La República inclusiva

Una de las anomalías de España es la consideración generalizada de que la república, en lugar de sistema de político sometido a derecho y propugnador de valores como la igualdad ante la ley y la libertad, es una coartada ideológica. En este país se razona, sin ambages, que la república es patrimonio de una visión izquierdista (¡progresista!, dirán algunos) de la política mientras que la monarquía es el último reducto de una derecha conservadora e inmovilista. ¡El búnker!

Valencia, 1931
De izquierda a derecha: Alejandro Lerroux, Manuel Azaña, Pedro Rico, Vicente Alfaroy Sigfrido Blasco, en un mitin en Valencia, en 1931. (Foto: valenpedia.lasprovincias.es).

Las manifestaciones (masivas en algunos casos) que se han producido esta tarde en todas las capitales del país son muestra infalible de esto. En ellas, junto a quienes han acudido con la mente abierta, se han enarbolado multitud de banderas tricolores (permítanme la frivolidad: la combinación de rojo, amarillo y morado hiere a la vista. Nulla ethica sine aesthetica) e incluso se ha colado alguna hoz acompañada, cómo no, del martillo. Hace veinticinco años que cayó el muro y parece que no hemos aprendido nada. Quizá se deba a que no fuimos satélite de la URSS. Comprenderán los que allí congregados presumían de estos símbolos que no seamos pocos los que, ante estos referentes, tengamos ciertos reparos a la hora de confesar nuestra visión republicana de la política. Comprenderán también que algunos optemos por una futura república que rompa con todo lo que representa (símbolos incluidos)  la experiencia bienintencionada y sin embargo (o por ello) fallida de 1931 (qué es España sino experiencias fracasadas concatenadas; con la excepción del régimen democrático del ’78 que algunos cuestionan ahora haciendo gala de irresponsabilidad supina). Comprenderán, por último, que se puede preferir la visión de república que tenían Castelar, Figueras –y, en la segunda experiencia- Ortega y Madariaga a la expuesta por Azaña, Largo Caballero o Lerroux.

La república no es el bálsamo de Fierabrás; simplemente un modelo organizativo de la sociedad. En una república (en una república deseable) seguiría la alternancia entre derecha e izquierda. Frente a los que esgrimen el argumento economicista, yo les digo que seguramente la dictadura franquista resultase más barata que todas las instituciones de las que precisa un estado democrático moderno. No es esa, por tanto, una razón válida. La evidencia más fuerte que puede esgrimir a su favor la república es que resulta preferible que la jefatura del estado dependa del sufragio universal en vez de estar sometida a linajes. La monarquía, en cambio, puede presumir de acervo histórico y cierta pretensión estética. Véase el caso de la monarquía británica: si su caída vendrá precedida por la huida de los cuervos de la torre de Londres algunos nos sentimos tentados a entonar solemnemente God save the Queen y empezar a tomar té. Todo sea por el pájaro de Poe: es puro romanticismo. Por otro lado, no existe ni mucho menos una correlación entre la dicotomía monarquía-república y el bienestar de sus ciudadanos. Entre la monarquía holandesa bicentenaria de los Orange-Nassau y la república de Benin me dirán ustedes qué prefieren. Reducción al absurdo, es posible, pero frente a ciertos argumentos sólo funcionan éstas.

El congreso elegido por los españoles en Noviembre de 2011 aprobará una ley orgánica ya redactada que permitirá que antes de final de mes el Príncipe de Asturias reine como Felipe VI. Ésa es la única opción que puede barajarse desde un análisis realista de la situación. Sería deseable que en un momento de ruptura como éste se hubiese consultado a los españoles cuál es la forma de estado por la que optan. Lo sería si en España tuviésemos una visión liberal –“liberalismo es aceptar que el contrario puede tener razón”, le escuché al maestro Manuel Alcántara– y no excluyente de la república. Parece que aún no la atesoramos, y me lamento por ello. Pero llegará el día en el que esta cuestión sea sometida a referéndum. Para entonces quizá sea posible que ningún Ortega tenga que advertir, como hizo el 6 de Diciembre de 1931, de los errores en los que comenzaba a caer el sistema. Expresó su desazón en un discurso titulado Rectificación de la República. Léanlo si no lo han hecho aún.

Carlos Hortelano | @CarlosHortelano

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3 Comments

  1. Personalmente estaría a favor de esa ruptura ya, porque no me parece de recibo el maltrato a que hemos sido sometidos por una familia dinástica. Pero tengo que felicitar al autor de esta entrada por el análisis. Un cerebro lúcido revela casi siempre un entendimiento que comprende y hace comprender, y genera sabiduría, que debe de ser una de las formas de la bondad. Enhorabuena. Y. que llegue pronto ese día anhelado.

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  2. Bueno, no debe irse a Benin. Puede hacer la comparación con tres exmonarquías, ahora repúblicas de nuestro entorno, Grecia, Italia y Portugal.

    Se podría preguntar en estos tre casos, ¿Qué ha traido de bueno a los ciudadanos un cambio de sistema político?

    Soy republicano, pero esta república española me da mucho miedo.

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  3. Bueno, no debe irse a Benin. Puede hacer la comparación con tres exmonarquías, ahora repúblicas de nuestro entorno, Grecia, Italia y Portugal.

    Se podría preguntar en estos tre casos, ¿Qué ha traido de bueno a los ciudadanos un cambio de sistema político?

    Soy republicano, pero esta república española me da mucho miedo.

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