al mismo nivel que emperadores de la talla de Calígula, Nerón, Heliogábalo o Cómodo. Gente sanísima como ya deben saber, lo mejor que dio el Imperio. A Domiciano le cogieron tal ojeriza que incluso el Senado le aplicó una medida excepcional tras su asesinato: Una damnatio memoriae, por la cual su recuerdo, su huella, fue borrada de todo monumento, templo, edificio, estatua, escrito oficial, etc. Como borrar a una ex de tu vida pero a lo grande y con el sello oficial del S.P.Q.R.

Estatua de Domiciano. (Foto: flickr.com / Roger B. Ulrich)
Estatua de Domiciano. (Foto: flickr.com / Roger B. Ulrich)

En su magnífica monografía The Emperor Domitian, el historiador inglés Brian W.Jones, deconstruye la leyenda negra tejida alrededor de la figura de Domiciano por escritores de la talla de Tácito, Juvenal o Plinio el joven por intereses varios. Demuestra que Domiciano no hizo nada que no hicieran otros emperadores con mucha mejor fama como Augusto, Trajano o Marco Aurelio. Siendo sus mayores vicios el depilar personalmemte a sus concubinas o cazar moscas y ensartarlas en un alfiler, cosas que pueden dar grimita pero que no son para escandalizarse. Y unos cuantos defectos, como por ejemplo una desmedida religiosad y superstición, un sentido del humor muy peculiar y, el no soportar ninguna broma sobre su calvicie —llevaba peluca—. Nada muy raro. Dejando de lado estas cosas su administración fue una de las más eficientes y menos corruptas que tuvo el imperio, sentando las bases para la edad de oro de la Dinastía Antonina.

¿Y entonces por qué el Senado lo trató con tanta saña? Es verdad que siempre menospreció a la clase senatorial, que prefirió dar las magistraturas antes a los miembros de la clase ecuestre o a simples libertos que a senadores, ya que creía que estos últimos no serían tan leales a su persona. Tampoco es que hiciera grandes matanzas entre ellos, las fuentes dicen que en quince años fueron ejecutados no más de 20 senadores, cifra muy baja, y parece que no fueron ejecutados por pura arbritrariedad. Y entonces, ¿cúal fue el problema? Pasaba mucho de ellos, pero esa fue una constante en todos los emperadores. El problema fue que pasaba de ellos con un desprecio infinito, y lo peor, con su peculiar sentido del humor, un humor negrísimo. Para botón de muestra una anécdota que descubrí gracias a la monumental Masa y poder de Elias Canetti, anécdota explicada por Dion Casio en su Historia romana y que fue central en el deterioro de la relación entre Domiciano y el Senado.

A finales de su reinado, Domiciano, harto de las intrigas, quejas y conspiraciones de los senadores, invitó a los principales de entre elllos a un banquete. No sería un banquete normal. Empezó a medianoche, y al entrar los invitados al salón se asombraron al ver que todo era negro: La pintura de la pared, las mesas, los utensilios, la comida… Además, al lado de cada asiento había una lápida con el nombre del comensal escrita en ella, encima de él una lamparita como las que solían decorar las tumbas, los sirvientes iban vestidos como si fueran lémures, y los manjares eran los típicos que se ofrecían en honor a las almas de los difuntos. Asistían a un banquete fúnebre, el suyo. Se quedaron mudos durante toda la cena, esperando a ser asesinados en cualquier momento, el único que hablaba era Domiciano, y para divagar sobre la muerte, el Averno, las matanzas… La cena, para sorpresa de todos, terminó sin ningún contratiempo. Los senadores salieron aliviados, pero la alegría les duró poco, en la entrada no les esperaban sus sirvientes, les esperaban unos esclavos desconocidos del servicio imperial. Subieron a sus transportes con auténtico pánico, sin saber a dónde irían ni si llegarían enteros. Pero llegaron sanos y salvos. Respiraron, entraron en sus casas, abrazaron a su familia… Y entonces llamaron a sus puertas. Era un mensajero del emperador, pensaron que después de todo ahora sí iban a morir, el emperador les dejaba morir entre los suyos. Y sorpresa, al abrir la puerta se encontraron con los espíritus familiares que les habían servido durante la cena que les traían regalos, entre ellos las lápidas, que resultaron ser de plata.

