El calcetín por debajo de la mesa

Putin es un machote. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones. Nunca olvidaremos aquella imagen con su torso al descubierto mientras pescaba salmones en la Siberia profunda. Bueno, quizá no pescaba salmones, pero quedaba bonito decirlo. A Putin no le gustan ni los maricones, ni las mujeres, ni los debiluchos. Tampoco le gusta la libertad, ni de expresión ni de cátedra, de ahí que bajo su gobierno, numerosos periodistas críticos hayan fallecido trágicamente en extrañas circunstancias, como por ejemplo, envenenados bajo Polonio 210, un veneno que para el común de los mortales podríamos decir que no es tan fácil de encontrar como la socorrida azalea o la cicuta. Qué sé yo. ¿Qué necesidad tenía Putin de armar tal fregao en Ucrania? Antes, para el común de los mortales en este país, lo único que le importaba de Ucrania era lo sucedido bajo gobierno soviético en Chernobyl, pero hoy el asunto está tomando un cariz un tanto peligroso. No ya por el hecho de que ahora mismo, el gobierno de Ucrania no sea capaz de defender dos territorios de un ejército fantasmal. Tampoco por el hecho de que Rusia, sin pegar un solo tiro, se haya anexionado un territorio que nunca dejó de pertenecerle, y que la única respuesta occidental haya sido echarle la bronca al alumno díscolo de la clase, al que se sienta detrás, como en esa canción de Placebo llamada One of a kind.

Foto: alertadigital.com
Foto: alertadigital.com

Putin sabe que Europa depende de su gas –no es casualidad que Gazprom patrocine la Champions League, y hasta aquí, mi única referencia futbolística en este artículo – y además, sabe que sus ciudadanos son avida dollars. No hay más que ver quién y cómo se están haciendo con qué en según qué parte de la geografía nacional. Incluso el propio Vladi se está montando –parece ser, aunque todo apunta a que es un rumor – un casoplón impresionante muy cerca de donde tengo el gusto de pasar los veranos, pero en la zona más chachi. Rusia no ha dejado de ser la potencia que fue antes de 1991, lo que pasa es que ahora tiene en el poder un déspota desideologizado, al que no le importa decir algo y su contrario simultáneamente. Rusia no es un país con una prolongada tradición democrática, pero también hay que reconocer que un lugar tan vasto y diverso no debe ser sencillo de gobernar. Desde Moscú hasta Vladivostok hay muchos kilómetros, todos recordamos el Transiberiano. Los rusos cuentan con el segundo arsenal nuclear más grande del mundo, sin contar con el de EEUU, con un tremendo ejército y con nostalgia por tiempos gloriosos, a la vez que están encantados de dejarse los rublos por Europa, sobre todo en la City. Son los rusos quienes compran caras propiedades en los barrios más pijos de Londres, son los rusos quienes financian equipos de fútbol, empresas, firmas de capital riesgo. La creciente burguesía rusa es bastante paleta, neorrica y lo que es peor, carente de cualquier gusto, entendiendo como bueno “lo que consuma el que está al lado”. Si tiene usted una botella de Dom Perignon al lado, de por hecho de que el ruski la consumirá, aunque por dentro haya un Freixenet barato, sin desmerecer por supuesto al cava catalán.

El problema que se plantea es este: muchos rusos con mucha pasta comprando propiedades por Europa. Putin invadiendo sin invadir. Ucrania, que quiere ser europea, pero media parte de su población es rusa. Pero ahora mismo está tan indefensa como un conejito en las fauces de un zorro, patalea pidiendo ayuda al elefante norteamericano y a la gallina europea, pero no está el horno para bollos. ¿Otra guerra? ¿Mandar chicos guapos de Wisconsin a morir en Kiev? No, a EEUU no le interesa. El problema está más bien en tejado europeo, puesto que salvo Francia, España e Italia, por cercanía más que por otra cosa, se proveen de gas argelino. Quizá ahora mismo que nos corten el gas no sería un inmenso problema, pero en cuanto Ned Stark empiece con sus cantos de sirena: “Se acerca el invierno”, empezará el problema.

Putin controla Rusia como un calcetín por debajo de la mesa, que se manifiesta con un tomate en el dedo gordo en Ucrania. Vemos a Putin, agachado, que parece que no está haciendo nada, pero mueve los hilos ucranios. El pretexto, como el de Adolf Hitler con los Sudetes, será: “Mire usted, es que hay gente rusa étnica en este lugar, y yo debo garantizar su seguridad”. Europa, a pagar el rescate de la economía ucraniana, Rusia, a repartirse lo que queda de pastel. Como un Chamberlain bajando del avión diciendo que había logrado la paz, Europa premiará a la Ucrania que nos gusta pagándole las deudas del gas. Putin es la sublimación del líder de masas moderno: sin una ideología clara, un modelo mixto de capitalismo desaforado con planificación pseudosoviética según en qué, una inflación galopante, y una clase pudiente que vive razonablemente bien, y que puede enviar a sus hijos a universidades europeas. ¿Qué sucederá en Ucrania? Los ucranios están indefensos y Europa no enviará a nadie para morir allí. Putin conseguirá todo lo que se proponga, rescataremos el país, haya paz y después gloria. Putin hará imprimir su rostro en una moneda, y sin haber disparado un solo tiro, obtendrá Donetsk y Crimea, tan solo con la inacción de algunos hombres, que prefieren evitar la confrontación con un enemigo frágil, pero poderoso.

 Guillermo Gómez de Salazar | @rickwwayne

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s