Amar en tiempos de Champions

Año 2010. Quedaban pocos días para el viaje a Riviera Maya. Allí donde había ideado dar un paso más hacia aquella chica que el primer día de Econometría II en el último año de universidad me había hechizado. Una mirada y una despedida entre coqueta y cordial fue el inicio de algo que tiempo más tarde y con perspectiva, sé que no he vuelto a vivir. Porque nunca hay dos relatos idénticos. Nunca dos vivencias se repiten de la misma manera.

Zlatan no terminó de cuajar en Barcelona. (Foto: goal.com)
Zlatan no terminó de cuajar en Barcelona. (Foto: goal.com)

Quedaban pocos días para ir a México a celebrar que algunos de los mejores años de nuestras vidas tocaban a su fin. O no. Y jugaban Arsenal y Barça en el Emirates. En aquellos tiempos los smartphones apenas empezaban a asomar tímidamente así que muchos tirábamos de aquellos dinosaurios llamados SMS. Era Semana Santa y había quedado con mis amigos en casa de los tíos de uno de ellos. Nunca el precepto de “cuidar a los perros” supuso tanta gloria y libertad. Ella estaba lejos. Ciertamente lejos. Pero estuvimos conectados vía SMS todo el partido. Sin saberlo descubrimos que los dos éramos muy escépticos con Ibrahimović y que en cambio amábamos a Cesc. Yo precisamente con mi amigo había ido a la presentación del sueco en plena canícula, ilusionado con su figura y fútbol. Pero a medida que pasaban los meses mis dudas sobre su aclimatación y feeling crecían. Sin embargo, Ibra nos cerró la boca esa noche con dos goles aunque el Barça terminó empatando. Cesc marcó de penalti. Ambos concluimos que si el de Arenys fichaba algún día por por nuestro equipo y nosotros compraríamos su camiseta con el 4. Cosas de la vida, en verano de 2011 llegaría de Londres para vestir la blaugrana. Me habían regalado la camiseta, pero ella ya no estaba cerca, tan solo quedaban los buenos recuerdos.

Aquella noche en el Emirates fue seguramente la última gran noche de Ibra en el Barça. Una noche en la que salimos al Boulevard en plenas Ramblas, disimulando que llevaba la camiseta de Iniesta durante el mágico triplete. Sea como fuere, aquella camiseta seguía siendo talismán y conocimos a unas danesas. Nunca Dinamarca estuvo tan unida a Suecia como aquella noche. Aunque a mí ella ya me gustaba más que mucho. La chica que adoraba a Cesc y rajaba como yo de Ibra en el Barça. Volviendo al futbolista, justamente sus partidos como aquel en Champions League se contaban y cuentan fácilmente con una mano. Porque el actual jugador del PSG casi nunca ha estado a la altura de las expectativas ni su talento en los partidos más trascendentales de una competición a la vez tan bella y cruel como la Copa de Europa.

Ibrahimović terminaría marchándose al Milan meses después de que su ex equipo –Inter– levantara la Orejona. En su primera temporada en los rossoneri, el Barça volvería a conquistar el cetro continental. Podría parecer hasta una broma de mal gusto, pero era cierto. ¿La Champions no quería a Ibra? ¿O Ibra no quiere suficientemente la Champions? Es difícil encontrar ejemplos de futbolistas que han tiranizado gran parte de las ligas que han disputado pero a los que les ha costado tanto besar las mieles del éxito en Europa. El sueco es el paradigma más reciente por excelencia. Aunque nunca ha estado tan cerca como bajo la dirección de Pep en el Barça, a pesar de que tras aquella eliminatoria contra el Arsenal su peso fue reduciéndose notablemente, problemas de lesión incluidos. Al final, en el tramo decisivo de la temporada, Bojan demostró ser un jugador más válido y efectivo. Como aquella noche de mayo en el Pizjuán, cuando estando yo cerca de L’Arc de Triomf con la chica que adoraba a Cesc, a punto de despedirnos, sentimos gooool. Por inesperado, aunque yo deducía que el Barça ya había comenzado su partido contra el Sevilla y que había marcado –fue Messi el autor-, estuvimos a punto de darnos un beso. Aún no conocía sus labios. Solo los imaginaba junto a los míos. Ya no recuerdo si llegué a ver el gol de Bojan con mis amigos o me incorporé con el 0-2. Después de episodios como aquel, Ibra, tras un prometedor inicio y comprometido con el colectivo, terminó estando más fuera que dentro del Barça, ajeno a lo que se estaba viviendo  cociendo con Guardiola. Mientras que ella y yo parecía que íbamos, poco a poco, a más.

