Vivir la abdicación

Lunes dos de junio. A las diez de la mañana varios folios subrayados, como si algún día alguien se los fuera a estudiar, cuentan que las elecciones municipales del doce de abril de mil novecientos treinta y uno ponían de manifiesto la imposibilidad de retornar al viejo sistema de la Restauración. Las candidaturas republicanas cosechaban un éxito arrollador en el mundo urbano y los acontecimientos se precipitaban. Al día siguiente Alfonso XIII abdicaba. A las diez y media de la mañana, varios tuits –desconozco si subrayados o no como si algún día alguien se los fuera a estudiar–, exponían la confirmación, por parte de Mariano Rajoy, de la abdicación de Juan Carlos I.

Tras varias llamadas, café, cigarro y puesta en común de todas y cada una de nuestras posiciones, a las once y cuarto de este lunes dos de junio de dos mil catorce, en varios folios subrayados, las banderas republicanas ondeaban en el Palacio de Telecomunicaciones de Madrid, Éibar, Jaca y en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona. Twitter también había ondeado sus banderas. Incluso me parecía entender que las matrículas de honor de Pablo Iglesias habían sido las culpables.

A las once y media recuerdo la sobremesa de un domingo, en casa de los abuelos, que dibujó una conversación que a mis doce años me dejaría marcado para siempre. Se contaba entonces, en una mesa cubierta por unas faldillas y un paño barroco de hilo blanco, como se vivió aquel veintitrés de febrero de mil novecientos ochenta y uno. Lo que más me impactó, más allá de la historia en sí, fue el hecho de imaginarlos a todos alrededor de una radio escuchando, nerviosos, lo que había de venir. A las una del mediodía, contando con internet y televisión, la elección fue una radio. En la planta más elevada de mi facultad, rodeado de esa gente, que quieras o no, ya ha quedado retratada en las paredes de tu memoria.

A las una menos cuarto de la tarde, mientras en mil novecientos treinta y uno se constituía un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora, en dos mil catorce dejaban de emitir Mujeres Hombres y Viceversa, a pesar del dolor de muchos. Un rey tenía que abdicar.

Jairo Pulpillo | @Jairopl93

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