Traidores

El 1 de julio de 1976, Carlos Arias Navarro, por aquel entonces presidente del Gobierno de España, se ve forzado a presentar su dimisión al Rey. Habiendo pasado más de medio año desde la muerte de Franco, el proceso de apertura democrática no prosperaba y el Rey, después de mucha presión por parte de los gobiernos democráticos europeos y de los propios miembros del régimen, decide obligar a dimitir a Carlos Arias para colocar a alguien con quien tiene mejor relación al frente del Gobierno: Adolfo Suárez.

El tal Suárez era desconocido para la mayoría de la población y para la prensa, aunque en el último año de vida de Franco había alcanzado una relativa popularidad, ya que había sido nombrado Ministro Secretario General del Movimiento por sugerencia de la mano derecha del Rey, Torcuato Fernández-Miranda. Juan Carlos y él veían a Suárez con simpatía y creían que sería un buen presidente, pero había un problema: el Consejo del Reino debía elaborar una lista con tres candidatos a la presidencia para que el Rey eligiera uno entre ellos y, por tanto, Suárez tenía que aparecer en esa lista para que el Rey le nombrara. Fernández-Miranda se encargó de que así fuera y, tras elaborar el Consejo del Reino la lista en la que aparecía Suárez, el Rey le nombró presidente del Gobierno.

Adolfo Suárez jura arrodillado su cargo de presidente del Gobierno ante el Rey en el Palacio de la Zarzuela el 5 de julio de 1976. A la derecha se ve a Torcuato Fernández Miranda. (Foto: El País)
Adolfo Suárez jura arrodillado su cargo de presidente del Gobierno ante el Rey en el Palacio de la Zarzuela el 5 de julio de 1976. A la derecha se ve a Torcuato Fernández Miranda. (Foto: El País)

Aquí empezó la traición por parte de Fernández-Miranda, Juan Carlos y Adolfo Suárez. El Consejo del Reino estaba formado por miembros del Régimen profundamente reaccionarios y totalmente en contra de la democracia. Esto era un problema para Torcuato Fernández-Miranda, ya que su idea era crear un sistema político con dos partidos (uno conservador y otro algo más liberal) al más puro estilo canovista para así acabar con el franquismo y empezar a convertir al país en algo parecido a una democracia. Además del ultraconservadurismo de los miembros del Consejo del Reino, el inmovilismo de Arias Navarro también era un problema, pero fue rápidamente solucionado con su destitución y con el nombramiento de Suárez. Los miembros del Consejo del Reino ni siquiera sospechaban lo que pasaría durante los meses siguientes.

El Rey, Fernández-Miranda y el Presidente Suárez fueron unos traidores. Rompieron su palabra constantemente y traicionaron a todos los que confiaban en ellos a partir del mismo momento en el que Suárez fue nombrado Presidente. Y hoy, casi 40 años más tarde, no podemos hacer otra cosa que darles las gracias.

Fueron unos traidores porque se enfrentaron contra el sector más duro del franquismo (entre el cual se encontraba el Consejo del Reino, que había posibilitado la elección de Suárez como Presidente) después de haber recibido su apoyo inicial, el sector que quería realizar reformas insustanciales para que pareciera que algo había cambiado pero que, en realidad, no quería que nada cambiara.

Fernández-Miranda elaboró el texto de lo que sería la Ley para la Reforma Política, reforma que permitió que se celebraran las primeras elecciones legislativas de la democracia en el año 1977. Utilizando los propios mecanismos legislativos franquistas, consiguió que las propias Cortes se hicieran el hara-kiri para así instaurar un régimen democrático en España. Esa es una noble razón por la que traicionar a alguien.

Adolfo Suarez y Santiago Carrillo, líder en 1977 del PCE, en 1990. (Foto: eldiariomontanes.es)
Adolfo Suarez y Santiago Carrillo, secretario general del PCE entre 1960 y 1982, en 1990. (Foto: eldiariomontanes.es)

Suárez, por su parte, rompió su palabra para garantizar la libertad política: el 9 de abril de 1977 legalizó el Partido Comunista de España, que después de 40 años pudo volver a presentarse a unas elecciones democráticas.

Esto supuso que los traidores fueran criticados por los sectores más conservadores que, unos años después, participarían en el derrocamiento de Suárez como presidente del Gobierno con ayuda de otros partidos más progresistas.

Escribo esto porque, a raíz de la muerte de Suárez el pasado mes de marzo, he leído muchas críticas a Suárez calificándole como un franquista que no se atrevió a hacer las reformas que tenía que hacer. Es muy fácil juzgar la historia cuando ya es simplemente eso: historia. No podemos analizar un proceso ocurrido hace 40 años desde la óptica de un ciudadano del siglo XXI. Claro que la Transición no fue perfecta, y claro que se pudieron haber hecho otras reformas, pero sin duda Suárez consiguió pasar a la historia como el presidente de la concordia y del diálogo aunque los ciudadanos por aquel entonces no lo supieron ver. Consiguió reunir a gente de todas las ideologías y acabó con una dictadura de casi 40 años, creando un sistema muy alejado de la perfección, pero me atrevería a decir que mejor que el que nos merecemos.

Pero hay más: no son unos simples traidores. Son nuestros traidores. Los traidores que necesitábamos para levantar este país sobre los pilares de la democracia y del diálogo. Los traidores que, probablemente, necesitaríamos también ahora. Así que solo puedo mostrar mi eterno agradecimiento por todo lo que han hecho por nosotros y desearles que en paz descansen, estén donde estén.

Alain Acevedo | @alain_acevedo

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