La ociosidad del arponero

 Pero por muy prolongado y agotador que sea el acoso, se espera del arponero que entretanto bata su remo al límite, de hecho, se espera de él que marque un ejemplo de actividad sobrehumana para los demás, no sólo remando de manera increíble, sino también profiriendo intrépidas exclamaciones a voz en grito; (…) En este estado de esfuerzo y desgañitamiento, entonces, de espaldas al pez, el exhausto arponero escucha de pronto la apremiante voz… “¡En pie y arrójaselo!” Ahora tiene que soltar y asegurar su remo, girar media vuelta sobre sí mismo, coger el arpón de la horcadura y, con la poca fuerza que pueda quedarle, de algún modo lo intenta lanzar a la ballena.

Leía anoche una pieza sublime. Una pieza galaica, repleta de divagaciones, con tantas distracciones en su discurso que me sorprendió que no la firmase yo. Esto último lo achaco, en gran medida, a que no lo escribí yo, si bien no me parece motivo bastante. Digo que leía anoche porque de mi hámster, mi queridísimo Dimitri -21.IV.2010-25.VIII.2011-, aprendí que las cosas importantes se celebran por la noche.

Estado del arte previo a la asistencia del bereber merengue, hace unos días en Valencia.
Estado del arte previo a la asistencia del bereber merengue, hace unos días en Valencia.

No voy a dedicar a la memoria de Dimitri este artículo. Él merece que, algún día, dedique a su memoria un monumento, una novela o una bodega. Las páginas de la Highway son, no obstante, lugar profundo. Y por ello acompaño, por segunda vez, dos pinceladas de Moby Dick. Esta vez no lo hago para reprochar nada a nadie, que la vuelta al cole me ha dejado con peor cuerpo que los sucesivos fracasos semifinalistas de José Mourinho, nuestro villano amado. Esta vez toca menosprecio de aldea y alabanza de corte. Me perdone el Obispo de Mondoñedo jugar con su obra.

Con todas las actuales tendencias y tonterías, valga la redundancia, de trabajo en equipo, organización sin jerarquías e igualdad de los dispares, serán mayoría a quienes les resulte razonable lo descrito en el encabezamiento. Cuántas veces se alaba el mérito de tal o cual zote por haber conseguido, apenas cumplida la treintena, atarse los zapatos. Pobre, no puede exigírsele más. Cuántas se minimizan los éxitos del talento, o directamente se pone en duda la legitimidad de sus victorias. Normal que haya llegado a Ministro, no le suponía ningún esfuerzo estudiar con denuedo. Reconozco que el sintagma final no aporta mucho, pero mis grandes sueños de siempre han sido tener un velero atracado en O Grove y colaros denuedoen una de mis entregas.

Para poner el lazo a la idea que nos ha traído a todos hasta aquí, al arponero exhausto. Parecía a Ismael, el tan sonado narrador melvilleano, que la eficiencia del arponero debiera erguirse desde la ociosidad, y no desde el trabajo. Es el final del sexagésimo segundo capítulo del libro, y uno de los más sentidos alegatos en favor de Karim Benzema que se han escrito. No se puede ahogar a los genios a los remos, porque cuando aparezca la ballena blanca, al alba con viento de Levante, encontraremos a nuestro arponero sin aliento en el cuerpo.

Luís Teira | @luisteira

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