A las once a la cama

La figura del filántropo contemporáneo me enerva. El filántropo de hoy no es el mismo de hace cien años: de Henri Dunant a Pablo Iglesias va lo mismo que de Anne Morgan a Elena Valenciano. Pero los nuestros son también filántropos, sólo que más cursis (la cursilería es un síndrome peligroso, aunque no es irreversible: resulta que Coelho es madridista). Elena Valenciano da -¡y pide!- abrazos con la misma naturalidad con la que se hace selfies y Pablo Iglesias, sans-culotte, nunca está en casa los sábados por la noche. Ambos encarnan esa figura que me maravilla: la del antisistema dentro del sistema, en ocasiones partícipes de él, en otras refractarios y resistentes à la línea Maginot. Son gatos de Schrödinger: la mecánica cuántica llevada a la política. Como Pablo –de Tarso, digo- se han caído del mismo caballo en el que, troyanos ellos, quieren introducirse mientras dure la campaña de las europeas. Se está haciendo larga, por cierto, y eso que las calles no están todavía engalanadas con carteles –respecto a este aspecto mi curiosidad se centra en saber si el juez Elpidio ha plagiado el suyo-. Mientras tanto Arias Cañete se dedica a pasear la anchoa por Europa, como anunció el otro día. Si se trata de una metáfora me parece deliciosa. Y como práctica resulta recomendable.

Que sepamos Ana Mato no es filántropa, pero desde que quiere preservar nuestro sueño lo parece. Resulta que los españoles dormimos poco y por culpa de ello – y sólo por culpa de ello- lucimos ese veinticinco por ciento de desempleo –o, como diría un cuñado cualquiera, “así nos va”-. Al final todo se reduce con este gobierno dizque liberal a un asunto de cama. No son nuestras penurias por la tela de araña de intereses creados que constituye el mercado laboral patrio ni por ese papeleo asfixiante que deja a Las doce pruebas de Astérix en una agradable visita burocrática. Debo decir que fue ese guión de Goscinny el que me abrió los ojos con sólo ocho años y me hizo consciente de que, parafraseando a Jaime Gil de Biedma y a Jorge Javier, la vida iba en serio. El quinto círculo del infierno es una delegación gubernamental de arquitectura soviética en la laguna Estigia.

Ana Mato (Foto elperiodico.com)
Ana Mato (Foto elperiodico.com)

Para solucionar nuestro affaire con Morfeo nuestra ministra propone, retomando las tesis de Ortega, volver a Europa. Porque exactamente cien años después de que el filósofo madrileño pronunciara su famosa frase, Europa vuelve a ser la solución. Y España el problema. Este retorno al viejo continente pasará por adaptar nuestros horarios a los de los vecinos, de forma que eso de irse a dormir a la madrugada se va a acabar. Para ello Ana Mato, bienintencionada, busca que las televisiones privadas se presten a adelantar la franja de prime time. Al final el pregonado reformismo -¡el mantra del gobierno!- se va a limitar a la fase REM: delicioso, literariamente delicioso epítome, un reformismo durmiente.

Cuando se produce una colisión entre las buenas intenciones de otros para con uno y la voluntad individual suelo posicionarme del lado de la segunda. Es cierto que una reestructuración de los horarios traería consecuencias positivas: los telediarios tendrían la duración lógica -¡europea!-, veinte minutos, treinta a lo sumo. En los de Telecinco dejarían de hablar de la tomatina y de ese resistero sevillano asfixiante del 3 de Julio. En Antena 3 renunciarían a su corresponsalía permanente en IFEMA. En Cuatro recortarían tiempo a los Manolos para lamento del cuñadismo nacional –volvemos a él, quizá por ser la raíz del problema español: ellos fueron los que gritaron “vivan las caenas”-. Comprendo que con tales argumentos uno se vea impelido a gritar viva Ana Mato, pero insisto: este es un tema que sólo puede estar en manos privadas. No obstante, ante la previsible negativa de los operadores televisivos, se podría implantar una carta de ajuste por decreto. Una vuelta a lo vintage. Es lo que le faltaría a Pedrerol después de que le hayan echado de dos cadenas en cinco meses.

En este mes en el que todos nos piden volver a Europa, por lo televisivo o por lo electoral, anuncio solemnemente que así lo haré el diez de mayo a las nueve de la noche: Eurovisión -cuyo ideador, Marcel Berençon, tendría que tener el mismo reconocimiento que Robert Schuman y Alcide de Gasperi– cumple estrictamente con los horarios que Mato quiere implantar. Eurovisión favorece la recuperación española.

Un muy reciente artículo de Gistau me ha recordado esa de Churchill. Creíamos que la democracia era ese sistema en el que a las seis de la mañana sólo se presenta en casa el lechero. Parece que en el caso español es también aquel en el que si aporrean la puerta a las once de la noche es Ana Mato, que viene a darte el besito de buenas noches.

 

Carlos Hortelano | @CarlosHortelano

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