Comprensión

Puede haber muchos caminos que conduzcan a esa zona mágica me vienen a la cabeza la meditación o la oración-. En mi caso, mi camino es el de llegar y superar el punto del esfuerzo máximo y absoluto. Sólo cuando mis alarmas físicas y psicológicas se ponen en rojo y corro más allá de ellas, llego a ese punto tan dulce.

Esto de las carreras acaba afectando al cerebro cúpula ciega, que dijera el capitán Ajab-. Y no me refiero a mi querida Licenciatura, que de tan maravillosa, si dura un mes más estaría hablando en calidad de donatario de un hígado. Ni de los rotos en los pantis de una dama, que causan un estupor invalidante de difícil superación. Sobreponerse es tan difícil como conservar la voz después de la Décima.

Madrid está afónica, en ronca armonía, no se sabe si por el placer de la susodicha, o por el ansia que empieza a jenerar alcanzar la Undécima. Se entiende la cabecera mención de la leyenda del ultramaratóScott Jurek, en su Correr, comer, vivir, a esa iluminación que la tradición zen denomina satori. Alcanzar la esencia, significado literal. La perfección es un punto de equilibrio, un instante dulce, una profunda bajada en la que cabeza, cuerpo y emociones se conocen. Por un momento, y vuelta a empezar.

Scott Jurek, el Luís Teira rizo, en uno de los ciento sesenta y pico kilómetros de la Leadville 2013.
Scott Jurek, el Luís Teira rizo, en uno de los ciento sesenta y pico kilómetros de la Leadville 2013.

Hay tareas sencillas, otras complejas, unas últimas absurdas. Incomprensibles para el que no lo vive, inexplicables para el que las busca. El pasado sábado, por ejemplo, dediqué la mañana a corretear por un parque natural cántabro. Hasta bien pasada la hora de la comida, para desgracia del Marqués de Priegue, que esperaba cómodo en las calles de Cabezón de la Sal. Territorio Bildu por un fin de semana, a juzgar por los pelos de muchos contendientes. No es fácil explicar lo de levantarse antes del amanecer, calzarse las New Balance y cascarse más de siete horas pisando limos y boñigas. No pienso gastar ni una línea en justificar mis absurdos, o alguien preguntará por la forma de mis patillas. Y es tema que no gusto de tocar.

A comprender el cosmos se llega con práctica en lo disparatado. Con la adecuada motivación, entrenando el cuerpo y entregando la mente, llega a despertarse esa zona májica. No es sencillo, muchos no llegan, muchos ni siquiera intentan. Tan grande el esfuerzo como rápida su desaparición. Llega a despertarse esa breve comprensión de la esencia. Esencia que es fin y aparece como orijen. Seguramente porque, cuando llegamos a un destino que ha costado un largo camino, a menudo olvidamos el trayecto. Pensamos que el destino es punto de partida, cuando no es sino parte del camino. Nunca su final.

Luís Teira | @luisteira

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