Cuatro años más tarde de aquello pensaba que podía ser finalmente su año en Europa. Nuevamente volvió a pasearse en la fase de grupos con el PSG, donde se ha convertido en el auténtico Luis XIV de los parisinos. Su icono y emblema. Pero tras golear al Bayer Leverkusen en octavos en un partido en el que tampoco parecía muy inspirado, su fútbol en Champions se apagó. Llamativo pero no sorprendente sería su pésimo partido en la ida de Cuartos de Final ante el Chelsea, donde se lesionó y tuvo que ser sustituido. Una lesión que le impidió estar en Stamford Bridge. Era muy difícil no fijarse y no repasar su historia no idílica con la Champions. Muy difícil encontrar un jugador aparentemente tan maldito en el contexto de lo que exige la competición más difícil del viejo continente.

Zlatan Ibrahimović no estará en el Mundial de Brasil 2014. (Foto: flickr.com)
Zlatan Ibrahimović no estará en el Mundial de Brasil 2014. (Foto: flickr.com)

Por eso, cuando en Londres –de nuevo en Londres-, vi su rostro desencajado y mostrando incredulidad tras la remontada del Chelsea y la icónica celebración de Mourinho en el córner dando instrucciones a los suyos, detrás del rostro de un frío Laurent Blanc, sentado en la grada, tan aparentemente débil, apartado del verde, sentí algo de pena. Me pareció una de las imágenes de la presente Champions. Y que pensaba que definía muy bien lo que era Ibra en Europa. Como un sí… Pero no. Por eso me encantaría que algún día esta competición que dicen que muchas veces te devuelve lo que te quita, le acabe brindando una nueva oportunidad de tocar la gloria. Por eso me acordé de ella al verlo. Cuatro años después todo parecía haber cambiado tanto que ni siquiera puedo garantizar que se acuerde de aquella noche en la que criticábamos a Ibra por SMS y él nos dedicó dos goles. Sonreí. Porque parte de lo mejor de la vida era todo aquello que recordaba. Los buenos momentos y la nostalgia mezclada por todo lo que vino después. Momentos que unen en la distancia, una distancia que a veces no es nada cuando dos personas se desean y se buscan. Distancia como la que parece separar a Ibra de la Champions. ¿Acaso el sueco no la quiere lo suficiente? ¿O es al revés, que ella no le quiere a él?

En esta vida, entre otras muchas cosas, hay que querer y desear. Puede que a Ibra no le queden muchas más oportunidades, y ni tan siquiera sé si el fútbol será justo o no con él, que a pesar de todo el mito y sombras que le envuelven, ha ofrecido tardes y noches de magia y mucha alegría allí por donde ha pasado.  Pero debería volver a intentarlo. Una Champions en su historial sería un broche dorado a una magnífica carrera en la que tampoco ha podido brillar con una debilitada Suecia en las grandes competiciones internacionales. Sería una caprichosa excusa para recordar parte de mi pasado. De un romance que para mí en algún momento lo fue todo pero que no duró lo que me hubiera gustado. Como la mayoría de Champions de Zlatan Ibrahimović.

Jordi Iglesias | @Chopi_8

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