Coraza de Domiciano. (Foto: flickr.com / Roger B. Ulrich)
Coraza de Domiciano. (Foto: flickr.com / Roger B. Ulrich)

Con esto Domiciano les demostró que era únicamente él quien mandaba, que ellos estaban vivos porqué él quería, por su gracia. El era el único con verdadero poder. Aplicó avant la lettre la sentencia maquiavélica de: «Los hombres ofenden antes al aue aman que al que temen». Cosa que no es de extrañar, el poder siempre ha sido el poder, aunque no todos los poderosos tenían la misma gracia para demostrar el suyo. Por cierto, el Senado no le volvió a dar problemas. Normal que los senadores quisieran borrar de su memoria la cara de Domiciano cuanto antes mejor.

*Libros relacionados:
(1)· The Emperor Domitian, Jones, Brian W.
(2)· Vida de los doce césaresSuetonio
(3)· Historia romanaDion Casio

Biel Figueras | @rincewindcat

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4 Comments

  1. Buen texto, Biel. Me puse con él un poco por cortesía (por ser tú el autor), pero a medida que lo leía me he ido sintiendo enganchado. Diría que has logrado la amenidad, esa cosa tan difícil y, junto al rigor, tan importante.

    Impresionante la anécdota que refieres sobre Domiciano. Esa cena tenebrosa, onírica, casi gótica. Su atmósfera hubiera maravillado a Poe ¿Tienes idea de si la conocía? A mí me parece dudoso pero, hostia, parece salida de su mismísima imaginación. Es casi el mismo sabor que el de El Barril de Amontillado o La Máscara de la Muerte Roja. Espeluznante cuento. Y revelador.

    Dices que ese Simposio Malévolo es autoría de Dion Casio. Esto significa que es solo algo posterior cronológicamente a Domiciano. Sin duda la historia es apócrifa. Es inconcebible algo semejante por oscura y creativa que haya sido la imaginación de Domiciano. Y no dudo que lo fuese, si examinamos su biografía. Pero ese numerito me parece totalmente irreal, literario, aún tratándose de la Roma de los Césares.

    Pero oye, Se non è vero, è ben trovato. Creo que esta improbable ficción tiene, como las grandes ficciones, un gran poder como metáfora, como exposición sutil de una identidad. Con talento y sentido estético, Dion Casio nos revela la psicología de un individuo. Y lo hace con un detalle que quizá no alcanzasen estudios más rigurosos. Basados en la evidencia de los hechos a él atribuidos.

    Joder, ese Dion Casio. Las referencias que tengo son más bien negativas. Una figura historiográfica muy menor, a años luz de Tucídides o Herodoto, o cualquiera de los grandes figurones. Falta de rigor, se ha dicho de él. Pero en su obra, por lo visto haya engarzadas joyitas del fantástico, como esta que nos presentas en tu artículo.

    Parece que lo que sabemos de Domiciano (al menos antes de estudios más recientes) es lo que nos viene de fuentes casi coetáneas, o inmediatamente posteriores, y distorsionadas por la animadversión. Pero queda claro que Domiciano era un individuo de personalidad muy marcada. Un tipo que dejó huella. Uno de eso héroes o grandes hombres que hubieran seducido al gran recreador pre-fascista (que me consta admiras) Thomas Carlyle.

    Intuyo que, en tanto que liberal, también a ti (como a Carlyle) te atraen este tipo de figuras. Esos Kurtzs emboscados ahí, en los recovecos de la Historia. No entiendo cómo has podido militar alguna vez en ese grupito político, ese PSC.

    Sí, ya sé: Hoy día resulta quizá un poquito “facha” subrayar la influencia decisiva de los grandes hombres, y de su mano, en el dibujo de la Historia. Se lleva más la noción progresista de que son las fuerzas sociales quienes operan esa conformación. La progresía (en uno de sus disfraces más cómicos: cuando se ponen a hacer “crítica literaria”) ha llegado a decretar nada menos que la muerte del autor. Algún listillo (naturalmente francés) hasta ha afirmado que las obras de Shakespeare no son obra de un genio de inteligencia desproporcionada, de un individuo hecho a otra escala. No. Qué va. Esas tragedias y comedias de salvaje fulgor estético fueron creadas por las fuerzas sociales del Renacimiento ingles. Agarrémonos los cojones, Biel.

    A ver. No niego el peso que hayan podido tener esas fuerzas sociales en la conformación de la Historia. Pero es evidente que igualmente avasalladora ha debido ser en ella la influencia de hombres como Bonaparte, Lincoln o Churchill, La importancia de sus decisiones y de su empuje, solo pueden haber sido decisivos. Como configuradores, o al menos catalizadores , de los cambios.

