El arte crítico de nuestro tiempo

Antes de comenzar a leer este artículo quiero dejar clara mi posición: si, de verdad me gusta el arte de Banksy, mucho. No tengo nada en su contra (excepto todos aquellos “admiradores” que le llaman ‘Bansky’). Ahora ya pueden empezar a leer.

Hace unos días me levante con la noticia de que había aparecido una nueva obra del artista callejero Banksy. “Banksy lo ha vuelto a hacer”. Para el que aún no este familiarizado con esta celebridad artística del siglo XXI, Banksy es un fantasma de nuestro tiempo, un artista al que se le podría atribuir la locución latina Vini vidi vinci. Él llega a un sitio, pinta y se va, su identidad no es pública, como la de la mayoría de los grafiteros de este mundo, por lo que solo nos queda reconocerle a través de sus obras, que el mismo se atribuye tras su aparición desde su página web o algún medio de comunicación se apresura en concederle su propiedad.

Mural de la Fairview Street en Cheltenham, donde está el centro de escuchas británico GCHQ, lo nuevo del artista. Foto: Getty Images
Mural de la Fairview Street en Cheltenham, donde está el centro de escuchas británico GCHQ, lo nuevo del artista. Foto: Getty Images

Hace unos meses estuve en Bristol, ciudad de origen de este grafitero, visitando varias de sus obras, que cualquiera puede ver mientras da un paseo por la ciudad (también podéis encontrar algunas de sus más famosas obras en Londres, que seguro que os pilla más a mano).Los grafitis de Banksy no dejan indiferente a nadie, y mis amigos anticapitalistas le tienen como a un dios terrenal. Para mí, si la identidad del Reino Unido durante el siglo XX fue la música, y más concretamente el britpop y el rock ‘n’ roll, en el siglo XXI podremos identificarlo con el arte, porque si, el grafiti también es arte. Arte que tuvo su foco en la ciudad de Nueva York durante mucho tiempo, pero que con artistas como Banksy, o Blek le Rat, francés, han sabido darle una posición importantísima en el viejo continente y tienen en el Reino Unido su nuevo lienzo. Mientras diferenciaba unos grafitis de otros por las paredes de Bristol, una de mis amigas, de las que forraría sus carpetas con sus mensajes anticapitalistas, me comento que se le podía contratar a través de su página web. ‘¿Perdón? ¿Contratar?’ Mi amiga se echó a reír ante mi cara de sorpresa.

Aquí nos encontramos con la cara oculta del gran crítico del capitalismo y la moralidad. Una persona que critica en su opening de The Simpsons que gran parte del programa sea hecho en una compañía de Corea del Sur, pero que vendió en 2008 su obra Keep it Spotless  por 1,111,900 libras esterlinas, y dudo mucho que él mismo fabrique su merchandising en su casa. Con esto no quiero decir que defienda la explotación que se sufre en algunos países, solamente critico el “guardiolismo” como forma de vida que tiene Banksy. Vamos, parecido a lo que él realiza a través del esténcil.

Realmente, ¿qué ha vuelto a hacer? ¿Reírse en la cara de aquellos que creen que su obra es una forma de lucha contra la situación humana en el siglo XXI? Y porque sus obras en murales callejeros no pueden venderse, sino este completo desconocido sería uno de los artistas más cotizados de la actualidad. Así que, sí, Banksy ha sabido situar el grafiti en un lugar importante en el arte de la actualidad, pero mi admiración irá dirigida a los cuatro chavales que me encontré pintando un mural en un callejón de Bristol que al final del día volverán a casa seguramente acompañados de los gritos de su madre al ver las manchas de pintura en su ropa.

Miriam Villazón | @miriamvillazon

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