Opiniones contrarias

El pasado 7 de mayo el diputado Alfred Bosch, de Esquerra Republicana de Catalunya, presentó en el Congreso su nuevo libro: Como amigos. La independencia de Cataluña también interesa a los españoles. Todos nos quedamos estupefactos cuando vimos quiénes eran los acompañantes del diputado catalán en la presentación: Rosa Díez y Jesús Posada. Alfred Bosch y Rosa Díez se midieron las caras en un debate sobre la cuestión soberanista que Jesús Posada se encargó de moderar.

Después de este ejercicio de democracia que, sin duda, fue ejemplar porque invitaba al diálogo a todas las partes afectadas por el proceso soberanista, a Jesús Posada, a Alfred Bosch y a Rosa Díez les llovieron las críticas. Y lo curioso de estas críticas es que les han llegado desde todas partes, tanto desde la parte unionista como de la separatista.
No estamos acostumbrados a escuchar opiniones contrarias a las nuestras. Creemos que nuestra verdad es absoluta e indiscutible, y que el que no la comparte no merece nuestra atención. Es por eso que nos sorprendemos cuando vemos a dos personas debatiendo amistosamente sobre una cuestión que nos afecta a todos. Llega un momento en el que nuestra ideología deja de ser una simple manera de pensar y se convierte en nuestra religión, nos volvemos dogmáticos y sectarios y no logramos ver más allá de nuestras narices.

Foto: elperiodico.com
Foto: elperiodico.com

Philip E. Tetlock, politólogo y psicólogo estadounidense muy poco conocido en España, realizó una investigación en la que pedía a miembros del gobierno, profesores, periodistas, economistas y otros expertos que elaboraran pronósticos sobre diversos temas relacionados con política y economía. Este estudio duró 20 años, y fue publicado en 2005 bajo el título Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know? Después de que los expertos consultados hicieran unas 28.000 predicciones, Tetlock se dio cuenta de que los podía dividir en dos grupos bien diferenciados, inspirándose en el ensayo The Hedgehog and the Fox, del autor rusobritánico Isaiah Berlin.

El primer grupo es el de los erizos (hedgehogs), que creen que hay una serie de principios universales que rigen el mundo y a partir de esta ley, lo analizan todo.
El segundo grupo que diferenció Tetlock es el de los zorros (foxes), que no creen tanto en un principio universal sino en pequeñas ideas que les permiten analizar la realidad desde varios enfoques y perspectivas.

Pues bien, Tetlock llegó a la conclusión de que los erizos, que eran el grupo de expertos con la ideología más marcada, por decirlo de alguna forma, fallaban más en sus predicciones. Esto les ocurría porque veían el mundo desde una determinada óptica ideológica y que, más que una manera de pensar era, como he dicho antes, una religión. Su marcadísima ideología era una especie de doctrina que ellos, inconscientemente, seguían, y esto les hacía errar en la mayoría de sus predicciones. Por poner un ejemplo, mientras los erizos conservadores creían que la URSS era un monstruo totalitario y malvado que debía desaparecer y los erizos socialistas no la veían tan mala (o incluso algunos la veían buena), los zorros se preocuparon más por analizarla de manera objetiva e intentando dejar de lado los prejuicios ideológicos. Mientras que los zorros lograron darse cuenta de que la Unión Soviética sufría una grave crisis política y económica, los erizos no se percataron porque estaban demasiado concentrados en criticarla siguiendo su doctrina ideológica.

A veces, es nuestra ideología la que nos evita pensar con claridad y nos blinda la mente ante pensamientos y opiniones ajenas. No nos debería haber extrañado que dos personas que se encuentran en las antípodas ideológicas se hayan sentado para debatir en la presentación de un libro. ¿Qué tiene de malo? ¿Cuál sería el sentido de debatir con alguien que te es afín ideológicamente?

El sentido de un debate está ahí: la persona con la que debates no debe estar de acuerdo contigo. El problema es que existe la creencia de que hay ganadores y perdedores en los debates. Y se suele pensar que los perdedores del debate son los que acaban cediendo o incluso cambiando de opinión. Pues no es así, si alguien cambia de opinión sobre un tema después de debatirlo con otra persona es porque ha salido ganando, ya que significaría que ha aprendido algo.

Después de toda esta parrafada, aquí está mi conclusión: debemos ser pragmáticos y dejarnos de sectarismos. No seamos erizos, porque no trae nada bueno. Obviamente, cada uno tiene su ideología y su forma de pensar, pero no podemos verlo todo a través de ella. Si hay que ceder, se cede. Y nunca supone nada malo escuchar opiniones diferentes a las de nosotros mismos. Como dijo el economista Ludwig von Mises: “lean con mente abierta. Aprendan a pensar. Sólo cuando conozcan su campo desde todos los ángulos podrán decidir qué es correcto y qué es falso. Sólo entonces estarán preparados para responder a todas las preguntas, inclusive las que les hagan sus opositores.”

Alain Acevedo | @alain_acevedo

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