    Disculpa la pequeña digresión. Y muchas gracias por darnos a conocer esta figura no poco fascinante, este Domiciano. Menos famoso que otros emperadores, pero sin duda también espléndido y enigmático. Y gracias, de nuevo, por haber tenido el talento de hacer además amena tu exposición.

    Saludos, maco. Nos leemos.

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  2. Buen texto, Biel. Me puse con él un poco por cortesía (por ser tú el autor), pero a medida que lo leía me he ido sintiendo enganchado. Diría que has logrado la amenidad, esa cosa tan difícil y, junto al rigor, tan importante.

    Impresionante la anécdota que refieres sobre Domiciano. Esa cena tenebrosa, onírica, casi gótica. Su atmósfera hubiera maravillado a Poe ¿Tienes idea de si la conocía? A mí me parece dudoso pero, hostia, parece salida de su mismísima imaginación. Es casi el mismo sabor que el de El Barril de Amontillado o La Máscara de la Muerte Roja. Espeluznante cuento. Y revelador.

    Dices que ese Simposio Malévolo es autoría de Dion Casio. Esto significa que es solo algo posterior cronológicamente a Domiciano. Sin duda la historia es apócrifa. Es inconcebible algo semejante por oscura y creativa que haya sido la imaginación de Domiciano. Y no dudo que lo fuese, si examinamos su biografía. Pero ese numerito me parece totalmente irreal, literario, aún tratándose de la Roma de los Césares.

    Pero oye, Se non è vero, è ben trovato. Creo que esta improbable ficción tiene, como las grandes ficciones, un gran poder como metáfora, como exposición sutil de una identidad. Con talento y sentido estético, Dion Casio nos revela la psicología de un individuo. Y lo hace con un detalle que quizá no alcanzasen estudios más rigurosos. Basados en la evidencia de los hechos a él atribuidos.

    Joder, ese Dion Casio. Las referencias que tengo son más bien negativas. Una figura historiográfica muy menor, a años luz de Tucídides o Herodoto, o cualquiera de los grandes figurones. Falta de rigor, se ha dicho de él. Pero en su obra, por lo visto haya engarzadas joyitas del fantástico, como esta que nos presentas en tu artículo.

    Parece que lo que sabemos de Domiciano (al menos antes de estudios más recientes) es lo que nos viene de fuentes casi coetáneas, o inmediatamente posteriores, y distorsionadas por la animadversión. Pero queda claro que Domiciano era un individuo de personalidad muy marcada. Un tipo que dejó huella. Uno de eso héroes o grandes hombres que hubieran seducido al gran recreador pre-fascista (que me consta admiras) Thomas Carlyle.

    Intuyo que, en tanto que liberal, también a ti (como a Carlyle) te atraen este tipo de figuras. Esos Kurtzs emboscados ahí, en los recovecos de la Historia. No entiendo cómo has podido militar alguna vez en ese grupito político, ese PSC.

    Sí, ya sé: Hoy día resulta quizá un poquito "facha" subrayar la influencia decisiva de los grandes hombres, y de su mano, en el dibujo de la Historia. Se lleva más la noción progresista de que son las fuerzas sociales quienes operan esa conformación. La progresía (en uno de sus disfraces más cómicos: cuando se ponen a hacer “crítica literaria”) ha llegado a decretar nada menos que la muerte del autor. Algún listillo (naturalmente francés) hasta ha afirmado que las obras de Shakespeare no son obra de un genio de inteligencia desproporcionada, de un individuo hecho a otra escala. No. Qué va. Esas tragedias y comedias de salvaje fulgor estético fueron creadas por las fuerzas sociales del Renacimiento ingles. Agarrémonos los cojones, Biel.

    A ver. No niego el peso que hayan podido tener esas fuerzas sociales en la conformación de la Historia. Pero es evidente que igualmente avasalladora ha debido ser en ella la influencia de hombres como Bonaparte, Lincoln o Churchill, La importancia de sus decisiones y de su empuje, solo pueden haber sido decisivos. Como configuradores, o al menos catalizadores , de los cambios.

    Disculpa la pequeña digresión. Y muchas gracias por darnos a conocer esta figura no poco fascinante, este Domiciano. Menos famoso que otros emperadores, pero sin duda también espléndido y enigmático. Y gracias, de nuevo, por haber tenido el talento de hacer además amena tu exposición.

    Saludos, maco. Nos leemos.

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