El león de Plaza España

Señores académicos:
Convocado por vuestra generosidad, que es mayor, sin duda alguna, que mi derecho y aun que mi osadía, heme aquí, ante vosotros, a la espalda mi flaco mérito, mi ruin bagaje. Los guardiaciviles del camino se quedarán atónitos cuando, en mis andaduras por venir, a su pregunta de si llevo o si traigo papeles responda alargándoles una tarjeta en la que, con letra de bulto, se diga: Camilo José Cela, de la Real Academia Española.

Empiezo hoy, por aquello de no encasillarme, con una firme intención: no tocar temas patrios. Y cuando digo patrio me refiero a lo gallego, que uno es de donde dice su acento, no su domicilio fiscal. Así que cojo una historia con Bill Clinton, Shimon Peres, desarrollada entre Suiza y Nueva York, protagonizada por ese gigante increíblemente desconocido en España que fue Marc Rich… Y aparece de modo estelar Cela. Así que prosigo sabiendo que he fracasado.

La historia de Rich es tan compleja como ponerle un apelativo. Podría llamarlo “el trader”, pero fue el inventor de la cosa, así que más bien le encajaría “el padre del trading”. Como no es lugar para hablar de temas tan metalúrgicos, podría tal vez llamarlo “el judío”, y aprovechar para hacer unas bromas con el manido “érase una vez un trader a una nariz pegado”. Y es que el amigo Marc David gastaba nariz superlativa, alquitara medio viva, peje espada mal barbado, que diría Quevedo de su querido Luis (no un servidor, sino el gongorino original).

1956. La portada que puso en jaque a los ingleses.
1956. La portada que puso en jaque a los ingleses.

Como no deseo forzar un conflicto entre esta santa publicación y el Estado de Israel, al modo del enconado suceso entre La Codorniz y el Reino Unido hace más de medio siglo, he optado por ponerme scorsesianodicapresco, estupendo, y rebautizar al ya fallecido como “El león de Plaza España”. Para los menos avezados, siguen un par de párrafos de loa al protagonista del escrito. Para los demás, que no entenderán siquiera dichas líneas, decir que desde esta humilde columna sólo se pretende reivindicar una figura que urge honrar, cuando se liberen los recursos movilizados para la película biográfica de Lionel Messi. Conseguiríamos, tras tanto humor de medio pelo y recreación de la grisura posbélica, no ya nuestro Gordon Gekko, o nuestro Jordan Belfort, sino un 007 a la española. Mercadeando con las materias primas del Sha persa, de Fidel o de la Sudáfrica del Apartheid, vendiendo el petróleo iraní a Israel, esquiando en Saint Moritz y escapando de los intentos del Departamento de Estado norteamericano de apresarlo por todo el globo. Marc Rich, el león de Plaza España.

Tras una infancia y juventud tempestuosas, como buen judío en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, que no vienen al caso, el genio en cuestión tuvo una vida digna, cuanto menos, de un pequeño esfuerzo lector. Siempre en el filo de la ética y la legalidad, llegó, creó y dominó. Desde la oficina de Philipp Brothers en la Torre de Madrid forjó, sin demasiados miramientos éticos, una de las mayores fortunas de su época gracias a enfocarse únicamente en prestar sus servicios allí donde podía beneficiarse ayudando a dos partes. Por poner un ejemplo, creó el mercado internacional de crudo, revolucionando así la economía tal y como la conocemos y ganándose el título del libro más conocido sobre sus hazañas. “El rey del petróleo”, un apelativo con más clase que un instituto.

Grandes son sus sombras, casi tanto como mi desinterés por contarlas. Cierro con un momento que demuestra su inteligencia sin par (pese a la cual se definía como ateo, demostrando que nadie es perfecto, lo cual trae a la mente que algún año, ¡ay!, Cristiano dejará de marcar, e Irina será vieja). En pleno verano del año 66 del siglo pasado, porque en el año 66 de verdad aún no había Plaza España, Rich se llevó a su entonces novia de viaje por el norte del país. Y, en pasando por Galicia, consciente de la importancia del lugar, aprovechó una cena en el Parador compostelano para pedir matrimonio a la moza, la entonces Denise Eisenberg -que, como su apellido indica, no era de Betanzos, como el repollo, sino una joven semita-. Pudiendo hacerlo en cualquier otro lugar, lo hizo en mi Santiago natal. Santiago de Compostela: donde gobernó Fraga, se forjó Rouco y se prometió Rich. Una ciudad de leyenda.

Con el posterior matrimonio, la mencionada pasaría a apellidarse Rich, como la muy activa Fundación del polémico multimillonario que, desde su constitución hasta 2002, presidió don Camilo José Cela, de la Real Academia Española. La probabilidad de que Cela aparezca en una historia importante que se desarrolla en el siglo XX en España es idéntica a la de que se mencione a Hitler en una discusión. Lo mismo se pegaba un garbeo en limusina por la Alcarria, que recopilaba miles de palabras malsonantes en su Diccionario Secreto o presidía la obra benéfica del “mayor estafador de la historia de los Estados Unidos”, al decir del ex-alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani. De la reductio ad Hitlerum a la reductio ad Camilum. Menudo genio, mi compatriota.

Luís Teira | @luisteira

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