Los asesores

Solo hay un tipo de persona a la que le gusta ver los debates cara a cara de políticos: a sus asesores. Un político es como un caballo de Troya, por fuera parece macizo e íntegro, por dentro está hueco y lleno de oportunistas buscando su momento. Lo crean o no, estos asesores son gente preparadísima y formada; y si de algo se caracterizan por saber, es de preparar mensajes para vender. Los publicistas de la política. La política no deja de ser un producto intangible en la teoría, aunque tangible en el bolsillo del contribuyente. Cuando usted puso el discurso de Valenciano y de Cañete en la televisión, usted no vio a dos personas decirse cara a cara la verdad, sino una sarta de mensajes con una intencionalidad clara: animar las tripas de sus respectivos votantes en dos sentidos.

Uno de los sentidos es evidentemente el de reafirmación. Se pretende reafirmar la ideología que se comparte. Estos mensajes no son racionales, es más, casi nada en política es racional, porque si así fuera tendríamos un sistema político muy diferente del que ahora contamos. Siendo la política algo irracional, descartemos las propuestas racionales que puede proponer un candidato: eso solo moviliza a una mínima parte del electorado. Lo que mueve al electorado es lo mismo que motiva a un consumidor a escoger CocaCola y no Pepsi, Apple o Google, Nintendo o Sony. No en vano, la mayoría de propuestas políticas en el mundo son una dualidad. Realmente, el votante no es tan retorcido como pueda hacer parecer alguien como Pablo Iglesias, la inmensa mayoría de personas de este país manifiestan un interés escaso si no nulo por la política, y esto los partidos lo saben. El otro sentido no es más que el de univocidad, nuestro partido es el único que puede solucionar cosas. Aderezado con un lenguaje falaz y demagógico, tendremos el resultado casi deseado.

Dicho desinterés no viene motivado por la ausencia de alternativas única y exclusivamente, sino porque algo tan obvio que parece difícil de explicar: la prioridad de una persona no es su participación en el país, sino lo que el país puede hacer por él. La inmensa mayoría de personas en un país como España se consideran progresistas, liberales, a favor de los derechos humanos, demócratas y sociales. La grandilocuencia de estas palabras es algo que vende. Un partido jamás ganará unas elecciones arguyendo que es conservador a ultranza, hasta el PP huye de esa etiqueta haciéndose llamar “Centro Reformista”.

Foto: www.cope.es
Foto: http://www.cope.es

El centro de la nada, como decía Federico Jiménez Losantos, es a lo que la mayoría de ciudadanos de este país votaban hasta 2011. Tanto PP como PSOE extienden sus redes en el mismo caladero porque saben que hay mucho más que repartir en el centro que en los extremos. De vez en cuando, se agita al votante ideológico, azuzándolo con medidas demagógicas como el aborto o los famosos 400€, pero no es lo común.

El votante medio no es Twitter, y no me cansaré de repetirlo. El votante medio no posee más interés por la política que el que puede tener por la pesca con mosca, pero cree que de su voto depende su bienestar. Ahí entra en juego la labor de los publicistas de la política al elaborar mensajes unívocos que eviten que el votante vote al otro y que lo convenza/reafirme en lo que piensa.

Durante el debate Valenciano-Cañete hubo una sucesión infinita de mensajes medidos al milímetro para causar una reacción en el votante determinada. Si Valenciano hace mención a Irak no es porque le parezca un buen argumento contra Cañete; simplemente sus asesores le han dicho que un amplio porcentaje de la opinión pública española sigue considerando Irak como una vergüenza que no se puede olvidar. Como el machismo, por ejemplo. Los asesores preparan una clase de temas sociológicos bien preparados para elaborar un argumentario sin fallas. Desde luego, en conocimiento sociológico gana el PSOE de calle.

Si Cañete saca los argumentos de la recuperación económica, los parados y el déficit, es porque sus asesores le han casi obligado a hacer mención a ello, porque son la clase de mensajes que funcionan con los electores medios de su partido. Cañete tampoco se cree la recuperación, pero en la tercera ronda de gambitas se le olvida por completo.

Expertos en sociología discuten los pormenores del ‘qué decir’. Fíjese hasta qué punto somos manipulables, que ninguno de los dos candidatos de verdad se cree lo que dice. Valenciano dirige las campañas socialistas, pero no es socióloga, y MA Cañete, tampoco. Pero nada de lo que dicen y arguyen en sus intervenciones es gratuito. De ahí que el caso Gürtel no funcione para hacerle perder unas elecciones al PP. Desgraciadamente, al grueso de la población no le importa tanto la corrupción como lo que podríamos pensar –nuevamente, en Twitter-, ya que año tras año los dos grandes partidos políticos no son castigados por tener corruptos entre sus filas, sino por su gestión.

España es de centro, o al menos, solía serlo. Con un grueso de votantes tan amplio, es obvio que muchos traten de pescar en río revuelto. La crispación es una chispa que si está bien carburada la mezcla, puede traer resultados impredecibles. El machismo de Cañete, por ejemplo. Una trampa de 1° de Candidato. El propio Cañete cae en la trampa del machismo, pero dicho comentario de Valenciano no se dirige hacia los votantes del PP, sino a indecisos y a los suyos propios. “Cañete es un machista”. Automáticamente algunos habrán decidido votar tan solo para evitar que un cerdo machista pueda ganar las elecciones

Así somos manipulados, así somos empleados para el fin que se espera que cumplamos.

Guillermo Gómez de Salazar | @rickwwayne

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