La era de la información

La era de la información no necesita periodistas, o no tantos como podríamos imaginar. Los periodistas estorban. Por eso se han despedido más de diez mil periodistas en España desde que empezó la crisis allá por 2008. El periodismo moderno, por llamarlo de alguna forma sin ensuciar el Nuevo Periodismo, se desvive por informar de la fuga de algún animal de algún zoo de vete a saber donde, del nacimiento de una cabra con dos cabezas, del calor en verano, el frio en invierno y la lluvia en cualquier momento. Para eso no hacen falta periodistas, y las empresas ven el percal y deciden ahorrarse un salario, o los que sean necesarios.

Los optimistas encontramos el lado bueno en que gracias a esos periodistas liberados hemos visto nacer publicaciones como Infolibreeldiario.esRevista MongoliaRevista FiatLux o La Marea. Medios dirigidos y elaborados por periodistas, sin empresas propietarias que antepongan los libros contables a la honradez periodística.

La era de la información
La era de la información

No forman parte de holdings empresariales con intereses en tantos sectores como para que una información entre en conflicto con los objetivos financieros del grupo.Cuando los medios periodísticos caen en manos de hombres de negocio, el periodismo se escapa entre los dedos y se manifiesta en dosis muy pequeñas, por lo general, cuando no chocan con los propios intereses, que son la ideología de las empresas. Cuando Francis Bouygues compró en 1986 la primera cadena de televisión francesa, sus asesores le alertaron del alto y le aconsejaron no comprar pero él exclamó “Qué barato. Me lo quedo. No sólo estoy comprando una tele, es todo un poder de influencia”, recuerda Ignacio Ramonet en su libro La explosión del periodismo.

  “Antes los medios de comunicación y las compañías de las industrias culturales vendían información o entretenimiento a los ciudadanos. Ahora, prefieren vender ciudadanos a los anunciantes”

                                                                                                                                                                                   

Quizá el caso paradigmático –no el único- en España de problemas para conciliar intereses financieros y el ejercicio periodístico sea Prisa y sus inversiones en Latinoamérica (los intereses de Pedro J y la línea editorial de El Mundo también sería otro); el diario que en España se presentó durante la Transición como el diario de centro izquierda apoyó un golpe de Estado en Venezuela dirigido por la oligarquía, de la que poco a poco llegó a ser parte. Y en España, la derechización de su línea editorial cada día es más profunda, debido a sus deudas astronómicas que van dibujando un reparto accionarial más cercano a poderes económicos de la banca nacional e internacional, alejándola así de la familia Polanco. Esto repercute en el ejercicio periodístico, cada vez quedarán menos espacios por los que hacer periodismo: cómo va un periódico a controlar a los poderosos si los propios dueños de los grandes medios pertenecen a esa clase de poderosos. Y cuando un medio se ve en esa situación de ayudar a revalorizar la empresa entra en juego la desinformación, la infoxicación. Es más efectivo desorientar sobre un asunto que no informar sobre ello, y para que parezca que se informa de todo hay inundar al público de noticias basura de escasa utilidad acompañadas de una cantidad mayor o menor de buen hacer periodístico, que siempre se puede encontrar en cualquier cabecera.

Si gestionas un periódico con el criterio estricto de rentabilidad, lo más normal es que te lo cargues. Y se está viendo. La mayoría de periódicos se están haciendo peor cada día. Porque no hay recursos humanos. Porque hace falta mantener la rentabilidad de cara al accionista.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                      Enric González                                                                                                                                              

No es que quiera ser catastrofista; siempre, en cualquier medio, se podrán encontrar buenos periodistas. Al menos hasta que los despidan. Hasta entonces habrá que buscar entre la maleza para tropezar con un buen ejemplar. Es lo que tiene la Era de la Información, como dijo El Roto, ¡que claridad de confusión!

Charly Sogorb | @CharlySogorb

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